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miércoles, 22 de agosto de 2018

Carlos Travieso y sus visiones sobre la Antártida Uruguaya


En una nota publicada en 1946, el Capitán Carlos Travieso decía: "Nuestro país debe reclamar un sector Antártico en cumplimiento de sus compromisos de cooperación a la defensa y seguridad del Hemisferio Occidental, protegiendo las importantísimas reservas para el futuro, de materias pesqueras y mineralógicas..." 
Capitán de Navío Carlos Travieso Fernández


La visión del Capitán de Navío Carlos Travieso, sobre la Antártida Uruguaya

por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 18 de agosto de 2018, trasmitido por Radio Uruguay

El CN Carlos Travieso Fernández, nació en Montevideo el 27 de mayo de 1901 y falleció el 11 de noviembre de 1979. 

Había ingresado a la Escuela Naval en 1916, cuando el buque uruguayo, Instituto de Pesca Nº 1 navegó por primera vez en aguas antárticas, hace más de 100 años y desarrolló una carrera en la que llegó a ocupar el cargo de Inspector General de Marina, desempeñándose, una vez Retirado, como Ministro del Supremo Tribunal Militar. 

Era una persona con iniciativa y gran empuje y atento observador de la realidad en la que vivía, analizando las posibilidades que tenía nuestro país al finalizar la segunda Guerra Mundial, cuando al comienzo de la Guerra Fría, el nuevo ordenamiento de las potencias, obligaba a los Estados a tomar posición por un lado u otro. 

Su padre, el Dr. Carlos Travieso, alineado con el Partido Colorado, había fundado el periódico "Rivera" que más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial tomara el título de "La Nación", desde donde impulsaba la lucha contra la intromisión extranjera, siendo promotores del debate que se generara en torno a la instalación de una base aeronaval de los EE.UU. 

En esta época, el CN Carlos Travieso Fernández, había comenzado a escribir en “La Nación” con el seudónimo “Marinante”, pugnando para que las bases aeronavales que se proponían, deberían ser nacionales y no estar en manos de las potencias extranjeras, “las que en épocas de peligro para ellas daban todo de sí, pero que pasado el mismo”, -decía- “no tienen inconveniente, de olvidar y atacar a sus ex-aliados”. 

La posición defendida por La Nación triunfó con el apoyo del caudillo blanco Dr. Luis Alberto de Herrera, quien a pesar de pertenecer al Partido Nacional, defendía también esta línea. 

Justamente en ese periódico, el CN Travieso, publicó en enero de 1947, un artículo titulado “Antártida: Trampolín de ataque contra los países del Hemisferio Sur", donde expresaba que la Antártida “es un continente de 14 millones de kilómetros cuadrados, donde habría carbón, petróleo y uranio”, -el apreciado combustible para fabricar bombas atómicas, que en esos años era de vital importancia en la carrera armamentística que se estaba llevando a cabo y mencionaba el especial interés que por ese mineral tenían las grandes potencias. 

“La seguridad colectiva de estos países de la Hispano América, -decía- exige que las tierras antárticas, que, como continuación de nuestras plataformas continentales llegan hasta el Polo, sean ocupadas por sudamericanos". 

"La fórmula que lanzamos para los que puedan proponerla, es que, la mitad, se distribuya entre los países marítimos del extremo sudamericano, dándoles, con ángulo en el polo, porciones proporcionales a la extensión de costas marítimo-fluviales que cada uno tenga al sur del trópico de Capricornio... (de este a oeste Brasil, Uruguay, Argentina, Chile... y el resto que se divida entre neozelandeses, australianos y sudafricanos". 

Proponía que para lograr un acuerdo de ese tipo, sería necesario primero, empezar por acordar entre los tres países americanos más vinculados al sur, es decir: Argentina, Chile y Uruguay, promoviendo a Montevideo como sede de esa reunión, explicando que en ese encuentro, deberían dejarse claros los derechos antárticos de cada país, confrontando a los países, que provenientes del hemisferio norte, estaban ocupando posiciones que bloqueaban el desarrollo de esta región, desde una posición que calificaba como de “trampolín de ataque” contra el Hemisferio Sur. 

En los años siguientes continuó su prédica en defensa de los intereses atlánticos y antárticos de nuestro país, escribiendo en La Nación y en La Mañana o dictando conferencias en el Centro Militar y en el Club Rivera, donde era ávidamente escuchado, aunque sus propuestas no lograban concretarse. 

El 2 de setiembre de 1947, se firmaba en Río de Janeiro el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que establecía una zona de defensa continental que abarcaba desde el Polo Sur al Polo Norte, incluyendo no solo el territorio continental, sino también el mar territorial y zonas más amplias, que aunque no estuvieran en los límites establecidos, pudieran afectar la seguridad, por lo que se podría ejercer funciones de defensa sobre ellas. Este Tratado obligaba a las Partes a tomar medidas y asumir responsabilidades, por lo que Travieso estudió detalladamente cómo debería actuar el Uruguay ante el nuevo marco legal. 



En 1971, se publicó la primera edición, a mimeógrafo, de su libro “Geopolítica Atlanto – Antártida y de la cuenca del Plata”, donde recopiló los artículos y notas que había publicado en diversos medios, desde la década de 1940. Allí, bajo el título “Iniciamos el planteo de nuestros derechos Antárticos”, decía: Hace más de 20 años, en el periódico de mi Sr. Padre, se empezó a estudiar la jurisdicción de Malvinas. Después hubo otros requerimientos y se inició el llamado problema de las Bases Aeronavales que deben ser propias, para más tarde tomar la iniciativa de reivindicar y utilizar nuestra plataforma Continental. Otra iniciativa propiciada a continuación de las anteriores, fue la de la Antártida según la tesis y doctrina planteada en La Nación de enero de 1947. 

Venimos pues repitiendo desde hace años, -decía- que el rico continente Antártico, puede convertirse en un trampolín de ataque contra América, especialmente la del Sur y que a semejanza de lo actuado en la zona del Ártico y vecindades del polo norte, nada tienen que hacer en los hielos del sur las potencias que tienen sus metrópolis y principales puertos en la zona tórrida y menos en el hemisferio opuesto; no teniendo derecho a su pretensión de primar en los dos polos opuestos del Mundo. 

En su prédica insistía en la importancia del mar para nuestro país y se ocupó de impulsar el reclamo por la plataforma continental que se empezaba a gestar en esos años. 

En una nota publicada en el Diario La Mañana, del 2 de agosto de 1958 (Cartas de Nuestros Lectores) titulaba: “El olvido en que está una Antártida Uruguaya”, diciendo: -Desde 1946, se maneja una doctrina naval que plantea que "Nuestro país debe reclamar un sector Antártico en cumplimiento de sus compromisos de cooperación a la defensa y seguridad del Hemisferio Occidental, protegiendo las importantísimas reservas para el futuro, de materias pesqueras y mineralógicas". 

Los fundadores de esa doctrina, hemos sostenido que por nuestra posición en la zona Sud Atlántica Sudamericana, debíamos reclamar un sector oriental del hemisferio, al Este de lo que reclama Argentina, -sin interferir en la disputa por el Canal de Drake (entre Sud América y el casquete polar). Vale decir que aportaríamos nuestro derecho histórico y geográfico a la consolidación de la tesis Hemisférica de las Américas, sin agregar una estéril, inconducente disputa más, de la que sólo sacaríamos perjuicios. 

Para cumplir con nuestros compromisos, tenemos derecho a reclamar el apoyo de las Américas, su ayuda técnica y material… 

Seguía analizando por qué se había perdido tanto tiempo y por qué no se había intervenido más activamente en el Año Geofísico Internacional 1957-1958, concluyendo que las autoridades del momento, si bien le daban la razón, habían manifestado que “eso aquí, no se podía”, dilatando la propuesta, aunque, -decía- a fuerza de lucha y tesón, replanteando la cuestión, habían aparecido iniciativas contradictorias y divergentes, aunque ya ante la nueva realidad previa a la firma del Tratado Antártico, se hacía necesario una medida concreta: había que ir a la Antártida y establecerse allí. 

Para concretar ese objetivo, Travieso definió un sector específico, que llamó “Antártida Uruguaya” delimitándolo al Este del Sector reclamado por Argentina, comprendido entre los meridianos 20° E al 25° W, el que incluía el área reclamada por Noruega. 

En base a esta teoría, planteaba que Uruguay podría contribuir a la defensa hemisférica, estableciendo una estación en la isla Bouvet, ubicada en la Latitud 54° Sur y Longitud 3º Este, la que serviría como base para estudios hidrográficos, oceanográficos y meteorológicos, explicando que si se concretaba la instalación de esa base, se reivindicaría para Uruguay un sector Atlántico, lo que además de contribuir a un mejor conocimiento de la meteorología del Atlántico Sur y a la seguridad de la navegación, eliminaría el riesgo de que ese sector fuera pretendido por Rusia, Noruega, Suecia u otras potencias del hemisferio norte. 

………… 

El CN Travieso, realizó una intensa campaña por los derechos que le podrían corresponder a Uruguay en el Atlántico Sur y en la Antártida, pero los objetivos que planteó no lograron tener eco en los gobernantes de su tiempo. 

Sin embargo el concepto de Antártida Uruguaya, quedó latente y luego a partir de 1961, el profesor Musso lo tomó y lo continuó, sin lograr el resultado planeado tampoco, pero impulsando a los que vinieron después, a que adaptándose a la normativa del Tratado Antártico, se buscaran nuevos caminos para aproximarse a la Antártida y participar, haciendo valer nuestra posición geopolítica, como actores de primer orden en la administración del Continente Antártico, preservándola como legado para las nuevas generaciones. 

-Para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay. 

#CronicasAntarticas

.oOo. 

Referencias 
  • “Geopolítica Atlanto – Antártida y de la Cuenca del Plata” por el CN Carlos Travieso (Montevideo, 1971) 
  • “Las acciones desconocidas de un doctrinario, el C/N Carlos Travieso Fernandez”, Por Lic. Cristina Montalbán - Ponencia presentada en el X Encuentro de Historiadores Antárticos Iberoamericanos, Buenos Aires, del 1º al 3 de octubre de 2008.




sábado, 21 de abril de 2018

Antecedentes de la fundación de la Base Artigas - parte dos


La denominación “Base Artigas” fue empleada por el Profesor Julio C. Musso en 1962, pero la idea de instalar una base antártica uruguaya, ya era manejando por el Capitán de Navío Carlos Travieso en los años 1954-1955.

En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…


Antecedentes de la fundación de la Base Artigas - (Segunda parte) 
por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 21 de abril de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay.


En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…

En una crónica anterior vimos que el Capitán Travieso mencionaba que Uruguay debía establecer una base meteorológica en la Antártida para contribuir a la seguridad hemisférica, en tiempos de la guerra fría, al finalizar la segunda guerra Mundial.
 



Por su lado el Profesor Musso, había mencionado en el año 1961 que debería establecerse una base uruguaya en la Antártida en la tierra de Coats, a la que llamaba Artigas. Pero aún faltaba mucho. 

Los proyectos del profesor Musso en la década de 1970  


En la Primera Convención Nacional Antártica, llevada a cabo en abril de 1970, el Profesor Musso, presentó el libro “Antártida Uruguaya” donde replanteaba la ubicación de una base antártica uruguaya en la Tierra de Coats, empleando la denominación “Base Artigas (futura estación científica uruguaya)”, publicando el mapa que mostraba la proyectada ubicación de la misma y agregaba nuevas ideas, las que quedaron reflejadas en las Actas de la Comisión Científica de la Convención.

Allí se mencionaba, que además de la base antártica, debía crearse, en el territorio nacional, una “Estación científica para servicios de la Antártida”, la que cumpliría funciones como centro de entrenamiento, depósito de materiales, alojamiento de expedicionarios, tanto uruguayos como de otros países, justificando la misma con extensa documentación.

Este proyecto, fue luego descrito en 1975, en la “Publicación Nº 18” del Instituto Antártico Uruguayo, aún bajo la dirección de Musso, donde se presentaban los planos y más detalles de esta estación, la que se ubicaría en terrenos del Castillo Pitamiglio, en el balneario Las Flores.
Volviendo a las Actas de la Convención de 1970, se proponía también la concurrencia a la Antártida, de una delegación de científicos para realizar trabajos de reconocimiento, según un informe presentado por la Comisión de Navegación, donde se recomendaba la “realización de campañas exploratorias en la Antártida por buques uruguayos como medio de cumplir lo expresado en los proyectos emanados de las diferentes comisiones y en vista de una radicación efectiva en el continente (construcción de refugios de verano y eventualmente de bases permanentes)”. 

Las propuestas y recomendaciones de la Convención de 1970, fueron recogidas en 1973, por el recién instituido Estado Mayor Conjunto (ESMACO), donde se había creado una oficina especializada para estudiar la temática antártica: el Comando Antártico Conjunto (COANCO).

El COANCO presentó un informe con sus primeras conclusiones, donde se expresaba, que en virtud de la necesidad urgente de tomar una decisión respecto a la forma en que Uruguay debería participar en la actividad antártica, se deberían realizar acciones concretas, previniendo el choque de intereses con otros países, asesorando a la Junta de Comandantes en Jefe en un documento fechado el 23 de enero de 1973, que debería apoyarse la propuesta de organizar una exposición científica antártica en Montevideo y afiliarse al SCAR (Comité Científico de Investigación Antártica) y al Tratado Antártico de 1959.

A partir de estas acciones, se debería tomar una decisión sobre cómo llevar a cabo la Expedición Antártica Uruguaya y cómo debería ser la integración oficial del Instituto Antártico Uruguayo.

En esa decisión, se analizaba la teoría de Musso, de ubicar la futura base uruguaya en la Tierra de Coats, desestimando esa región por su difícil acceso para los medios disponibles en el Uruguay en ese momento y por los conflictos internacionales que se podrían generar en virtud de los reclamos territoriales ya existentes de Argentina, Chile y el Reino Unido, sobre la región propuesta por Musso.

Por esas razones, se planteaba que la eventual estación uruguaya debería establecerse en una zona más hacia el Este, argumentando que un reclamo uruguayo sobre la Antártida debería extenderse entre los meridianos, 0º al 25º Oeste, desde el Polo Sur.

Mapa del informe del COANCO con el posible "Sector antártico del Uruguay" - 1973 

En 1974, aún bajo la dirección del Profesor Musso, el Consejo Directivo del Instituto Antártico Uruguayo, presentó en la Publicación Nº 17 del IAU, un ambicioso programa de actividades, que incluía desde la organización de conferencias científicas, hasta la instalación de la futura Base Gral. Artigas.

En este programa, para fines de 1975, preveían la zarpada de navíos de bandera uruguaya, coordinados por el COANCO, rumbo a la Antártida, a la vez que se iniciaba la preparación del personal que integraría la primera expedición, a desplegarse en enero o febrero de 1976.

Complementando esos planes, se preveía el embarque de científicos y exploradores uruguayos en buques antárticos de otros países.

Para 1976, se preveía la puesta en funcionamiento de la estación de apoyo en territorio nacional, que se había planteado antes, desde donde se prepararía la segunda expedición, que contaría con el aporte y experiencias de los expedicionarios que habían participado en la campaña anterior, alistando todos los medios para comenzar a finales de 1976, la campaña donde se comenzaría la construcción de la “Estación Científica Gral. José Gervasio Artigas”, en el Continente Antártico.

La propuesta era que inicialmente esa estación operara solo en el verano, previéndose que a partir de la campaña de 1977, se comenzara a trabajar en su ampliación para que operara todo el año, a partir del invierno de 1978, cuando se empezarían a realizar estudios científicos.

Durante 1977, se preveía analizar toda la información surgida de las campañas efectuadas y publicar los resultados, a la vez que se planteaba que el COANCO debería proporcionar el apoyo naval necesario para el aprovisionamiento marítimo de la estación con al menos dos buques y que debería analizarse la posibilidad de contar también con apoyo aéreo.

En 1975 el Instituto Antártico Uruguayo, pasó a depender del Ministerio de Defensa Nacional.

La nueva realidad administrativa, enmarcada en el gobierno de facto que regía al Uruguay desde 1973, produjo un importante cambio en el ritmo de las acciones del IAU y si bien su incorporación al Estado, le proporcionó medios y facilidades que de otra manera jamás habría obtenido, los planes y proyectos que se venían elaborando por autores como el Capitán de Navío Carlos Travieso y el Profesor Musso, fueron quedando de lado.

Una serie de tensiones entre la Armada Nacional con la Fuerza Aérea Uruguaya y el Ejército Nacional, originadas ante el relevo del Ministro de Defensa y la posterior renuncia del Contra Almirante Zorrilla en febrero de 1973, produjo tensiones que se mantuvieron latentes durante el período que duró el Proceso Cívico Militar, haciendo dilatar la participación de la Armada Nacional en la concreción de instalar la imaginada Base Artigas.




Pasados los años, la importancia estratégica del proyecto del profesor Musso fue revalorizada y si bien no se tomó en cuenta la propuesta original de ubicación de la base antártica que él planteaba, se siguió un proceso similar a lo proyectado en 1975, adaptándolo a la nueva realidad.

En 1980 se concretó el ingreso de Uruguay al Tratado Antártico y la aceptación de la normativa que ello implicaba, obligó a la República a involucrase seriamente, ejecutando acciones políticas y operacionales concretas, que relataremos en una próxima crónica.

Los invitamos a seguirnos en la parte 3 de esta historia.

Referencias
Ponencia: “Antecedentes de la fundación de la Base Artigas” por Waldemar Fontes, presentada en el XIII Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos, realizado en Ushuaia, Argentina, del 28 al 30 de octubre de 2013.
Prof Julio C. Musso: "Antártida Uruguaya"  Ediciones El País, Montevideo 1970

sábado, 14 de abril de 2018

Antecedentes de la fundación de la Base Artigas - parte 1


La denominación “Base Artigas” fue empleada por el Profesor Julio C. Musso en 1962, pero la idea de instalar una base antártica uruguaya, ya era manejando por el Capitán de Navío Carlos Travieso en los años 1954-1955.

En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…


Antecedentes de la fundación de la Base Artigas
por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 14 de abril de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay.

En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…

La denominación “Base Artigas” fue empleada por el Profesor Julio C. Musso en 1962, pero la idea de instalar una base antártica uruguaya, ya era manejando por el Capitán de Navío Carlos Travieso en los años 1954-1955. 


Travieso, fue precursor en el planteo de los posibles derechos de Uruguay sobre la Antártida, escribiendo mucho al respecto, con el seudónimo “marinante”. Esas notas y apuntes, fueron luego publicados en el libro “Geopolítica Atlanto – Antártida y de la Cuenca del Plata”, del que extraemos algunos párrafos:

MEMORANDUM (del CN Travieso) AL SR. INSPECTOR GENERAL DE MARINA, del 13 de enero de 1954.-

En pro de la instalación de una estación meteorológica, de costo ínfimo, en la Antártida. Oportunidad Única, que nos brinda la situación mundial y los Tratados que hemos suscrito, de reservarnos para el futuro, un inmenso e invalorable territorio fuente de trabajo y bienestar. Desaprovechar tal oportunidad - olvidando violatoriamente nuestros compromisos-, afectaría nuestro futuro y viabilidad como Nación Independiente. Todos los problemas técnico-económicos, podría resolverlos la Armada con muy poco más de los rubros para ella previstos, si nos decidiésemos por la empresa -cuantiosas ganancias a corto plazo y prestigio para quienes realizasen la idea…

Complementando ese Memorando, agrega una carta que le escribiera al Agregado Naval de los EE.UU. C/F Edward Hoffman, el 9 de setiembre de 1955, donde decía:

De años atrás he venido realizando gestiones ante nuestras autoridades, para que se instalase, en forma permanente, una estación meteorológica en la Antártida, que contribuiría eficazmente al mejor conocimiento del clima del Atlántico Sur, y a las predicciones de más largo alcance y eficacia para la navegación; deparándonos también otras ventajas de orden político y de seguridad colectiva.-

Entre estas últimas estaría que, al reivindicar para nuestro país el sector - Atlántico de la Antártida, contiguo al que reclama la República Argentina (del 25ºW al 74ºW), …

Frente a todo ello, y dada la feliz contingencia de la estrecha amistad y comunidad de ideales entre nuestras respectivas Patrias,… me permito molestar su atención para solicitarle - se me ocurre por "préstamo y arriendo"-, para adquirir una estación meteorológica, completa para participar en el año Geofísico Internacional, en la Antártida.-

Agradecería igualmente se me indicase la posibilidad de obtener - y los precios correspondientes-, elementos complementarios indispensables para la locomoción sobre el hielo, y a ser posible también una estación trasmisora que diese información meteorológica, automáticamente, durante la noche polar…


La idea del Capitán Travieso, no pudo concretarse, y el 19 de mayo de 1961, el Profesor Julio César Musso, publicaba en el Diario "La Mañana", una nota titulada “Ubicación de la Base Artigas, en Tierra de Coats” donde se lamentaba de las dilaciones del Estado uruguayo en tomar una decisión sobre los derechos que le corresponderían en la Antártida, expresando lo siguiente: 
Despejamos nebulosas en torno al trazado geográfico de la ubicación del territorio soberano de Uruguay en la Antártida; dicho territorio está debidamente definido tomando como eje el Paralelo 55º que cruza la República y próximo a Montevideo, trazando ruta hacia el sur, atravesando el Estrecho de Drake e internándose, a partir del meridiano 60º y al este de las Islas Falkland, haciendo la primera escala en las Islas Orcadas del Sur, continuando luego la navegación hasta internarse en el Mar de Wedell y en cuya culata, al fondo luego de atravesar la barrera de hielos, se escala en el Continente Antártico, en el campo de hielo de Filchener, ubicando en dicho territorio la Estación y Base ARTIGAS.

A los pocos meses, en el primer número de la Revista Antártida Uruguaya, publicada en junio de 1962, el Profesor Musso, proponía organizar la primera expedición científica uruguaya al Continente Antártico, para establecer una estación de observación meteorológica, electromagnética, de radiocomunicaciones y de estudios oceanográficos.



El Capitán Travieso, continuó su prédica, planteando una ubicación alternativa para establecer una estación meteorológica uruguaya en un área que asegurara derechos sobre zonas antárticas, no reclamadas por Argentina, Chile o el Reino Unido, encontrando que la desolada Isla Bouvet, podría ser el lugar ideal para esa instalación, expresando el 29 de enero de 1968, en una mesa redonda trasmitida por televisión, la importancia de reivindicar nuestros derechos históricos, aunque sin generar conflicto con los países hermanos que ya tenían disputas territoriales en la Antártida, por lo que sugería que se podría instalar una estación meteorológica en la Isla Bouvet, “sita en zona templada-fría, con acceso por mar y aire en toda época del año y sin noche polar”. Puntualizando que allí debería estar nuestro punto de partida para estudiar “nuestro sector” en la Antártida.

A fines de 1979, Uruguay, estaba en vías de suscribir el Tratado Antártico y los medios de prensa se hacían eco del acontecimiento. Ya oficializado el IAU, el Profesor Musso había quedado desvinculado de la actividad antártica oficial, pero su vehemencia no le permitía guardar silencio y seguía dando notas a la prensa.

En particular, es interesante destacar una nota de El Día titulada “cuatro opciones nacionales en la Antártida”, donde Musso, analizando las obligaciones que debería asumir el país, hablaba de la instalación de la futura Base Artigas y respondía a la pregunta de la periodista Olga Alfonso, acerca de ¿Cuáles serían los aspectos esenciales de nuestra presencia y radicación en la Antártida?, diciendo:

Toda radicación científica en la Antártida, reúne dos aspectos fundamentales: 1) acierto en la ubicación de la Estación, aunque fuere temporal, con facilidades probadas de acceso y salida expedicionaria, y 2) utilidad integral de la misma para la comunidad que opere activamente en el área…

En relación con el primer punto, siempre fue aspiración radicar la Estación "José Artigas" en el área territorial sólida de Cabo Norvegia, el cual constituye portal para la navegación por los canales existentes al sur de la Gran Barrera de hielos del mar de Weddell, hasta el Cabo Adams, en la culata del referido mar y a oriente de la Península Antártica.



Con respecto al segundo punto, dice el Prof. Musso, que se hace necesario y con carácter prioritario, establecer depósitos de maniobra en la citada Estación, para reserva de combustibles sólidos y líquidos que constantemente requieren las expediciones y estaciones allí radicadas. ANCAP y las empresas petroleras que operan en Uruguay, tienen una opción de bunker en el área que se hace imposible ignorar. Radicación y utilidad están pues, hermanadas. Esta es la primera opción que tiene Uruguay.

En las otras opciones que Musso detallaba en la entrevista, mencionaba la necesaria capacidad de navegación que se debería tener para abastecer esa base, considerando la Isla Bouvet, como una escala obligada de esas travesías, además de considerar otros aspectos como la logística necesaria para su funcionamiento y la premura de tiempo para cumplir con los compromisos que permitirían “acreditar competencia plena para participar en las Reuniones Consultivas del Tratado”.

Pasaron los años y las visiones del Capitán Travieso o las del Profesor Musso, quedaron perdidas y olvidadas. 

En 1980 se concretó el ingreso de Uruguay al Tratado Antártico y la aceptación de la normativa que ello implicaba, hizo que se tomaran otros rumbos, aunque las ideas, siguen estando allí latentes y quien sabe, algún día podrían ser retomadas y llevadas a cabo, respetando las reclamaciones de otros si, como ambos visionarios lo plantearon siempre, pero también haciendo valer los derechos, que ellos supieron proclamar.

Los invitamos a leer la segunda parte de esta crónica

Referencias
Ponencia: “Antecedentes de la fundaciónde la Base Artigas” por Waldemar Fontes, presentada en el XIII Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos, realizado en Ushuaia, Argentina, del 28 al 30 de octubre de 2013.