sábado, 19 de mayo de 2018

Balleneros de Montevideo en 1940

Desde principios del Siglo XIX, nuestras costas estuvieron vinculados con la caza de la ballena. En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, el puerto de Montevideo adquirió gran protagonismo como puerto de recalada de las flotas balleneras de Noruega... 

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 19 de mayo de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay


Actividad ballenera del puerto de Montevideo en la década de 1940

por Waldemar Fontes

Desde principios del Siglo XIX, nuestras costas y particularmente los puertos de Maldonado y Montevideo, estuvieron vinculados con la caza de la ballena, tal como lo muestra el escudo de Maldonado que ostenta una ballena en su centro.

La caza intensiva había causado estragos en la población de cetáceos, pero en la primera mitad del siglo XX, empleando nuevas tecnologías, se había retomado la explotación, adquiriendo Montevideo un protagonismo importante, como puerto de recalada para las flotas británicas y noruegas que operaban desde allí.

En la década de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, la flota noruega invernaba en nuestro puerto, requiriendo los trabajos de mantenimiento y las reparaciones normales de ese tipo de actividad.

Paralelamente, muchos uruguayos participaron de la actividad ballenera, trabajando en las factorías instaladas en la localidad de Grytviken, en la Isla San Pedro o Georgia del Sur.

Allí, la Compañía Argentina de Pesca, fundada en 1904 por el noruego Carl Anton Larsen, había establecido una gran industria, requiriendo mano de obra uruguaya en reiteradas oportunidades.

Al respecto, la prensa montevideana, publicó una serie de interesantes notas cuando un grupo importante de orientales trabajó en la zafra ballenera en los veranos australes de 1940 a 1943.

Tomamos fragmentos de un trabajo de la historiadora Cristina Montalbán que decía que “El 26 de octubre de 1940 se registran las primeras noticias sobre la incorporación de 60 muchachos uruguayos contratados por la Compañía Argentina de Pesca, que zarparon en el “Harpón”, para desempeñarse en la actividad ballenera en los mares del Sur, estimulados por los atractivos salarios que se pagaba por trabajar en aquellas duras faenas”.

Según se desprende de las notas de prensa, los uruguayos iban a trabajar en tierra firme, en el procesamiento de la grasa, la carne y los huesos, que después de separados para la producción de aceite, se empleaban en la fabricación de guano y de “Verdum”, un polvo que se procesaba de la carne del lomo de la ballena y que se utilizaba para la curación del ganado.


El trabajador Eduardo Triunfo, entrevistado por de “La Tribuna Popular” aportó detalles sobre la estadía en la estación de Grytviken diciendo: -En tiempos de faena convivían unos 350 trabajadores, y había en el establecimiento unas cuatro o cinco mujeres, una de ellas la esposa del radiotelegrafista, que era inglés, al igual que el magistrado. Agregaba que había un toro y una vaca, bandadas de pingüinos y “otros bichos raros” (que suponemos, decía el periodista, serían los renos que la misma compañía había introducido en la isla años antes)

La temperatura, casi constante era de 5° bajo cero, sin que pudieran recurrir para paliarla a ninguna bebida alcohólica- ya que terminadas las pocas que habían llevado, no se encontraban entre los productos disponibles en una especie de tienda que era el único comercio. A puro mate y té, que era la bebida más común, complementaban la comida que según su opinión, era abundante pero no demasiado gustosa.


Por último, dando una idea del nivel de capturas el entrevistado informó que el buque “Morsa” había batido el record de caza con 190 ballenas, recordando momentos dramáticos, entre los cuales señaló el fallecimiento de 4 noruegos, 3 por enfermedad y otro al caer de una montaña, lo que exponía los peligros naturales, a los que se agregaron aquellos provocados por la guerra, señalando que desde un navío de guerra alemán, se habían apoderado de tres buques noruegos de los que estaban operando en la isla.

En la campaña que comenzó en octubre de 1941, una cuarta parte la tripulación del buque “Harpón”, que era de 200 tripulantes, estuvo conformada por uruguayos.


Al respecto contaba a la prensa Mario Méndez Umpiérrez, un joven de 19 años, “que el frío se había hecho sentir particularmente en esas fechas, pero que prácticamente había nevado durante toda la estadía. A raíz de las bajas temperaturas, el joven, había sufrido el congelamiento de dos dedos, viéndose imposibilitado de trabajar por unos días.

Al rigor del clima se agregó además el riesgo implícito de la presencia de corsarios alemanes, considerándose las islas dentro de la zona de conflicto.

Esto, sin embargo, constituyó una ventaja en lo económico, puesto que el salario – ya de por sí alto- se había incrementado en 50%, promediando cada trabajador un sueldo de alrededor de 2.700 pesos.

En esa campaña, se contabilizaron más de 1000 las ballenas faenadas y según relataba el entrevistado, los excelentes marinos y arponeros noruegos, mataban hasta 36 ballenas al día, lo que había obligado a la empresa a extender las jornadas de trabajo, pagándose horas extra para poder procesar toda la captura.

Otras visiones de la actividad ballenera

Además de la visión de los uruguayos que iban a trabajar en la industria ballenera, la prensa montevideana recogía también la visión de los marinos noruegos que invernaban en nuestro país, luego de pasar la temporada de caza en aguas antárticas, los que empleaban técnicas más modernas, donde la ballena capturada se procesaba enteramente en el mar, con el apoyo de buques factoría.


En una nota publicada en Marcha del 19 de abril de 1940, se decía: "Todos los años, en esta época, retornan los balleneros noruegos a las aguas de nuestro puerto, para ser puestos en condiciones de reiniciar la labor en el verano próximo. Luego de los cuatro meses de trabajo intenso de la temporada de pesca que abarca desde el mes de diciembre a marzo, la tripulación es licenciada y retorna a su país, quedando a cargo de la flotilla que es llevada a dique seco, ocho oficiales que dirigen los trabajos de reparación necesarios".

La flotilla se componía de dieciséis barcos, ocho de los cuales eran panameños y el resto noruegos. Eran barcos pequeños, equipados con motores de 1400 HP lo que les permitía desarrollar una gran velocidad.

Cargaban cada uno 180 toneladas de fuel-oil, carga indispensable para cumplir un extenso recorrido que se realiza en los cuatro meses de la temporada de captura.

Cada barco estaba equipado con telégrafo, para estar en constante comunicación y ayudarse mutuamente en caso de peligro.

La tripulación de cada barco era de trece marineros especializados en el oficio. Cada buque llevaba un pequeño cañón, con el que se disparaba un arpón explosivo de 80 kilos de peso y que desarrollaba una velocidad de 100 metros por segundo, explicándose que este método reducía considerablemente los peligros para los marinos, que antes debían lanzar el arpón a mano desde una chalupa.

Una vez muerta la ballena, -contaban los noruegos- se le aseguraba a los costados del barco, por medio de un sistema de poleas situado cerca de la popa.

Los cetáceos eran luego tomados por un buque factoría, de gran tonelaje, a cuyo bordo se encargan de manufacturarlos.

Una vez terminada la temporada, en la que cada barco pescaba por término medio cinco ballenas, el “barco factoría” retornaba a Noruega con la carga y los barcos pequeños regresaban a Montevideo.

Los marinos noruegos explicaban que la pesca se realizaba entre los 58º y 70º grados de latitud Sur y de 0º a 60º de longitud Oeste, llegando a veces a los 160º grados, en las cercanías del mar de Ross.

Para pescar en los alrededores de las Islas Shetland, situadas bastante al sur de las Malvinas, era necesario obtener un permiso especial de las autoridades británicas.

Cazaban la ballena Azul, la más grande de todas, llegando a medir hasta treinta metros de largo, y también capturaban otro tipo más pequeño, la Finnwhale, cuya longitud varía entre los veinte y cinco metros y una variedad intermedia, la llamada ballena Gris.

Relataban al periodista, que la caza de la ballena como industria, había adquirido un desarrollo extraordinario, siendo Noruega una de las naciones que más se había dedicado a ella.

Para finalizar, el periodista decía: "En toda la entrevista no hemos hablado una palabra de la guerra, pese a que presentíamos que era el tema que estaba latente en todos ellos. Comprendíamos la angustia que ha de significar para estos hombres el saber a sus familiares en constante peligro. Y lo extraño que había de parecerles a ellos, que en esos momentos fuéramos a hablarle de su trabajo. Sin embargo no hubo una palabra de alusión al tema, Apenas una mención al pasar. 
Cuando preguntamos al primer piloto su nombre, nos dijo: -No, señor. Perdone. …Por los alemanes.
-Aquellas sencillas palabras era un símbolo elocuente de su dolor".

Referencias

  • Uruguayos rumbo a Grytviken: Tomado de “LA ACTIVIDAD BALLENERA- VINCULOS PLATENSES Y TESTIMONIOS MONTEVIDEANOS” por Por la Lic. Cristina Montalbán. Ponencia presentada en el XIII Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos, realizado en Ushuaia en octubre de 2013.
  • Barcos y Marinos del Mar del Norte: Los balleneros en aguas de paz. Publicado en Marcha Nº 43 del 19 de abril de 1940





sábado, 12 de mayo de 2018

Radio Antarkos 98.7 FM


Al cumplirse 26 años de emisión ininterrumpida del programa radial Proyección a la Antártida" el 11 de mayo, compilamos una crónica sobre las actividades radiales de comunicación que se han hecho en la Base Artigas en estos años.

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 12 de mayo de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay.


RADIO ANTARKOS 98.7 FM

La voz cálida de su dial, transmitiendo desde la Base Artigas, para toda la cuenca de la bahía Maxwell y sus alrededores.

Basado en “Historia de las comunicaciones y las tecnologías de la información en la Base Artigas en sus primeros 25 años” por Waldemar Fontes, (publicado en ResearchGate.net)



En 2007 se instaló un equipo de trasmisión de Frecuencia Modulada de alcance local, inaugurándose la trasmisión de radio en la Base Artigas en la frecuencia de 98.7 FM.

Previamente se habían hecho intentos de establecer una trasmisión radial, cuando en el verano 1992-93, el Capitán “Chopo” Cano, piloto del helicóptero destacado en la Base Artigas, impulsó la emisión un programa, llamado “La skúa nocturna”, que trasmitía música y conversación, a través del equipo VHF instalado en la sala de radio.

En el verano 1993-1994. los técnicos fabricaron en la sala de radio un precario trasmisor de FM y durante ese verano emitieron programas para la Base. Al respecto, transcribimos el aporte que nos enviara Oscar Melgar:
La instalación del trasmisor de FM lo hicieron los técnicos Cap. Vignolo y Cbo. Cono Carrión. Era un trasmisor de poca potencia que tenía un alcance de 500 metros. 
La experimental Emisora se llamó "Relámpago Azul" FM Stéreo Laser 90.5 Mhz.  Al comienzo emitía solo en horas nocturnas, un programa de música e información general creado por el May. Gonzalez (Cochengo) piloto del helicóptero 031, apoyado por los técnicos del centro de comunicaciones.  
La experimental Emisora "Relámpago Azul"
FM Stéreo Laser 90.5 Mhz. 
Oscar Melgar, Carlos Jacques, 
May. González (Cochengo)
El éxito fue inmediato ya que la audiencia fue del 100% de la población de la Base y era escuchada en los dormitorios, antes de dormirse y pronto se empezaron a recibir llamadas de los oyentes solicitando temas y dedicatorias. Todos se iban a acostar temprano para no perderse el programa.
Se agregó al equipo un sistema de phone patch que permitía al oyente salir al aire desde su dormitorio y dar su opinión. Debido al gran éxito se agregó un nuevo programa donde la "sexóloga Soraya", interpretada por Carlos Jacques, quien con increíble voz de mujer, de manera muy graciosa, contestaba preguntas y asesoraba a la audiencia y por más que las preguntas fueran muy complicadas nunca quedaba mal parada.
Luego hubo un programa de chimentos e intrigas que fue creado por el Mayor Grané, que era el Jefe de base, quien escondido en el anonimato y desfigurando su voz como un viejo español, se metía en la vida de todos y creaba intrigas de todo tipo (nunca lo deschabamos al aire, pero el número luminoso en la centralita nos indicaba que la llamada provenía de su dormitorio). Era también muy divertido y eso nos daba a los operadores de la FM la ventaja de acceder a cuotas mucho más altas de latas de cerveza que exigíamos a los oyentes, para mantener los programas en el aire.

Otros dos programas surgieron en la noche de la FM Relámpago Azul: "Pai Dagoberto y su Espacio Místico" realizado por el segundo jefe de la BCAA, el Capitán Montaño, que enviaba "bendiciones de sanación" consistentes en latas de cerveza y "La hora de Los Iracundos" a cargo de "Cochengo" González que incluía casi todos los temas del famoso grupo.

El radio grabador que empleábamos, era el del despacho del Jefe de Base quien gentilmente lo cedió para mejorar la calidad de la radio.  Sin lugar a dudas fue una gran experiencia donde todos participaban, había una gran cuota de humor y diversión que servía para disipar las tensiones del día y mantener el buen relacionamiento.

Todo tiene su fin y para "Relámpago Azul" llegó al final de campaña de verano y no sé si alguna vez se volvió a realizar.
Un abrazo, 
Oscar Melgar

La Radio Antarkos FM 98.7

Inst At. Luis Colli en la sala de radio

En 2006, la dotación Antarkos 23 estaba realizando el curso preantártico, cuando el Instructor Aerotécnico Luis Colli (Chili), planteó la idea de instalar una radio de FM cuando se llegara a base.

Se le presentó la iniciativa al Cnel. (Av) Miguel Dobrich, Director de Planes y Operaciones y éste se entusiasmó con la propuesta, comenzando las gestiones para adquirir un equipo para trasmitir en FM, el que fue adquirido en Punta Arenas, al hacer escala en el viaje hacia la Antártida.

Apenas arribados, Luis Colli comenzó a realizar pruebas y la Radio Antarkos, comenzó a funcionar oficialmente a partir del 1º de enero de 2007, tal como se desprende de una orden interna del jefe de base, el Tte Cnel Waldemar Fontes, de la cual extraemos lo siguiente:
Habiéndose comprobado que el equipo de trasmisión de FM de alcance local recientemente instalado en la sala de radio, funciona correctamente, se dispone que:
  1. Se comience a emitir en la frecuencia 98.7 FM y bajo el nombre de "Radio Antarkos"
  2. Los operadores de la Radio Antarkos 98.7 FM serán el Inst. A/T Luis COLLI y el A/T la. Ángel CARENO.
  3. Inicialmente se emitirá música variada
  4. Los operadores prepararán una programación tentativa, para la visación del Jefe de Base, la cual deberá contemplar lectura de noticias, horóscopos, pronósticos del tiempo, etc., pudiendo realizarse entrevistas y organizarse concursos entre la audiencia.
  5. La radio Antarkos 98.7 FM, trasmitirá las 24 horas del día.

Probando el equipo transmisor de FM en la campaña Antarkos 23
Para la instalación de los equipos, se contó con el apoyo de los técnicos AT2ª Eduardo Olivera y AT2ª Emerson Borges del Servicio de Comunicaciones e Informática de la FAU, quienes además trabajaron durante toda la campaña de verano en la instalación de los teléfonos internos del nuevo edificio AINA, en reparación de cableados y el mantenimiento de las antenas de la BCAA.

Luis Colli y Angel Careno
emitiendo por la radio Antarkos verano de 2007

En el período de enero y febrero 2007, el equipo conformado por Luis Colli “Chili” como locutor y jefe de producción y por Ángel Careno “cabeza” como asistente de producción y locución, realizaron una labor notable, conquistando al público de la Base Artigas, trasmitiendo informativos locales, “propagandas” en broma y leyendo horóscopos y chistes.

Además de la programación propia, en las horas siguientes, se trasmitía música variada, acorde a los pedidos del público o las directivas del Jefe de base. 

Durante la campaña 2008, la radio Antarkos sufrió un receso y se limitó a trasmitir música en algunos momentos, pero al comenzar la campaña Antarkos 25, cobró nuevo impulso.

“Conversando con el Toto”
un célebre programa de la radio Antarkos, en el verano 2009

En los meses de enero y febrero de 2009, se organizaron varias trasmisiones especiales y se hacían programas en vivo, siendo el más destacado, “Conversando con el Toto” un programa producido y dirigido por el SOS Carlos Odera “Toto”, electricista y encargado de los generadores, quien con su “voz de FM” y sus ocurrencias mantenía entretenidos a los oyentes de la Base en las tardecitas de verano.

Durante el invierno 2009, la radio Antarkos trasmitió las 24 horas, poniendo música acorde a cada momento, incorporando un “piloto automático” que trasmitía la hora y la temperatura a intervalos regulados por el software empleado para organizar la programación. 

Un hito de la comunicación radial, se produjo el sábado 7 de noviembre de 2009, el programa "Más allá del Sur", que se emitía desde Buenos Aires, todos los sábados a las 23.30 horas por la Radio Nacional de Argentina, produjo un programa especial, destinado a unir e integrar a las naciones de Sud América que tenían bases permanentes en la Antártida, invitando a participar a los jefes de las bases "Esperanza" de Argentina, "Frei" de Chile y de nuestra base "Artigas". 


El programa fue retrasmitido por las FM locales de cada una de las bases participantes: FM y la Onda Corta LRA 36 "Arcángel San Gabriel" de la Base Esperanza, "Radio Soberanía" de la Base Frei y "Radio Antarkos 98.7 FM" de la Base Artigas. 

Además, se incorporaron a la trasmisión la Radio Polar AM 960 de Punta Arenas, en Chile y en diferido, Radio Uruguay AM 1050, a través del Programa "Proyección a la Antártida", desde Montevideo. 

Esta emisión se concretó a instancias de Pablo Crocci, productor del programa argentino "Más allá del Sur", quien elaboró el proyecto por más de dos años y hasta que finalmente lo pudo llevar a la práctica. Aprovechamos a rendir un homenaje a Pablo Crocci, porque poco tiempo después recibimos la triste noticia de su muerte, que dejó un inmenso vacío en la comunidad antártica. 

A modo de conclusión, 

debemos mencionar que desde sus inicios en 2007, la radio Antarkos ha sido parte de “Proyección a la Antártida” el programa radial que desde el 11 de mayo de 1992, dirige y conduce el profesor Roberto Bardecio, transmitiendo en dúplex para toda la Base Artigas, la emisión que se recibía vía Internet y que en esa época se emitía los domingos por CX 26 Radio Uruguay del SODRE (AM 1050).

Diez años después la Radio Antarkos sigue transmitiendo en la Base Artigas y seguramente muchas anécdotas e historias, deberían ser rescatadas para agregarlas a esta crónica.

La tecnología ha cambiado y hoy quien vive en la base tiene acceso a Internet y telefonía celular sin limitaciones, lo que hace que cada uno se aísle en su mundo, perdiéndose a veces la oportunidad de compartir vivencias como las que relatábamos. Sin embargo estamos seguros que el espíritu de la radio, de trasmitir una voz cálida para quien la necesite oír, a pesar de todo, se mantendrá por muchos años más.




sábado, 5 de mayo de 2018

Antecedentes de la fundación de la Base Artigas - parte tres


En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…
En las crónicas anteriores vimos que el Capitán Travieso mencionaba que Uruguay debía establecer una base meteorológica en la Antártida para contribuir a la seguridad hemisférica, en tiempos de la guerra fría, al finalizar la segunda guerra Mundial, mientras que por su lado el Profesor Musso, decía que debería establecerse una base uruguaya en la Antártida en la tierra de Coats, a la que llamaba “Artigas”, planteo que fue analizado por el COANCO (Comando Antártico Conjunto) luego de la Convención Antártica de 1970.
Pero aún faltaba mucho… 

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 28 de abril de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay.

El refugio Collíns, construido por Chile en 1969

Antecedentes de la fundación de la Base Artigas – Parte 3

Por Waldemar Fontes 

ver la crónica anterior

El 9 de octubre de 1956, el Consejo Nacional de Gobierno, presidido por Alberto Fermín Zubiría, del Partido Colorado, determinó la creación de una Comisión Técnica con el cometido de asesorar al gobierno respecto a los derechos que pudieran corresponder a la República sobre la Antártida, en momentos en que se estaba gestando la organización del Año Geofísico Internacional de 1957-1958 y si bien los resultados de esa comisión fueron efímeros, sirvieron de antecedente para los estudios que se hicieron más adelante. 

Luego de la Primera Convención Nacional Antártica, el gobierno, presidido por el Dr. Jorge Pacheco Areco, dispuso en el Decreto 226/70 del 19 de mayo de 1970, la creación de una Comisión de Estudios Antárticos, con el objetivo de asesorar al Poder Ejecutivo sobre la posible participación del país en las actividades científicas que se desarrollaban en el Continente Blanco. 

En los considerandos del Decreto, que fuera elaborado con participación de los Ministerios de Defensa Nacional, de Relaciones Exteriores y de Educación y Cultura y se mencionaba “el interés de la República de participar y colaborar en el mejor conocimiento científico de las regiones antárticas, que por razones geográficas evidentes ejercen una influencia significativa sobre las condiciones climáticas del país, así como sobre las características físicas y los recursos naturales del mar territorial de la República y de los espacios marinos y aéreos cercanos a nuestras costas” y se destacaba la conveniencia de promover el desarrollo de centros de investigación científica y tecnológica en relación a lo antártico, resaltando que se debería estar atentos “a los derechos de cualquier naturaleza que en virtud de razones de carácter histórico y geográfico pudieran corresponder a la República en las regiones polares situadas al sur del Continente Americano”. 

Esta Comisión, debía presentar conclusiones en un plazo máximo de 90 días, para que el Poder Ejecutivo tomara decisiones concretas sobre cómo participar de la actividad antártica, bajo la normativa del Tratado Antártico, que ya estaba vigente desde 1961. 

La Comisión estuvo integrada por un Representante del Ministerio de Relaciones Exteriores, que la presidía; y por representantes del Comando General de la Armada Nacional, del Comando General la Fuerza Aérea Uruguaya, del Servicio de Hidrografía de la Marina, del Servicio Geográfico Militar, del Instituto Geológico del Uruguay, del Instituto de Ciencias Biológicas, del Comité Oceanográfico Nacional, del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay y un representante del Instituto Antártico Uruguayo. 

En base al asesoramiento recibido, el Gobierno continuó analizando el asunto. El Ministerio de Relaciones Exteriores recalcaba que mientras estuviera vigente el Tratado Antártico, no era posible presentar reclamaciones sobre la Antártida, aunque los diversos actores involucrados coincidían en que a través de las actividades de investigación científica, sí era posible vincularse al tema y para eso debería elaborarse una estrategia, que incluyera el estudio profundo de la adaptación humana a la vida en la Antártida, a la vez que se analizaban las posibles formas de llegar hasta allí, para finalmente concretar la instalación de una base. 

El 11 de enero de 1980, Uruguay ingresó como miembro adherente del Tratado Antártico y a partir de 1982, se enviaron científicos y personal militar especializado en tareas logísticas a visitar instalaciones y bases antárticas de Argentina, Chile, Nueva Zelanda y Estados Unidos de América. 

En 1983, el entonces Tte. Cnel. Omar Porciúncula regresaba de Nueva Zelandia, donde se interiorizó del programa antártico de ese país, visitando además las bases Scott (NZ) y McMurdo (USA), trayendo ideas sobre cómo se podría construir una base antártica uruguaya. 

Comenzó una etapa de planificación para determinar el lugar donde instalar la futura base y se analizaron todas las alternativas, pasando desde la opción que planteaba la Armada Nacional, de adquirir un buque rompehielos, que pudiera llegar a la Tierra de Coats en el Mar de Weddell, como proponía el Profesor Musso, hasta la de realizar operaciones conjuntas con otros países. 

En esa época prestaba servicios en el Instituto Antártico Uruguayo, el Cnel. (Av.) Roque Aita, que en el año 1964, había planteado realizar un vuelo al Polo Sur geográfico. Ese proyecto, por razones económicas nunca se había podido encarar, pero la idea de emplear el medio aéreo se vio como una opción válida, mucho más económica que la de encarar la logística que podría significar establecer una base en las costas heladas del mar de Weddell. 

A partir de esta línea de acción se comenzó a planificar y se obtuvo el apoyo de la Fuerza Aérea de Chile (FACh), que facilitó intercambios de experiencia, visitándose la base aérea Tte. Marsh en la Isla Rey Jorge (25 de Mayo), donde ya se había establecido un aeropuerto que también disponía de instalaciones para investigación científica. 

A fines de 1983, el Coronel Ferreira, como Presidente del Instituto Antártico Uruguayo, se presentó al Tte.Gral Gregorio Alvarez (el Goyo), entonces Presidente de la República, informando el estado de los planes referidos a la Antártida y según cuentan algunos testigos, la respuesta del Presidente de la República fue: “-y ¿cómo? ¿Todavía no fueron?”, dando inmediatamente órdenes de que se ejecutara de inmediato el plan previsto, a la vez que autorizaba los recursos financieros necesarios para organizar el primer vuelo uruguayo a la Antártida, que se concretó el 28 de enero de 1984, con el aterrizaje del avión Fairchild FAU 572 en la base chilena “Tte. Marsh” transportando una delegación del IAU, que viajaba con la misión de establecer contactos con las bases allí instaladas (Tte Marsh de Chile y Bellingshausen de la Ex URSS) y de hacer reconocimientos para elegir el lugar donde instalar la futura Base Científica Antártica Artigas. 

el terreno elegido para el futuro emplazamiento de la Base Artigas

El emplazamiento elegido fue una planicie escalonada hacia el mar, con un gran lago de agua dulce al Noroeste y las estribaciones del glaciar Collins al Noreste, que reunía las condiciones de tener agua potable abundante, una costa aparentemente apta para desembarco de carga y un sitio de interés científico como lo era el glaciar allí cercano. 

En ese terreno había un pequeño refugio chileno, que podía albergar cuatro personas y sobre la costa, estaban los restos de un naufragio del siglo XIX. 

Una vez cumplidos los reconocimientos, la expedición retornó al Uruguay, para comenzar los trabajos destinados a adquirir y obtener materiales y seleccionar al personal que concurriría en la primera dotación. 

Bernabé Gadea
El apoyo de los chilenos fue vital en esta etapa, pues además de facilitar las coordinaciones aéreas entre Punta Arenas y la Isla Rey Jorge, cedieron el refugio “Collins” para uso de la expedición uruguaya y allí fue que arribó el entonces Mayor (Nav.) Bernabé Gadea, instalándose precariamente en ese refugio del 11 al 31 de marzo de 1984, desde donde, con el apoyo de la Base Tte. Marsh de la Fuerza Aérea de Chile (FACh), realizó observaciones meteorológicas en el lugar, convirtiéndose en el primer uruguayo que habitó y trabajó en esos desolados lugares, donde ya se había decidido instalar la futura Base. 

El proyecto de establecer una base uruguaya en la Antártida, ya estaba en marcha y los pioneros que habrían de fundarla, preparaban en Montevideo la logística del viaje que los llevaría a ser parte de la historia… pero eso lo contaremos en una próxima crónica. 

Los invitamos a seguirnos la semana próxima. 

Referencias

Ponencia: “Antecedentes de la fundación de la Base Artigas” por Waldemar Fontes, presentada en el XIII Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos, realizado en Ushuaia, Argentina, del 28 al 30 de octubre de 2013.

sábado, 28 de abril de 2018

el pinguino volador

El invierno estaba llegando y en la Base Artigas se preparaban para recibirlo. Marosa la foca curiosa conversaba con su amigo Borravino y una ráfaga de viento hizo que el pingüino se elevara por los aires.
Los pingüinos son aves, entonces...¿pueden volar?...
¡No te pierdas esta historia, te divertirás mientras aprendes!

Historias de Marosa la foca curiosa

El pingüino volador


Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 28 de abril de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay.



El viento soplaba con fuerza y Marosa estaba bien chatita, aplastada contra el suelo, detrás de las rocas, protegiéndose de la ventisca, cuando vio venir a Borravino, caminando más rápido de lo que sus piernas lo permitían, balanceándose para hacer equilibrio con su alitas bien abiertas.
La ventisca lo arrastraba y sus patitas ni tocaban el suelo...

¿Quieres leer la historia completa?

te invitamos a visita el blog de Marosa la Foca Curiosa para leer ésta y otras historias.




sábado, 21 de abril de 2018

Antecedentes de la fundación de la Base Artigas - parte dos


La denominación “Base Artigas” fue empleada por el Profesor Julio C. Musso en 1962, pero la idea de instalar una base antártica uruguaya, ya era manejando por el Capitán de Navío Carlos Travieso en los años 1954-1955.

En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…


Antecedentes de la fundación de la Base Artigas - (Segunda parte) 
por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 21 de abril de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay.


En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…

En una crónica anterior vimos que el Capitán Travieso mencionaba que Uruguay debía establecer una base meteorológica en la Antártida para contribuir a la seguridad hemisférica, en tiempos de la guerra fría, al finalizar la segunda guerra Mundial.
 



Por su lado el Profesor Musso, había mencionado en el año 1961 que debería establecerse una base uruguaya en la Antártida en la tierra de Coats, a la que llamaba Artigas. Pero aún faltaba mucho. 

Los proyectos del profesor Musso en la década de 1970  


En la Primera Convención Nacional Antártica, llevada a cabo en abril de 1970, el Profesor Musso, presentó el libro “Antártida Uruguaya” donde replanteaba la ubicación de una base antártica uruguaya en la Tierra de Coats, empleando la denominación “Base Artigas (futura estación científica uruguaya)”, publicando el mapa que mostraba la proyectada ubicación de la misma y agregaba nuevas ideas, las que quedaron reflejadas en las Actas de la Comisión Científica de la Convención.

Allí se mencionaba, que además de la base antártica, debía crearse, en el territorio nacional, una “Estación científica para servicios de la Antártida”, la que cumpliría funciones como centro de entrenamiento, depósito de materiales, alojamiento de expedicionarios, tanto uruguayos como de otros países, justificando la misma con extensa documentación.

Este proyecto, fue luego descrito en 1975, en la “Publicación Nº 18” del Instituto Antártico Uruguayo, aún bajo la dirección de Musso, donde se presentaban los planos y más detalles de esta estación, la que se ubicaría en terrenos del Castillo Pitamiglio, en el balneario Las Flores.
Volviendo a las Actas de la Convención de 1970, se proponía también la concurrencia a la Antártida, de una delegación de científicos para realizar trabajos de reconocimiento, según un informe presentado por la Comisión de Navegación, donde se recomendaba la “realización de campañas exploratorias en la Antártida por buques uruguayos como medio de cumplir lo expresado en los proyectos emanados de las diferentes comisiones y en vista de una radicación efectiva en el continente (construcción de refugios de verano y eventualmente de bases permanentes)”. 

Las propuestas y recomendaciones de la Convención de 1970, fueron recogidas en 1973, por el recién instituido Estado Mayor Conjunto (ESMACO), donde se había creado una oficina especializada para estudiar la temática antártica: el Comando Antártico Conjunto (COANCO).

El COANCO presentó un informe con sus primeras conclusiones, donde se expresaba, que en virtud de la necesidad urgente de tomar una decisión respecto a la forma en que Uruguay debería participar en la actividad antártica, se deberían realizar acciones concretas, previniendo el choque de intereses con otros países, asesorando a la Junta de Comandantes en Jefe en un documento fechado el 23 de enero de 1973, que debería apoyarse la propuesta de organizar una exposición científica antártica en Montevideo y afiliarse al SCAR (Comité Científico de Investigación Antártica) y al Tratado Antártico de 1959.

A partir de estas acciones, se debería tomar una decisión sobre cómo llevar a cabo la Expedición Antártica Uruguaya y cómo debería ser la integración oficial del Instituto Antártico Uruguayo.

En esa decisión, se analizaba la teoría de Musso, de ubicar la futura base uruguaya en la Tierra de Coats, desestimando esa región por su difícil acceso para los medios disponibles en el Uruguay en ese momento y por los conflictos internacionales que se podrían generar en virtud de los reclamos territoriales ya existentes de Argentina, Chile y el Reino Unido, sobre la región propuesta por Musso.

Por esas razones, se planteaba que la eventual estación uruguaya debería establecerse en una zona más hacia el Este, argumentando que un reclamo uruguayo sobre la Antártida debería extenderse entre los meridianos, 0º al 25º Oeste, desde el Polo Sur.

Mapa del informe del COANCO con el posible "Sector antártico del Uruguay" - 1973 

En 1974, aún bajo la dirección del Profesor Musso, el Consejo Directivo del Instituto Antártico Uruguayo, presentó en la Publicación Nº 17 del IAU, un ambicioso programa de actividades, que incluía desde la organización de conferencias científicas, hasta la instalación de la futura Base Gral. Artigas.

En este programa, para fines de 1975, preveían la zarpada de navíos de bandera uruguaya, coordinados por el COANCO, rumbo a la Antártida, a la vez que se iniciaba la preparación del personal que integraría la primera expedición, a desplegarse en enero o febrero de 1976.

Complementando esos planes, se preveía el embarque de científicos y exploradores uruguayos en buques antárticos de otros países.

Para 1976, se preveía la puesta en funcionamiento de la estación de apoyo en territorio nacional, que se había planteado antes, desde donde se prepararía la segunda expedición, que contaría con el aporte y experiencias de los expedicionarios que habían participado en la campaña anterior, alistando todos los medios para comenzar a finales de 1976, la campaña donde se comenzaría la construcción de la “Estación Científica Gral. José Gervasio Artigas”, en el Continente Antártico.

La propuesta era que inicialmente esa estación operara solo en el verano, previéndose que a partir de la campaña de 1977, se comenzara a trabajar en su ampliación para que operara todo el año, a partir del invierno de 1978, cuando se empezarían a realizar estudios científicos.

Durante 1977, se preveía analizar toda la información surgida de las campañas efectuadas y publicar los resultados, a la vez que se planteaba que el COANCO debería proporcionar el apoyo naval necesario para el aprovisionamiento marítimo de la estación con al menos dos buques y que debería analizarse la posibilidad de contar también con apoyo aéreo.

En 1975 el Instituto Antártico Uruguayo, pasó a depender del Ministerio de Defensa Nacional.

La nueva realidad administrativa, enmarcada en el gobierno de facto que regía al Uruguay desde 1973, produjo un importante cambio en el ritmo de las acciones del IAU y si bien su incorporación al Estado, le proporcionó medios y facilidades que de otra manera jamás habría obtenido, los planes y proyectos que se venían elaborando por autores como el Capitán de Navío Carlos Travieso y el Profesor Musso, fueron quedando de lado.

Una serie de tensiones entre la Armada Nacional con la Fuerza Aérea Uruguaya y el Ejército Nacional, originadas ante el relevo del Ministro de Defensa y la posterior renuncia del Contra Almirante Zorrilla en febrero de 1973, produjo tensiones que se mantuvieron latentes durante el período que duró el Proceso Cívico Militar, haciendo dilatar la participación de la Armada Nacional en la concreción de instalar la imaginada Base Artigas.




Pasados los años, la importancia estratégica del proyecto del profesor Musso fue revalorizada y si bien no se tomó en cuenta la propuesta original de ubicación de la base antártica que él planteaba, se siguió un proceso similar a lo proyectado en 1975, adaptándolo a la nueva realidad.

En 1980 se concretó el ingreso de Uruguay al Tratado Antártico y la aceptación de la normativa que ello implicaba, obligó a la República a involucrase seriamente, ejecutando acciones políticas y operacionales concretas, que relataremos en una próxima crónica.

Los invitamos a seguirnos en la parte 3 de esta historia.

Referencias
Ponencia: “Antecedentes de la fundación de la Base Artigas” por Waldemar Fontes, presentada en el XIII Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos, realizado en Ushuaia, Argentina, del 28 al 30 de octubre de 2013.
Prof Julio C. Musso: "Antártida Uruguaya"  Ediciones El País, Montevideo 1970

sábado, 14 de abril de 2018

Antecedentes de la fundación de la Base Artigas - parte 1


La denominación “Base Artigas” fue empleada por el Profesor Julio C. Musso en 1962, pero la idea de instalar una base antártica uruguaya, ya era manejando por el Capitán de Navío Carlos Travieso en los años 1954-1955.

En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…


Antecedentes de la fundación de la Base Artigas
por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 14 de abril de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay.

En diciembre de 1984, Uruguay estableció su primera base en la Antártida, la Base Científica Antártica Artigas, pero para llegar a esa concreción, fue necesario recorrer un largo camino…

La denominación “Base Artigas” fue empleada por el Profesor Julio C. Musso en 1962, pero la idea de instalar una base antártica uruguaya, ya era manejando por el Capitán de Navío Carlos Travieso en los años 1954-1955. 


Travieso, fue precursor en el planteo de los posibles derechos de Uruguay sobre la Antártida, escribiendo mucho al respecto, con el seudónimo “marinante”. Esas notas y apuntes, fueron luego publicados en el libro “Geopolítica Atlanto – Antártida y de la Cuenca del Plata”, del que extraemos algunos párrafos:

MEMORANDUM (del CN Travieso) AL SR. INSPECTOR GENERAL DE MARINA, del 13 de enero de 1954.-

En pro de la instalación de una estación meteorológica, de costo ínfimo, en la Antártida. Oportunidad Única, que nos brinda la situación mundial y los Tratados que hemos suscrito, de reservarnos para el futuro, un inmenso e invalorable territorio fuente de trabajo y bienestar. Desaprovechar tal oportunidad - olvidando violatoriamente nuestros compromisos-, afectaría nuestro futuro y viabilidad como Nación Independiente. Todos los problemas técnico-económicos, podría resolverlos la Armada con muy poco más de los rubros para ella previstos, si nos decidiésemos por la empresa -cuantiosas ganancias a corto plazo y prestigio para quienes realizasen la idea…

Complementando ese Memorando, agrega una carta que le escribiera al Agregado Naval de los EE.UU. C/F Edward Hoffman, el 9 de setiembre de 1955, donde decía:

De años atrás he venido realizando gestiones ante nuestras autoridades, para que se instalase, en forma permanente, una estación meteorológica en la Antártida, que contribuiría eficazmente al mejor conocimiento del clima del Atlántico Sur, y a las predicciones de más largo alcance y eficacia para la navegación; deparándonos también otras ventajas de orden político y de seguridad colectiva.-

Entre estas últimas estaría que, al reivindicar para nuestro país el sector - Atlántico de la Antártida, contiguo al que reclama la República Argentina (del 25ºW al 74ºW), …

Frente a todo ello, y dada la feliz contingencia de la estrecha amistad y comunidad de ideales entre nuestras respectivas Patrias,… me permito molestar su atención para solicitarle - se me ocurre por "préstamo y arriendo"-, para adquirir una estación meteorológica, completa para participar en el año Geofísico Internacional, en la Antártida.-

Agradecería igualmente se me indicase la posibilidad de obtener - y los precios correspondientes-, elementos complementarios indispensables para la locomoción sobre el hielo, y a ser posible también una estación trasmisora que diese información meteorológica, automáticamente, durante la noche polar…


La idea del Capitán Travieso, no pudo concretarse, y el 19 de mayo de 1961, el Profesor Julio César Musso, publicaba en el Diario "La Mañana", una nota titulada “Ubicación de la Base Artigas, en Tierra de Coats” donde se lamentaba de las dilaciones del Estado uruguayo en tomar una decisión sobre los derechos que le corresponderían en la Antártida, expresando lo siguiente: 
Despejamos nebulosas en torno al trazado geográfico de la ubicación del territorio soberano de Uruguay en la Antártida; dicho territorio está debidamente definido tomando como eje el Paralelo 55º que cruza la República y próximo a Montevideo, trazando ruta hacia el sur, atravesando el Estrecho de Drake e internándose, a partir del meridiano 60º y al este de las Islas Falkland, haciendo la primera escala en las Islas Orcadas del Sur, continuando luego la navegación hasta internarse en el Mar de Wedell y en cuya culata, al fondo luego de atravesar la barrera de hielos, se escala en el Continente Antártico, en el campo de hielo de Filchener, ubicando en dicho territorio la Estación y Base ARTIGAS.

A los pocos meses, en el primer número de la Revista Antártida Uruguaya, publicada en junio de 1962, el Profesor Musso, proponía organizar la primera expedición científica uruguaya al Continente Antártico, para establecer una estación de observación meteorológica, electromagnética, de radiocomunicaciones y de estudios oceanográficos.



El Capitán Travieso, continuó su prédica, planteando una ubicación alternativa para establecer una estación meteorológica uruguaya en un área que asegurara derechos sobre zonas antárticas, no reclamadas por Argentina, Chile o el Reino Unido, encontrando que la desolada Isla Bouvet, podría ser el lugar ideal para esa instalación, expresando el 29 de enero de 1968, en una mesa redonda trasmitida por televisión, la importancia de reivindicar nuestros derechos históricos, aunque sin generar conflicto con los países hermanos que ya tenían disputas territoriales en la Antártida, por lo que sugería que se podría instalar una estación meteorológica en la Isla Bouvet, “sita en zona templada-fría, con acceso por mar y aire en toda época del año y sin noche polar”. Puntualizando que allí debería estar nuestro punto de partida para estudiar “nuestro sector” en la Antártida.

A fines de 1979, Uruguay, estaba en vías de suscribir el Tratado Antártico y los medios de prensa se hacían eco del acontecimiento. Ya oficializado el IAU, el Profesor Musso había quedado desvinculado de la actividad antártica oficial, pero su vehemencia no le permitía guardar silencio y seguía dando notas a la prensa.

En particular, es interesante destacar una nota de El Día titulada “cuatro opciones nacionales en la Antártida”, donde Musso, analizando las obligaciones que debería asumir el país, hablaba de la instalación de la futura Base Artigas y respondía a la pregunta de la periodista Olga Alfonso, acerca de ¿Cuáles serían los aspectos esenciales de nuestra presencia y radicación en la Antártida?, diciendo:

Toda radicación científica en la Antártida, reúne dos aspectos fundamentales: 1) acierto en la ubicación de la Estación, aunque fuere temporal, con facilidades probadas de acceso y salida expedicionaria, y 2) utilidad integral de la misma para la comunidad que opere activamente en el área…

En relación con el primer punto, siempre fue aspiración radicar la Estación "José Artigas" en el área territorial sólida de Cabo Norvegia, el cual constituye portal para la navegación por los canales existentes al sur de la Gran Barrera de hielos del mar de Weddell, hasta el Cabo Adams, en la culata del referido mar y a oriente de la Península Antártica.



Con respecto al segundo punto, dice el Prof. Musso, que se hace necesario y con carácter prioritario, establecer depósitos de maniobra en la citada Estación, para reserva de combustibles sólidos y líquidos que constantemente requieren las expediciones y estaciones allí radicadas. ANCAP y las empresas petroleras que operan en Uruguay, tienen una opción de bunker en el área que se hace imposible ignorar. Radicación y utilidad están pues, hermanadas. Esta es la primera opción que tiene Uruguay.

En las otras opciones que Musso detallaba en la entrevista, mencionaba la necesaria capacidad de navegación que se debería tener para abastecer esa base, considerando la Isla Bouvet, como una escala obligada de esas travesías, además de considerar otros aspectos como la logística necesaria para su funcionamiento y la premura de tiempo para cumplir con los compromisos que permitirían “acreditar competencia plena para participar en las Reuniones Consultivas del Tratado”.

Pasaron los años y las visiones del Capitán Travieso o las del Profesor Musso, quedaron perdidas y olvidadas. 

En 1980 se concretó el ingreso de Uruguay al Tratado Antártico y la aceptación de la normativa que ello implicaba, hizo que se tomaran otros rumbos, aunque las ideas, siguen estando allí latentes y quien sabe, algún día podrían ser retomadas y llevadas a cabo, respetando las reclamaciones de otros si, como ambos visionarios lo plantearon siempre, pero también haciendo valer los derechos, que ellos supieron proclamar.

Los invitamos a leer la segunda parte de esta crónica

Referencias
Ponencia: “Antecedentes de la fundaciónde la Base Artigas” por Waldemar Fontes, presentada en el XIII Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos, realizado en Ushuaia, Argentina, del 28 al 30 de octubre de 2013.

viernes, 6 de abril de 2018

Estación ECARE


La estación ECARE, enarboló el Pabellón Nacional, en diciembre de 1997, luego de haber sido transferida a la República Oriental del Uruguay mediante un acuerdo firmado con el Reino Unido, por el cual se cedieron las instalaciones hasta ese momento conocidas como “Trinity House”, la antigua “Base D” de la Operación Tabarín, de la Segunda Guerra Mundial

La Estación Científica Antártica Ruperto Elichiribehety

por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 7 de abril de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay.


Uruguay tiene dos bases antárticas, la Base Artigas, abierta todo el año y la ECARE, la Estación Científica Antártica Teniente de Navío Ruperto Elichiribehety, la que está ubicada en el extremo NE de la Península Antártica sobre la costa sur del estrecho “Antartic”, en la Caleta Choza, de la "Bahía Esperanza", en los 63° 24' 08" de latitud sur y en los 56° 58´ 23" de longitud oeste, muy cerca del lugar donde en 1902, luego del naufragio del buque Antarctic, la expedición sueca de Otto Nordenskjöld, instalara un refugio, conocido choza de los suecos, o la cabaña de Bahía Esperanza, que hoy se mantiene como Sitio y Monumento Histórico de la Antártida N°. 39.
La estación ECARE, enarboló el Pabellón Nacional, en diciembre de 1997, luego de haber sido transferida a la República Oriental del Uruguay mediante un acuerdo firmado con el Reino Unido, por el cual se cedieron las instalaciones hasta ese momento conocidas como “Trinity House”, la antigua “Base D” de la Operación Tabarín, de la Segunda Guerra Mundial, cuando los británicos, previendo posibles avances de otras potencias en la región antártica, iniciaron un despliegue por el cual establecieron una serie de estaciones de carácter científico y de observación meteorológica.
El 7 de febrero de 1944, el Reino Unido intentó establecer la base principal de la Operación Tabarín, en donde hoy está la ECARE, pero las condiciones del hielo impidieron el desembarco de los materiales, por lo que se debió postergar los planes hasta el año siguiente. En el verano de 1944-1945, se culminó una segunda parte de esta Operación, con el apoyo del buque SS Eagle, estableciéndose la primera construcción en Hope Bay (Bahía Esperanza), la que fue conocida como “Eagle House”.  



Esta primera casa funcionó desde el 13 de febrero de 1945 hasta el 8 de noviembre de 1948, cuando fue destruida por un incendio donde fallecieron dos personas, O. Burd y M. C. Green, cuyas tumbas aún pueden verse, cerca de donde estuvo la casa original.
Luego de algunas reparaciones, la casa original volvió a funcionar hasta el 4 de febrero de 1949 en que fue desactivada temporalmente.   La base D fue ocupada nuevamente el 4 de febrero de 1952, cuando se inauguró un nuevo edificio, denominado Trinity House, el que funcionó hasta el 13 de febrero de 1964, en que fue desactivado por completo. 
Según indica el BAS (British Antarctic Survey), el propósito de la Base D,  era la investigación científica en áreas de geología, geofísica, glaciología, meteorología, botánica y psicología humana y de los perros.
La instalación de estas bases fue una reacción ante la posibilidad de que la Alemania Nazi, estableciera instalaciones logísticas en la Antártida, pero para 1944, la derrota alemana era previsible y este despliegue, sumado a  la Operación High Jump de los EE.UU, produjo impacto en la región, provocando reacciones de Argentina, que envió en 1947, su primera misión aeronaval y de Chile, con la fundación de la base naval Pratt en 1947 y luego con la visita del presidente Gabriel González Videla, el 17 de febrero de 1948.
Esta carrera por establecerse en la Antártida, desencadenó una pugna que tuvo un momento álgido el 1º de febrero de 1952, cuando la Armada Argentina, impidió el desembarco de personal que llegaba a la Base D en el buque John Biscoe, para reabastecer sus instalaciones.  Argentina había comenzado la construcción del Destacamento Naval Esperanza y ante las intenciones de los británicos, los marinos argentinos, luego de una advertencia, abrieron fuego de ametralladora sobre el personal que había comenzado la descarga del buque, obligándolos a evacuar la zona. Este incidente fue luego solucionado por la vía diplomática. 
El destacamento naval argentino, fue inaugurado el 31 de marzo de 1952 y destruido por un incendio el 15 de octubre de 1958. En ese período, se comenzó a construir en 1953, la actual Base Esperanza.
Durante el verano de 1957-1958, la Base “D” fue visitada por los periodistas uruguayos del Diario El Día, Hugo Rocha y Antonio Caruso en el viaje que estos hicieron, invitados por la Armada Argentina, durante el Año Geofísico Internacional.
Al respecto, Hugo Rocha relató cómo los recibieron los ingleses que vivían allí.
Visitamos la base inglesa en bahía Esperanza, denominada Trinity House, o Base D, es de carácter civil, una de las diez que mantiene la British Colonial Office por intermedio de la Falkland Islands Dependencies Survey.
Además de éstas, la Royal Society mantiene una base en Halley Bay, sobre el mar de Weddell y otra más al Este, erigida para servir a la Expedición Transantártica del Dr. Fuchs.  La Base D, Fue establecida en 1945: el edificio original se incendió en 1948, con pérdida de dos vidas. La casa actual fue levantada en 1952. En previsión de otro incendio, se construyó una choza de emergencia a distancia prudencial, y se la llenó de víveres, ropas, transmisor de radio, trineos, esquís y combustible.


La base tiene una dotación de 12 hombres, tres de los cuales han salido en misión exploratoria. El jefe es Lee Rice, 36, un irlandés del norte, agrimensor, alto, de ojos muy azules. El personal incluye otro agrimensor, seis meteorólogos, dos radiotécnicos, un mecánico y un médico, todos solteros, oriundos de distintos lugares del Reino Unido. Están contratados por dos años y medio, sin vacaciones. Trabajan en la base y viajan al interior del continente con objeto de efectuar observaciones meteorológicas y glaciológicas, pero principalmente, confeccionar mapas de la zona. El año pasado un grupo de cuatro, incluido el jefe, cruzó la Meseta Detroit; entre Octubre y Diciembre recorrieron 120 millas en trineo. Cada tres horas transmiten observaciones meteorológicas a Port Stanley (en Malvinas).
Llevan un austero régimen de vida. Duermen en una gran habitación común con camas separadas por cortinas; en el centro hay una estufa a carbón que permanece encendida toda la noche. Comen conservas porque no tienen el lujo de una cámara de frío. …Se turnan cada semana en las tareas. Alimentan a los perros con carne de foca; solo les dan pemmican cuando viajan y no es posible cazar focas. Reciben provisiones una vez al año, traídas por los transportes “Biscoe” o “Shackleton”. Todos han recalado en Montevideo, en el viaje de venida o de retorno a Inglaterra y escuchan diariamente los programas de música y noticias de varias radios uruguayas. La BBC irradia un programa semanal dedicado a Antártida, que les permite recibir noticias de sus familiares. Se visitan regularmente con los vecinos argentinos; una vez por semana cenan juntos en u otra de las casas. Mr. Rice nos muestra el tesoro de la base: una gran colección de fósiles y mapas. Agradece nuestra visita y nos obsequia estampillas y un sobre con matasellos de la base. Good bye, friends.
La base D, siguió funcionando bajo administración británica, hasta 1964, en que fue abandonada, siendo transferida a Uruguay en diciembre de 1997 renombrada como “Estación Científica Antártica Ruperto Elichiribehety”.
La denominación surge como homenaje al Teniente de Navío Ruperto Elichiribehety, quien fuera el Comandante de la primera expedición uruguaya a latitudes antárticas, en el invierno de 1916, como Comandante del buque Instituto de Pesca 1, que intentaba rescatar a los náufragos de la fracasada expedición británica liderada por el famoso explorador Shackleton.
En 1997, luego de una serie de negociaciones diplomáticas, el Instituto Antártico Uruguayo (IAU), presidido por el Gral. Julio Ruggiero, recibió las instalaciones de “Trinity House”, las que serían reparadas y acondicionadas para operar como una estación científica de verano.
Mientras se concretaban las gestiones, el IAU comisionó al Jefe de la Base Artigas, el Mayor Luis Castro, para que acompañado por el Tte. Salles, realizaran un reconocimiento del lugar, el que se hizo con apoyo de la Fuerza Aérea Argentina, que envió desde Marambio, un avión Twin Otter hasta la base Jubany (actualmente Carlini), embarcando a los uruguayos que luego del reconocimiento, presentaron un primer informe sobre la ECARE.


El 7 de diciembre de 1997, el buque ROU 26 Vanguardia, de la Armada Nacional, luego de aprovisionar la Base Artigas, cruzó el estrecho de Bransfield, en procura de Bahía Esperanza, al mando del C/F (CG) Pablo Álvarez, encontrando masas de hielo que dificultaron la operación de abastecimiento, que pudo comenzarse recién el 14 de diciembre, contando con el apoyo de los helicópteros del rompehielos Irizar, de la Armada Argentina.  
Ese día, desembarcó una delegación, conformada por el Coronel Abel Pérez y el Teniente Coronel José Unzurrunzaga, representantes del IAU, el Capitán de Fragata (CG) Hernes Rodriguez, del Comando de la Flota y el C/C (CG) Enrique Dupont, Segundo Comandante del ROU “Vanguardia”, quienes tomaron posesión de las instalaciones, enarbolando el pabellón nacional, poniéndose a cargo de las mismas, a la primera dotación, encabezada por el Tte. Cnel José Unzurruzaga, e integrada por el personal del Ejército Nacional, Jorge Mayada, Miguel Umpiérrez, Luis Rodríguez, Wilson Larrosa y Daniel Leguizamón.
El 21 de enero de 1998, la ECARE recibió al Ministro de Defensa Nacional, Dr. Raúl Iturria, acompañado por el Presidente del IAU, quienes arribaron en un helicóptero de la Fuerza Aérea Uruguaya, que voló desde la Base Artigas, para la ceremonia oficial de inauguración.



La estación estuvo abierta hasta febrero de 1998 y en ese período se realizaron los primeros trabajos de reparación y mantenimiento, para lo cual se contó con el invalorable apoyo del personal de la Base Esperanza de Argentina.
Los trabajos de reparación y mejoramiento de los edificios, se siguieron realizando, en cada verano hasta 2002, cuando la crisis económica que afectó al país, obligó a replantear la estrategia antártica, replegándose el mobiliario y otros materiales hacia la Base Artigas.
En esos años, la ECARE fue visitada esporádicamente hasta el verano de 2009, en que se la reabrió por una breve temporada, comprobándose el gran deterioro sufrido en los techos y en el interior de los edificios.
En la campaña siguiente, no fue posible llegar hasta la ECARE debido a que los hielos impidieron el pasaje de los buques de apoyo, pero finalmente en la temporada 2011-2012, se reanudaron las tareas de refacción y mantenimiento, quedando la Estación, completamente operativa para ser reabierta como Estación Científica.
Lamentablemente, no se han podido concretar los proyectos de realizar tareas de manera continua, pero las instalaciones están allí, listas para "Imponer a la dura impenetrabilidad de los témpanos, la tenacidad perseverante de nuestra sangre" tal como lo manifestó al regresar de la Antártida en 1916, Ruperto Elichiribehety quien da nombre a nuestra estación en el Continente Antártico.
Queda mucha historia por escribir…

Fuentes:
·
“Una base inglesa”, Fragmento de la Crónica de Hugo Rocha, publicada en el Suplemento Familiar El DIA, del 10 de abril de 1958.

Informe del Reconocimiento que realizara el Mayor Luis Castro, Jefe de BCAA (1997), antes de que el IAU recibiera la futura ECARE (julio 1997)

Base uruguaya en el Continente - Extractado del Libro Paralelo 62, Uruguay en la Antártida Pág.170 Por Lic. Ana María de Salvo - Montevideo, 1998

Estación Científica Antártica Teniente de Navío Ruperto Elichiribehety (E.C.A.R.E) - Por C/F (CG) Jorge Filardi y C/F (CG) Fernando Rodríguez Graña. - Publicado en “20 años de Uruguay en el tratado Antártico, Otra historia uruguaya” ISSN 9974-7952-0-6 - 2005

Recepción e inauguración de la ECARE. 22 de diciembre de 1997 - Crónica del Capitán de Navío (C.G.) Hernes Rodríguez - Extractado del artículo: "Estelas en el hielo” Publicado por el IAU en “20 años de Uruguay en el Tratado Antártico” (Págs 120 a la 128)