martes, 16 de octubre de 2018

El ingreso de Uruguay como Miembro Consultivo del Tratado Antártico









A fines de 1979 Uruguay había decidido la estrategia a encarar con respecto a su posición sobre la Antártida.  En 1980 la República adhirió al Tratado Antártico, dejando constancia de la reserva de derechos que pudiera corresponderle acorde al Derecho Internacional y comenzó el proceso por el que el 7 de octubre de 1985, se transformó en Miembro Consultivo del Tratado Antártico.

El ingreso de Uruguay como Miembro Consultivo del Tratado Antártico, el 7 de octubre de 1985
por Waldemar Fontes


En 1985 el Uruguay respiraba aires de renovación. El 1º de marzo de ese año, había asumido el gobierno presidido por el Dr. Julio María Sanguinetti, poniendo punto final al llamado Proceso cívico-militar que había gobernado de facto desde 1973.  En ese período, el mundo había cambiado y en la región todavía se recordaba el eco de la guerra por las Islas Malvinas y los cambios que en los países vecinos ocurrían. 

En 1975, el Instituto Antártico Uruguayo había sido oficializado y se habían realizado intensas gestiones para analizar los posibles derechos de nuestro país sobre la Antártida, en vistas a la posibilidad de ingresar al Tratado Antártico firmado en Washington en 1959. 

A fines de 1979, el Uruguay había presentado el depósito de adhesión al Tratado Antártico, dejando constancia de la reserva de derechos que pudieran corresponderle a la República, acorde al Derecho Internacional, pero aceptándose la normativa vigente. 

En los dos años siguientes, fue muy intensa la actividad diplomática y ocurrieron varios sucesos dignos de recordar, pero queremos enfocarnos en el ingreso de Uruguay como Miembro Consultivo, tomando como fuente principal al General (R ) Ricardo Galarza, que en 1985 cumpliendo funciones como Presidente del Instituto Antártico Uruguayo, jugó un rol muy importante en el proceso de negociaciones que condujeron a la aceptación del país como miembro pleno del Tratado. 


Galarza dejó varios testimonios escritos, destacándose un artículo del libro que en 2004 publicara el Instituto Antártico Uruguayo bajo el título “20 años de la Base Científica Antártica Artigas. Una historia uruguaya”, donde hizo un detallado relato del proceso que culminó con la aceptación del Uruguay como miembro Consultivo del TA. 

En 1979, se había culminado un período de análisis sobre qué posición tomar con respecto a la Antártida, considerándose tres opciones: una era reclamar territorios, ignorando el Tratado Antártico. Otra podría ser unirse a los países que proponían declarar a la Antártida como Patrimonio Común de la Humanidad y la última, adherir al Tratado Antártico y trabajando acorde a sus normas, comenzar las gestiones para convertirse en miembro pleno, opción que fue la que se implementó. 

En enero de 1980, se concretó el ingreso de Uruguay como Adherente al Tratado y entonces comenzó una etapa de definiciones. 

En 1982, se comenzó a enviar científicos uruguayos a participar en los programas antárticos de países amigos. Se visitó la Estación de los EE.UU. en el Polo Sur y se participó activamente en las campañas antárticas de Argentina y de Chile. 

En 1983 se continuó esa línea y se visitaron las instalaciones de Nueva Zelandia y se preparó el proyecto que culminó con la instalación de la Base Científica Antártica Artigas en diciembre de 1984. 

En la XII Reunión Consultiva del TA, celebrada en Camberra, Australia en 1983, se concretó el ingreso de Brasil como miembro pleno del Tratado. En la misma reunión, se supo que China Popular planeaba solicitar su ingreso también, lo que animó a Uruguay a pensar que había llegado el momento de tomar una decisión. 

El ingreso de Brasil, se había producido junto al de India, demostrando que el juego de equilibrio de poder entre las dos grandes potencias, la URSS y los EE.UU. y sus aliados, era la clave para lograr el consenso. 

La Cancillería encaró una ronda de consultas sondeando los eventuales apoyos, de donde, surgía el siguiente posicionamiento: 

Argentina venía de ser derrotada en la guerra de Malvinas y el país había ingresado en un momento de recuperación de una crisis social y económica, bajo la Presidencia de Alfonsín. Si bien la reserva de derechos planteada por Uruguay al adherir al Tratado, había causado malestar en la Cancillería argentina, el nuevo gobierno democrático no se puso a favor ni en contra. 

EE.UU. que había impulsado el programa científico de nuestro país, puso énfasis en definir la consistencia del mismo, manteniendo una posición expectante, sin manifestarse a favor o en contra. 

Francia, Rusia, Bélgica e India, mostraron una posición dubitativa, que hacía suponer una eventual objeción. Eso generó apresurados esfuerzos diplomáticos, ya que la información se obtuvo sobre la fecha de la Reunión y por contactos no oficiales. 

En la revista Jaque, del 17 de octubre de 1985, decían: “la U.R.S.S. tenía ciertas resistencias para aceptar la inclusión de China. El eventual veto soviético llegó inclusive a ser considerado como un factor de riesgo para la propia inclusión de nuestro país, desde que una resolución exclusivamente favorable a Uruguay (dejando por el camino a China Popular), hubiera debilitado algunos niveles de equilibrio que en la "tradición" del Tratado son considerados esenciales. Sin embargo la solución llegó, no descartándose por algunas fuentes la importancia que tuvo para tal fin, la entrevista que el Presidente Sanguinetti mantuviera con el Canciller soviético Edvard Shevarnadze en oportunidad de su viaje a fines de setiembre a la Asamblea General de Naciones Unidas…” 

China, que presentaría su solicitud junto a la de Uruguay, abrazó con beneplácito la iniciativa de nuestro país.  Nueva Zelandia, Noruega y Australia se manifestaron a favor de la propuesta uruguaya y Chile y Gran Bretaña fueron los dos aliados más poderosos con que se contó. 

Chile, que era gobernado por el General Pinochet, tenía muy buenas relaciones con el Presidente uruguayo Tte. Gral. Gregorio Álvarez, brindando un invalorable apoyo cuando se construyó la base Artigas y en todo el proceso que siguió, incluso al retorno de la democracia, con el gobierno del Dr. Sanguinetti. -Explicaba el general Galarza: “La posición de Chile, incondicional y efectiva, buscaría posiblemente encontrar en Uruguay un aliado que le permitiera posicionarse mejor en la región. No debe olvidarse la situación planteada con Argentina, a causa de litigios fronterizos primero y de su posición frente al conflicto de Malvinas después”. 

Gran Bretaña se constituyó en el principal apoyo a la estrategia uruguaya, destacándose el valioso aporte que significó la participación de Mr. John Heap, enviado especialmente para colaborar y asesorar a la delegación uruguaya en la preparación de todos los documentos que se debían presentar. 

Contaba Galarza una anécdota con respecto a la posición de India, que no se presentaba favorable a Uruguay, por lo que se acercó a los delegados indios argumentando sobre el excelente relacionamiento que existía entre ambos Estados, el que había permitido que observadores uruguayos contribuyeran al acuerdo de paz en la frontera entre India y Pakistán, donde el propio Galarza había cumplido funciones como observador militar de la ONU, lo que había contribuido a lograr una posición favorable a la solicitud de Uruguay. 

Pero aún queda por resolver el último obstáculo. Ya finalizando la reunión, la delegación de Bélgica propuso que se votaran por separado las solicitudes de ingreso, primero la de China y luego la de Uruguay. 

Eso podía significar que si era rechazada la solicitud de China, la que tenía algunas oposiciones, la solicitud de Uruguay también sería rechazada, pero una decidida intervención de la delegación chilena, planteó que se votara por ambas solicitudes juntas, lo que finalmente se hizo, salvando la situación que culminó con la aprobación en la XIII Reunión Consultiva del Tratado Antártico, del ingreso de Uruguay y de China Popular como Miembros Consultivos del TA. 

Esta concreción fue posible por varios factores, entre los que se destacan: El apoyo invalorable de Chile y de Gran Bretaña. La coyuntura internacional, donde influyó el destacado relacionamiento diplomático de quienes participaron de las negociaciones y además, el momento de apertura democrática que se vivía en nuestro país, factores estos que abrieron una nueva etapa al desarrollo antártico del Uruguay, transformándolo en un referente para otros países que luego presentaron su solicitud de ingreso. 

La delegación uruguaya en Bruselas, estuvo integrada por el General Ricardo Galarza y por el Dr Roberto Puceiro

Dr. Roberto Puceiro

Durante el Seminario que realizó el IAU en noviembre 2004, el Doctor Puceiro, contó que cuando estaba preparando la documentación para el ingreso de Uruguay al Tratado Antártico, tuvo oportunidad de ofrecer una charla para un grupo de niños de una institución católica. 

Contaba que los niños se interesaron mucho por el tema antártico y cuando él les contó que se iba al exterior a lograr que nuestro país fuera admitido como miembro consultivo del Tratado, una monja les dijo a los niños que rezaran para que Uruguay fuera aceptado... 

Cuando él regresó, contento con el logro de que Uruguay hubiera ingresado como miembro pleno, uno de los niños le envió un mensaje, recordándole que ellos habían estado rezando todo ese tiempo… 

La anécdota, que fue contaba por el propio Puceiro al cierre del Seminario, resultó muy emotiva para todos los presentes, porque reflejó que ese niño, a pesar de ser tan pequeño, había comprendido la importancia de que nuestro país fuera aceptado como miembro pleno del Tratado Antártico. 

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay.

#CronicasAntarticas



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Referencias

Galarza, Ricardo. “El ingreso de Uruguay al Tratado Antártico”, Tomado de la Publicación del Instituto Antártico Uruguayo “20 años de la Base Científica Antártica Artigas. Una historia uruguaya”. Distribuida en el Primer Simposio sobre actividades e investigación científica en la Antártida. Montevideo, 2004.

Prof. Dr. Roberto Puceiro Ripoll "Uruguay y el Tratado Antártico" , Tomado de la Publicación del Instituto Antártico Uruguayo “20 años de la Base Científica Antártica Artigas. Una historia uruguaya”. Distribuida en el Primer Simposio sobre actividades e investigación científica en la Antártida. Montevideo, 2004.

Semanario Jaque: “Antártida: un nuevo status uruguayo” Montevideo, 17 de octubre de 1985



lunes, 8 de octubre de 2018

Carlos Oliver Schneider




Carlos Oliver Schneider, nació en Uruguay en 1899 y desarrolló su vida en Chile, donde algunos lo describieron como el Da Vinci de Concepción. Se formó como autodidacta y luego estudió geología y otros temas. Se interesaba por la ciencia, la cultura y por la educación popular. Participó como naturalista en la primera Expedición de Chile a la Antártida en 1947.

Carlos Oliver Schneider, un uruguayo en la Expedición Antártica Chilena de 1947
por Waldemar Fontes


Durante el Encuentro de Historiadores Antárticos (XVIII EHAL) realizado en Chile en setiembre de 2018, tuvimos oportunidad de asistir a la presentación del libro “Carlos Oliver Schneider. Proa al Sur. Diario del naturalista de la primera expedición chilena a la Antártica”, editado por Mauricio Jara y Pablo Mancilla, donde destacaban el hallazgo de un diario de viaje que se había publicado en varios capítulos en el Diario Austral de Temuco, un periódico de circulación local que había tenido escasa difusión más allá de su tiempo. 

El rescate de ese diario, ya de por sí nos pareció una labor interesante, pero cuando al oír la presentación, nos enteramos que el naturalista Carlos Oliver era uruguayo, quedamos prendados del personaje y quisimos saber más. 

Carlos Oliver Schneider, nació en la ciudad de Canelones (Uruguay), el 15 de setiembre de 1899. Su padre era diplomático y en 1910, fue designado como Cónsul de Uruguay en Chile para trabajar en Coronel, una localidad costera en la región del Bío Bío, que era un importante puerto exportador de carbón, donde se instaló la familia integrada por Francisco Oliver Britos y Ernestina Schneider Jacotet, padres del joven Carlos y otros dos hermanos. 

A poco de instalados, se mudaron a Concepción, donde la familia se quedó a vivir de manera permanente. Carlos Oliver con doce años empezó a estudiar en el Liceo de Hombres de Concepción, donde cursó sus estudios secundarios, destacándose por su aplicación y por su interés en las ciencias. 

En ese tiempo conoció al profesor Edmundo Larenas, que se transformó en su maestro y mentor, quien le inculcó el amor por la naturaleza y el conocimiento. 

Carlos Oliver era muy apreciado por sus compañeros y participó en muchas actividades extracurriculares, siendo capitán del grupo de Boy Scouts, participando como un activo miembro de los Ateneos culturales del Liceo, donde en 1914, con trece años, leyó un trabajo de su autoría, sobre “El cultivo de las Ciencias Naturales”, tema que siguió profundizando en publicaciones que destacaron en la revista “Perfiles, de Arte y Actualidades”, que era editada por los alumnos del Liceo de Concepción, de la cual en 1918, se transformó en su jefe de redacción. 

En esa revista publicó un trabajo sobre el Museo de Concepción, titulado “Nuestros institutos culturales” el que firmaba con el seudónimo Kawada, donde resumía aspectos de ese Museo en donde, desde junio de 1916 se venía desempeñando, ad honorem, como curador de las colecciones que entonces eran administradas por el Liceo de esa localidad. 

Según relatan varios que lo conocieron, Carlos Oliver era una persona agradable, de hablar pausado e interesante conversación. Era un hombre alto, fuerte, de movimientos lentos y ademanes tranquilos. 

Su vida era sencilla y dedicada a múltiples intereses. Algunos lo describieron como el Da Vinci de Concepción. Estaba siempre ocupado y se interesaba no solo por la ciencia, sino también por la cultura y sobre todo por la educación popular. Fue periodista, conferencista y pertenecía a varias sociedades científicas chilenas y extranjeras. Fue miembro fundador y Presidente en varios períodos, de la Sociedad de Biología de Concepción, desde donde impulsaba expediciones científicas y excavaciones paleontológicas o arqueológicas. 


Integraba la masonería y fue Venerable Maestro de la Logia “Paz y Concordia” N°13 y de la Logia “Fraternidad” N° 2, habiendo dejado testimonios escritos sobre “la historia de la masonería penquista”, 

Fue docente, enseñando Ciencias Naturales en colegios públicos y privados. Fue profesor de Biología en el Liceo de Hombres, de Biología Marina y Oceanografía en la Escuela Industrial de Pesca de San Vicente y de Geología y Mineralogía en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Concepción, donde trabajó como Secretario, para luego ser su Decano durante varios períodos. 

De todas sus actividades, a la que con más ahínco se dedicó, fue a la de Director del Museo de Concepción, donde pudo desarrollar su vocación científica, primero de manera autodidacta y luego profesionalmente, a medida que los estudios le dieron rigor y método. 

En 1919 se había fundado la Universidad de Concepción donde Oliver comenzó a estudiar Ingeniería Química, pero en 1922, se fue a la Universidad de La Plata en Argentina, donde se especializó en Geología y Mineralogía. En esos años, conoció a una joven uruguaya, Nilia Pastorini, con quien contrajo matrimonio en Uruguay en 1926. 

Ya casado, volvió a Chile y se hizo cargo de la cátedra de Geología de su Universidad y asumió el cargo de Director titular del Museo de Concepción, al que dio un vigoroso impulso, logrando que tuviera una sede propia en medio de un extenso parque. 

Los años siguientes vivió una vida tranquila, centrada en sus intereses, destacándose una expedición científica a Tierra del Fuego en 1944 y la más interesante, su participación en la Expedición Chilena a la Antártida de 1947. 


Por su destacada labor en el Museo de Concepción, el gobierno de Chile, presidido por Pedro Aguirre Cerda, le había otorgado la Medalla al Mérito en el grado de Comendador y su prestigio era tanto, que el Presidente González Videla no dudó en convocarlo para que integrara, como naturalista, el equipo científico de la expedición chilena que se enviaría a la Antártida, para establecer una base en aquel continente y afirmar los reclamos de soberanía que Chile venía planteando en tiempos de la Guerra Fría, cuando se había incentivado la pugna por la Antártida. 

En enero de 1947, Carlos Oliver embarcó en el buque Angamos en el puerto de Coronel, donde había vivido en sus años de infancia y llevó un diario de viaje, donde con agradable prosa, fue contando sus vivencias en la histórica expedición. 

Comienza el relato con sus impresiones del viaje por los canales fueguinos, hasta que cruzando el Mar de Drake, avistaron el primer témpano: 

-“Al mediar la mañana del 11 de febrero (1947) los primeros hielos de la región subantártica aparecieron a nuestra vista. Una masa blanca, blanco azulado, flotando a la deriva se nos fue acercando en una forma que no por ser lenta, dejaba de ser sorprendente. 

Un iceberg. El primero que veíamos. Era pequeño, insignificante para los muchos que más tarde tendríamos que encontrar. A buen seguro que si a la vuelta, como realmente aconteció con otro semejante, lo volviéramos a encontrar, lo que es imposible que suceda, con toda la intensidad de este momento, ni siquiera lo vamos a mirar. Pero ahora, en este instante, era el primero y lo saludamos como a una avanzada de la tierra del hielo. Un emisario de la Antártica.” 

El 14 de mayo de 1947, escribía: “y en un día del mes de marzo nos dimos a la mar, con todos los pronósticos del tiempo favorables, desde el puerto de Soberanía, en la isla Greenwich, llevando nuestra derrota siempre al sur. El helicóptero Sikorsky 308 piloteado por nuestro valiente compañero el teniente Humberto Tenorio nos precedía a modo de avanzada y estaba en constante comunicación con el transporte Angamos. En tierra, dejábamos al primer destacamento chileno antártico, a modo de ensayo, para que se fuera acostumbrando a la larga jornada que iba a tener que soportar solo. Era una corta separación. La próxima, sería la definitiva”. 

Seguía su relato con detalladas y amenas descripciones de cada lugar que visitaron y en un momento, en la bahía de la isla Decepción, contaba cuando contacto con la Flota Expedicionaria Antártica de la Armada Argentina, en la caleta Balleneros, donde compartieron gratos momentos de camaradería, diciendo: -“Estaban dos transportes, el Patagonia y el Chaco; el petrolero Ministro Ezcurra y los dos patrulleros, el King y el Marature… Este encuentro dio motivo a simpáticas reuniones de confraternidad entre los marinos chilenos y argentinos y esa camaradería que ya había formado en el Angamos con los tres argentinos agregados a la flota chilena, se intensificó”. 

El viernes 23 de mayo de 1947, escribía en el diario: -“Continuamos el derrotero y luego de zarpar de la isla Decepción, llegamos al Estrecho de Gerlache. El paisaje es extraño. Más extraño de lo hasta ahora habíamos visto. Todo es blanco. Hielo. Nieve. Un verdadero paisaje de pastelería y perdóneseme la comparación. Las islas tienen formas caprichosas cubiertas de espeso hielo y nieve. Parecen enormes tortas hechas por un poseso pastelero que las cubrió de un espeso y magnífico flan blanco” 

Y seguía relatando sus impresiones diciendo: -“al ingresar al canal Newmayer, las aguas se deslizan silenciosas. Hasta las máquinas se mueven quedamente. Hay un silencio impresionante. ´ke…ke…ke…kée…´ resuena en el espacio. Miramos ansiosos. Nada se ve”. 

Y el 24 de mayo de 1947, relataba la llegada a Puerto Lockroy, donde no pudieron ingresar, porque ya ocupaba la caleta el ballenero Don Samuel, de la Armada Argentina, debiendo fondear en una bahía cercana, que llamaron “Angamos”. 

En la última anotación del diario, describía una hermosa noche estrellada en Puerto Lockroy y menciona la Cruz del Sur, diciendo: -“La contemplamos largo rato, embelesadamente. No habíamos visto jamás, ni en otros cielos, estrellas más bellas, tan brillantemente bellas. Era la Cruz del Sur. Y brillaba sobre nuestras cabezas”. 

A poco tiempo de retornar de la expedición antártica, en la madrugada del 13 de Junio de 1949, Carlos Oliver Schneider falleció en la ciudad de Concepción, a causa de una hemorragia cerebral, dejando a su esposa y tres hijos. Estaba por cumplir los 50 años. 

Su muerte significó una dura pérdida, no sólo para Concepción, a cuyo desarrollo cultural y científico entregó los esfuerzos de toda su vida, sino también para el mundo entero. 

Carlos Oliver, escribió el “Libro de Oro de la ciudad de Concepción” una obra que hasta hoy es tomada como referencia para el estudio de la historia de esa ciudad. 

El Museo de Historia Natural de Concepción por el que tanto hizo, recibió su nombre y en julio de 2018, la ciudad de Concepción honró su memoria, dedicándole una plazuela con su nombre en el Cementerio General de Concepción. 

Vaya nuestro reconocimiento a este uruguayo polifacético, faro de la humanidad, que desde su amado Chile trascendió fronteras y dejó un legado digno de imitar. 


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Referencias:
Jara Fernández, Mauricio y Mancilla González, Pablo. “Carlos Oliver Schneider. Proa al Sur.  Diario de la Primera expedición chilena a la Antártica” LW Editorial. Valparaíso, 2018
Marquez Ochoa, Boris. “Carlos Oliver Schneider. Naturalista e historiador de Concepción”. Concepción Ediciones, 2015
Mihovilovich Gratz, Alejandro. “50 años de Relación Histórica. Respetable Logia Nº 115. 1963-2013” Impresores Trama, Concepción, Agosto 2013.
Parmenio Yañez A. “El Profesor Carlos Oliver Schneider, un precursor de la biología marinaen Chile”. En la Revista de Biología Marina Vol. II - 1 y 2: Publicada por la Estación de Biología Marina de la Universidad de Chile. - Valparaíso, Enero de 1950

sábado, 29 de septiembre de 2018

Cuando la Poesía nos reunió



En la base Artigas organizamos un taller de poesía y fuimos descubriendo talentos ocultos que sin asombrar, nos deleitaron a todos y comprobamos que cualquiera, incluso aquellos que parecían los más duros e insensibles, eran capaces de leer una poesía y, hasta de escribir unos versos. Supimos, que en un rinconcito del corazón de cada persona que inverna en la Antártida, la poesía está latente y solo espera el momento, para fluir.


Cuando la poesía nos reunió.
por Waldemar Fontes


El invierno de 2009 fue muy frío, con bajas temperaturas que congelaron el mar, causando muchos problemas al funcionamiento de las bases antárticas. 

Un terrible incendio había destruido por completo el gimnasio de la base chilena Frei, donde todos nos reuníamos para practicar deportes, pero sobretodo, para compartir actividades sociales y culturales que enriquecían notablemente la convivencia entre las dotaciones.

Desde hacía años, era una tradición organizar los juegos de invierno, una competencia deportiva entre delegaciones de las bases cercanas, lo que era muy esperado, como los juegos olímpicos y con el mismo espíritu de aquellos eventos que organizaban los griegos, cada año las dotaciones preparaban a sus atletas para la competencia… pero ese año no sería posible, pues la pérdida del gimnasio, complicaba todas las actividades. Entonces, en una conversación entre los jefes de base, surgió una idea: -¿Si hacemos algo diferente? ¿Qué tal un encuentro para leer poesías?

Sacada de contexto, la propuesta parecería utópica o fuera de lugar, pues podría pensarse -¿cómo en un entorno donde la mayoría de la gente que estaba invernando eran trabajadores, militares o científicos, podría encontrarse interés en la poesía?

Pero, la propuesta no había surgido de la nada, sino que los jefes de bases que se habían reunido en aquella ocasión, tenían una sensibilidad especial que los hizo percibir que la idea, era posible.

Una de las coincidencias más notables, era que el jefe de la base Gran Muralla de China, un médico militar con larga experiencia embarcado y en trabajo en regiones extremas, era además un reconocido poeta en su país, con varias obras publicadas, quien rápidamente apoyó la propuesta, poniéndose a disposición para leer sus poesías. 

A eso se agregaba que el jefe de la base rusa, un técnico meteorólogo con numerosas campañas antárticas, era amante de la poesía y del arte y apenas planteada la idea, ofreció su base para albergar el evento.

A partir de estos apoyos se comenzó a trabajar febrilmente en cada base, para preparar, ya no a los atletas de los juegos olímpicos, sino a los poetas del Olimpo que, escondidos en cada antártico, surgieron ante la inspiración que la Antártida ofrecía.

En nuestra base Artigas, organizamos una serie de talleres de poesía y comenzamos a reunirnos en el “reservado”, el saloncito donde se alojaba la biblioteca, a la entrada del comedor. 

Allí fuimos descubriendo talentos ocultos que sin asombrar, nos deleitaron a todos y comprobamos que cualquiera, incluso aquellos que parecían los más duros e insensibles, eran capaces de leer una poesía y, hasta de escribir unos versos.

El fruto de aquel taller de poesías lo plasmamos en un tríptico con las composiciones que crearon los poetas de la dotación Antarkos 25 y lo publicamos en el blog que manteníamos, con noticias e información de la Base Artigas en la campaña 2009.

Con lo practicado en esas jornadas, fuimos a participar del Primer "Día de Lectura de Poesías", organizado en la Base Bellingshausen el 16 de octubre de 2009, con la participación de delegaciones de poetas de las bases de Rusia, Chile, China y Uruguay.

En la ceremonia de apertura, el jefe ruso, Alexander Kutsubura, dio la bienvenida haciendo alusión a las festividades de primavera que se hacen en Rusia cada año al finalizar el invierno, llamadas “Maslenitsa”, donde es tradicional que se comparta la comida y nos recibió con unas bandejas repletas de panqueques rusos, preparados especialmente para la ocasión por su cocinero y por toda la dotación.

En el día de lectura de poesías, se leyeron 13 obras escritas por miembros de las dotaciones de esta invernada, especialmente para la ocasión y se leyeron también, poesías de otros autores.

Con respecto a nuestra delegación, escribieron y leyeron sus poemas: Walter Monzón: "Conquista blanca"; Carlos Odera: "Antártida amiga"; Wilder Acosta, "Ojos blancos"; Fernanda Silvera: "Hermosa blancura", y Waldemar Fontes: "Soledad entre las nieves".

Además, se leyeron obras de otros autores, destacándose las lecturas de Silvana Ferrero que leyó versos de Delia Musso y Bernardo de los Santos, que leyó "Antártida" de Silvia Peruggia.

La Dra. Silvana Benítez, leyó un poema de Johann Jamneck, integrante de la expedición de Sud África SANAE 48, fallecido pocos días antes, en un accidente en la Antártida, titulado: "Fuerza infinita", con el que quisimos rendirle homenaje.

Además de nuestras obras, las demás bases presentaron también sus poesías, leyendo cada uno, en su idioma y con la expresión propia de su cultura.

Para complementar la crónica, los invito a escuchar una historia de Marosa la Foca curiosa, que escribimos en aquellos días, titulada: “Los poetas de las nieves” y que dice así:

Ya avanzaba la primavera y se veían los indicios de deshielo. Estaban llegando las aves en busca de sus nidos del año anterior y también los pingüinos. 
La vida se renovaba con la llegada de la primavera y los corazones de quienes pasaron el invierno en la Antártida, florecían. 
Marosa estaba reposando sobre un pequeño témpano que se movía ondulante al compás de las olas que rompían cerca de la playa de la base Artigas, cuando Borravino saltando como una flecha desde abajo del agua, quedó paradito a su lado, sacudiendo su plumaje y verificando que no lo seguía ninguna foca leopardo. 
Marosa contenta de tenerlo de nuevo, después de tantos meses de separación, lo saludó y le pidió que contara alguna de sus aventuras. 
Mientras Borravino contaba de su viaje, vieron a una persona, que solitaria, se sentaba sobre unas rocas a cubierto del viento y se quedaba allí, lánguida, mirando al mar que con sus brisas la mantenía en suspenso, como atrapada.
-¿Qué estará haciendo? Preguntó Borravino 
-Creo que escribe algo, dijo Marosa. –Mira, tiene un cuaderno en sus manos. 
-Acerquémonos, dijo el pingüino. 
Sumergiéndose en las transparentes aguas, nadaron silenciosamente hasta la pequeña caleta que se formaba entre los riscos y el peñón que estaba coronado por la baliza.
Marosa quedó flotando, con la nariz apenas asomada y Borravino, salió del agua, acercándose a la persona, que miraba el mar y tomaba notas, sin hacerle caso.
-¡Oh! Antártida amiga… dijo la persona de repente. 
El pingüino se sorprendió y se acurrucó contra unas piedras, escuchando sin molestar. Y la persona siguió: 
-Me adoptaste cuando llegué, Antártida amiga. Fuiste como una madre, ...Con tus blancas manos abrigaste las mías.
-Es un poeta, se dijo el pingüino y esperó, viendo como seguía.
-Nunca supe, que estuve en las sombras… hasta que vi su luz.; …y me cegó. Y siguió diciendo
-Como en un sueño profundo, Igual que pocos en el mundo que hasta aquí han llegado, ...soy yo un privilegiado, complacido día a día. 
De repente, otra voz, surgió. Era otra persona que estaba también inspirándose y dijo: 
-Hermosa blancura... que me deslumbras, ...tus paisajes son muy llamativos ... y nos haces tenerte respeto y miedo a la vez... 
-¡Más poetas!, ¿qué estará ocurriendo?- se preguntó el pingüino, pero antes de tener respuesta, otra persona también elevó su voz, diciendo: 
-Me enseñaste a quererte, respetarte y protegerte… me enseñaste a conocerte, fue lo mejor que me pudo pasar en la vida. 
-Al verla, ciego me quedé. Contestó el primero y siguió otra persona:
-Ciego de amor, ciego de blancura. -y los poetas seguían...
-Tierra, de paz y de ciencia, te rendimos homenaje. A los que supiste encantar y de los cuales heredar, la pasión por conquistarte, hoy quiero en versos declararte, que soy, el conquistador conquistado
Borravino, ya totalmente compenetrado por la poesía y el inspirador entorno, no sabía a quién escuchar, así que extasiado se sumergió en las aguas y nadó eufórico, pensando en lo que otros antárticos habían escrito en la Resolución 2 (1996) - RCTA XX, Utrecht, sobre los Valores estéticos de la Antártida:
...Reconociendo que el carácter singular de la Antártida de por sí representa una inspiración para proteger sus valores;  Recomiendan: Promover el entendimiento y aprecio de los valores de la Antártida, particularmente de sus valores científicos, estéticos y de vida silvestre, incluyendo mediante: a) oportunidades educativas, sobre todo para los jóvenes, y b) la contribución de escritores, artistas y músicos.

Al final de la jornada poética, los jefes de las bases participantes, firmaron un documento, que exhortaba a las futuras dotaciones a continuar con este "Día de lectura de Poesías", invitando a que el mismo se organizara cada año en una base diferente.

Lamentablemente, hasta ahora no se ha repetido algo similar, pero sabemos, que en un rinconcito del corazón de cada persona que inverna en la Antártida, la poesía está latente y solo espera el momento, para fluir.

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sábado, 1 de septiembre de 2018

Ballenas, Malvinas y Antártida al comienzo de la Guerra Fría


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Al final de la Segunda Guerra Mundial, se reavivó el interés por la caza de la ballena y gobierno argentino presidido por Perón, enfrentaba al gobierno de Uruguay, que se mantenía alineado con los Estados Unidos... Había comenzado la Guerra Fría.

27 de febrero de 1948.
Encuentro de Luis Batlle Berres y Perón en el Río de la Plata

Ballenas, Malvinas y Antártida al comienzo de la Guerra Fría. (1946-1949)

por Waldemar Fontes

Durante la Segunda Guerra Mundial, la caza de ballenas en el Atlántico Sur y la Antártida, a pesar de los ataques alemanes, se había mantenido como una industria exitosa, llevada a cabo por el Reino Unido, desde Malvinas, por Noruega que operaba con apoyo desde el puerto de Montevideo y por la Compañía Argentina de Pesca, basada en Grytviken, en las Islas Georgias del Sur, donde muchos trabajadores uruguayos hacían trabajo zafral cada verano.

La explotación desmedida de esos años, obligó a que se entablaran conversaciones para regular actividad y en 1943, el Comité Noruego Británico organizó una reunión con el fin de analizar el tema. De esas conversaciones surgió en 1946 la Convención Internacional para la regulación de la Caza de la Ballena, la que en 1949 se transformó en la Comisión Ballenera Internacional (CBI).

En ese contexto, luego de finalizar la Guerra, las relaciones políticas en el Río de la Plata, vivían un período de extrema complejidad.

Durante la Guerra, el Uruguay se había alineado con los Estados Unidos y había declarado la guerra a Japón y Alemania, sufriendo en ese proceso, la presión de los EE.UU. para instalar bases aeronavales en nuestro territorio, lo que había sido rechazado luego de un duro debate.

En Argentina, el General Perón estaba en la cúspide de su carrera política y presionaba a los países de América del Sur para que se alinearan a su propuesta anti imperialista, contra Estados Unidos y contra cualquier potencia extra regional.

Desde Uruguay, el gobierno de Amézaga veía en Perón, una continuación del fascismo de Hitler y de Franco y por lo tanto lo consideraban una amenaza para el país.

El profesor José Rilla, en su libro “Nosotros, que nos queremos tanto", decía: “los discursos de Perón eran cada vez más enfáticos en la distinción entre la democracia real y la democracia formal, justo en el momento en que el Uruguay restauraba las formalidades de su contrato político. En el verano de 1946, algunos diplomáticos norteamericanos acreditados en Montevideo denunciaban la conspiración peronista contra el gobierno uruguayo de Amézaga o notificaban que los expertos de Perón circulaban por Montevideo, en contacto permanente con Haedo y aportando dinero para las campañas herreristas. Muchos batllistas se mostraban convencidos de que la actitud de Perón hacia Uruguay lindaba con la agresión”.

Entre esas tensiones, en 1946, el gobierno argentino había planteado los derechos de soberanía sobre la Plataforma Continental hasta las 200 millas, a la vez que reclamaba el “Sector Antártico Argentino”, que se extendía sobre la Península Antártica hasta el Polo Sur.

En este proceso de expansión, Perón impulsó el proyecto de crear una flota ballenera, aprovechando la situación internacional, al final de la guerra, donde había un excedente de material flotante que los astilleros querían vender, para lo que convocó a un grupo de empresarios, que de manera secreta podrían negociar la compra de los barcos, sorteando las regulaciones que los Estados Unidos imponían para evitar que las potencias derrotadas pudieran reorganizarse.

Para llevar a cabo esa idea, convocó a Alberto Dodero, reconocido empresario naval, con propiedades en ambas márgenes del Plata, afincado en Buenos Aires, que dirigía el grupo Dodero integrado por la Compañía Argentina de Navegación Dodero S.A, conocida también como Dodero Line, la Compañía Uruguaya de Navegación Limitada, el Hotel Cataratas del Iguazú y otras empresas, estando abocados a la construcción del Hotel Victoria Plaza, en Montevideo.

Alberto Dodero, vio una oportunidad de negocios y aceptó la propuesta, colaborando con Perón para reunir un equipo de empresarios que demostraban condiciones para la tarea, entre quienes estuvieron Aristóteles Onassis, un griego armador de buques petroleros, el austríaco de origen judío Fritz Mandl y el irlandés Alfredo Ryan, mecánico naval que dirigía talleres de reparación en ambas márgenes del Plata y que había contribuido a la reparación de los buques británicos Achiles, Exeter y Ajax, luego del combate contra el acorazado alemán Graf Spee en 1939.

Los cuatro empresarios habían adoptado la nacionalidad argentina y todos mantuvieron fluidas relaciones con Alemania durante y después de la guerra, por lo que se los vinculó a la protección de prófugos nazis que habrían llegado al Río de la Plata en esos tiempos, lo que los puso en la mira de los servicios de espionaje americanos y británico.

El 27 de noviembre de 1946, hubo elecciones en Uruguay y ganó la fórmula Tomás Berreta – Luis Batlle Berres, contraria a la política de Perón, que había apoyado abiertamente al candidato opositor, Luis Alberto de Herrera.

Una vez electo, Tomás Berreta fue invitado a una gira por los Estados Unidos, donde dejó constancia de su alarma por la agresividad del gobierno argentino y por la carrera armamentística que éste venía desarrollando.

El Presidente Tomás Berreta falleció a los pocos meses de asumir su cargo y fue sustituido por Luis Batlle Berres, quien siguió su misma línea.

El 27 de febrero de 1948, se produjo la famosa reunión entre los presidentes Perón, de Argentina y Batlle Berres, de Uruguay en aguas del Río de la Plata.

Batlle Berres llegó al encuentro navegando en el buque Capitán Miranda y pasó al yate Tecuara, donde lo aguardaba Perón, que hacía de anfitrión.

Hasta ese momento, Argentina no reconocía a Uruguay, ningún derecho sobre las aguas del Río de la Plata, según la doctrina Zeballos de 1890 y el hecho de que la invitación proviniera de Argentina y se hiciera a bordo de un barco fondeado en el medio del Río, se consideró un indicador de buena voluntad y según algunas fuentes, se lo vio como una victoria para los reclamos uruguayos, abriendo puertas para comenzar a negociar otros temas, como el turismo que estaba restringido por las regulaciones argentinas para entrar y salir del país, el déficit de la balanza comercial y los límites fluviales.

En la reunión participaron las esposas de ambos mandatarios, autoridades de los gobiernos y estaba allí, el empresario Alberto Dodero, nacionalizado argentino pero nacido en Uruguay, descendiente de una familia de genoveses afincados en Montevideo y que se había convertido en mano derecha y amigo personal de Perón y de su esposa Eva.

Alberto Dodero era un magnate famoso en América y en Europa. -En Montevideo poseía la residencia Villa Betalba, donde se hacían fiestas memorables a la que concurrían personalidades del jet set que huían de una Europa devastada por la guerra, reuniendo a estrellas de Hollywood y famosos de todo tipo, con Evita Perón, asidua visitante de la villa.

Luego de la reunión entre los Presidentes Batlle y Perón, se suavizaron un poco las relaciones diplomáticas, aunque las tensiones proseguían, pues numerosos perseguidos políticos argentinos buscaron refugio en Uruguay, haciendo desde aquí, propaganda en contra de Perón, lo que no ayuda a resolver los problemas.

Por otro lado, la amistad entre los Herreristas y Perón se hacía más intensa y era proclamada en cada ocasión que se presentaba, particularmente por Victor Haedo y otros.

En ese marco, el 9 de marzo de 1948, el Partido Nacional promovió una reunión de la Unión Continental Iberoamericana (UCI), llevada a cabo en la Casa del Partido Nacional, con la concurrencia de delegaciones de Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Panamá, México, Venezuela, entre otros, donde se promovió una declaración que expresaban los objetivos fundamentales de ese movimiento: 1) La restauración del panamericanismo a sus pautas tradicionales... 2) La revisión de los acuerdos de emergencia bélica que habían transfigurado la Asociación Panamericana. 3) Una reforma sustancial de la Carta de las Naciones Unidas. 4) la unión de los pueblos Iberoamericanos para una acción vigilante y permanente de la paz mundial, independiente de las dos masas imperialistas que se disputaban en ese momento el dominio del mundo.

Esta declaración, fue interpretada tanto por Argentina como Chile, como un reconocimiento y un apoyo a los reclamos que estaban presentando sobre la Antártida y un desconocimiento de las pretensiones británicas sobre esas mismas regiones, aunque no dejaba de ser más que una mera expresión de deseos, pues los gobiernos de los países de donde provenían los delegados que participaron de la reunión, no necesariamente compartían lo que allí se expresaba y por ejemplo el gobierno de Luis Batlle Berres, seguía alineado con propuesta de los Estados Unidos de internacionalizar la Antártida…

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay.


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Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar 
el sábado 1 de setiembre de 2018, trasmitido por Radio Uruguay

sábado, 25 de agosto de 2018

Visiones uruguayas sobre el “Problema de la Antártida” 1947-1948


Entre los años 1947 y 1948, se produjo un duro conflicto en torno al Atlántico Sur, las Islas Malvinas y los reclamos territoriales que sobre la Península Antártica, planteaban Argentina, Chile y el Reino Unido. El Uruguay no estuvo ajeno a este conflicto, conocido como el “Problema de la Antártida” o la “Cuestión Antártica”...

El buque británico John Biscoe que recalaba en Montevideo entre 1947 y 1956

Visiones uruguayas sobre el “Problema de la Antártida”
por Waldemar Fontes


Entre los años 1947 y 1948, se produjo un duro conflicto en torno al Atlántico Sur, las Islas Malvinas y los reclamos territoriales que sobre la Península Antártica, planteaban Argentina, Chile y el Reino Unido. Este conflicto, aún no resuelto, es conocido como el “Problema de la Antártida” o la “Cuestión Antártica”. 

El agravamiento de esta pugna, se produjo luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1946, cuando la Argentina, gobernada por el General Perón, planteó un reclamo sobre la Plataforma Continental, estableciendo el “Sector Antártico Argentino”, que se extendía sobre la Península Antártica, hasta el Polo Sur. 

La decisión de Argentina se produjo en un entorno diplomático complejo, en plena Guerra Fría, cuando las potencias se disputaban el dominio del mundo. 

Desde 1943, el Reino Unido venía desarrollando en la Antártida, la operación “Tabarin”, en prevención de que la Alemania Nazi se instalara en esas regiones, lo que produjo reiterados conflictos con las actividades que tanto Argentina como Chile, pretendían desarrollar en la misma región antártica. 

Los buques de la Armada británica que participaban de la Operación Tabarín, recalaban habitualmente en Montevideo y sus tripulaciones desembarcaban y convivían en nuestra ciudad. 

El problema de la Antártida cobró mayor notoriedad en 1947, cuando Estados Unidos envió a la Antártida la operación “Highjump”, compuesta por una flota de 13 buques, con cerca de 5000 efectivos, lo que provocó la reacción de los gobiernos de Chile y de Argentina. Esta reacción se concretó a través de negociaciones que culminaron en un acuerdo para la defensa de sus reclamos sobre la Antártida, frente a las pretensiones de las potencias extra-regionales. 

Este acuerdo, firmado el 4 de marzo de 1948, postergaba cualquier disputa que hubiera entre Argentina y Chile, hasta tanto se resolviera el conflicto principal, declarando: 

1) Que ambos Gobiernos actuarán de común acuerdo en la protección y defensa jurídica de sus derechos en la Antártida Sudamericana, comprendida entre los meridianos 25° y 90°, de longitud oeste de Greenwich, en cuyos territorios se reconocen Chile y la República Argentina indiscutibles derechos de soberanía. 

2) Que están de acuerdo en continuar su acción administrativa, de exploración, vigilancia y fomento en la región de frontera no definida de sus respectivas zonas antárticas, dentro de un espíritu de cooperación recíproca. 

3) Que a la mayor brevedad, y, en todo caso, en el curso del presente año, proseguirán las negociaciones hasta llegar a la concertación de un tratado chileno-argentino de demarcación de límites en la Antártida Sudamericana…” 

Este acuerdo, pese a mencionar una “Antártida Sudamericana”, concepto surgido de la negociación Escudero-Ruiz Moreno de 1941, no era algo que incluyera reconocimiento de derechos a los otros países de América del Sur, sino que se refería a que los únicos países con derechos sobre la Antártida eran Chile y Argentina y bajo ese concepto, se planteaba que los otros países, apoyaran el reclamo de argentino-chileno, contra la ocupación de una potencia ajena a la región, o sea Gran Bretaña, sin considerar otras eventuales opciones, como la que planteaba desde Uruguay el Capitán de Navío Carlos Travieso, quien desde 1946 declaraba que los países del hemisferio sur, con proyección a la Antártida, tenían derechos sobre ese Continente y debían reunirse para fortalecer sus posiciones, proponiendo que esa reunión se hiciera en Montevideo. 

Esa propuesta uruguaya, no tuvo apoyo internacional, diluyéndose en la compleja lucha de poder que se gestaba en la región, donde se planteaban dos grandes posiciones, el Panamericanismo, que proponía que las Américas estuvieran unidas por un ideal común bajo la tutela de los Estados Unidos y por otro lado el Hispanoamericanismo, que promulgaba que la unión de la cultura hispánica debía primar sobre cualquier opción de dominación extranjera. 

En ambas corrientes de opinión, la presencia británica en la región austral y antártica, era cuestionada, agregándose además la reclamación de Guatemala, por la soberanía de Belice, en una época de descolonización… 

En ese marco, el Profesor Juan Lagomarsino, en junio de 1948, planteaba la pregunta “¿De quién es la Antártida”, analizando en una conferencia que dictó en la Alianza Uruguay Estados Unidos, cómo, según su punto de vista, la Antártida había sido descubierta por el Capitán Palmer, un ballenero americano que navegara en la zona de la Península Antártica en las temporadas de 1818 y 1819, por lo que si alguien tenía derechos sobre ese continente, debería ser su descubridor, dejando en claro que a pesar de esa posibilidad, los Estados Unidos no estaban planteando reclamos sobre la Antártida por lo que tampoco reconocían derechos a otros países. 

El Profesor Lagomarsino, decía que los reclamos planteados, deberían llevarse a la Corte Internacional de Justicia, a las Naciones Unidas, o a una mesa de negociaciones, declarándose partidario del arbitraje como la más adecuada fórmula jurídica para resolver controversias y se congratulaba de que Uruguay estuviera exento del problema de la Antártida, explicando que los uruguayos éramos en ese asunto, “perfectos neutrales” al no tener planteada oficialmente ninguna reclamación territorial en las regiones antárticas. 

Por otro lado, planteaba que el asunto de las Islas Malvinas no estaba del todo entendido por la opinión pública, diciendo que: “una cosa bien definida son las Islas Malvinas, pero otro problema totalmente distinto era ´las Dependencias de las Malvinas´; a partir de donde Gran Bretaña había extendido su jurisdicción hasta los territorios de Antártida y el Atlántico Sur”. 

Según lo planteado por el profesor Lagomarsino, los Estados Unidos de América, a pesar de los posibles derechos que podrían esgrimir por haber descubierto la Antártida, no planteaban reclamos territoriales, sino que buscaban maneras alternativas de resolver el conflicto, presentando fórmulas como la internacionalización del continente o la aplicación de un régimen fiduciario, las que fueron ampliamente debatidas en ese momento, sin contar con el apoyo de los principales involucrados en el tema. 

Otra visión del problema de la Antártida, la dejó planteada el doctor Eduardo Víctor Haedo, mientras se desempeñaba como Senador, al ser entrevistado por La Vanguardia Española, el 9 de marzo de 1948, donde al preguntársele qué opinión le merecían las reclamaciones de Guatemala y las de Argentina y Chile, contra Inglaterra, acerca de la soberanía sobre Belice y las Malvinas e islas del Océano Antártico, expresó: 

Tanto Belice como las demás islas en pleito no son, en el entender de los sudamericanos, problemas sometidos a discusión. Confío en la sensatez de la Gran Bretaña y espero que dentro de poco se llegue a una solución que contará con las simpatías de todo el Continente; esto es que sea respetada íntegramente la soberanía territorial y política de los Estados americanos”. 

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La pugna entre Argentina y Chile contra el Reino Unido tuvo un momento álgido en febrero de 1948, cuando Argentina envió a la Antártida una flota de ocho buques de guerra, produciéndose tensiones que pudieron llegar al enfrentamiento armado. 

Afortunadamente, prevaleció la cordura y los países buscaron a través de la diplomacia, otras formas de resolver este problema, lo que llevó a la firma de una Declaración Naval Tripartita, por la cual, la  Argentina, Chile y el Reino Unido, se comprometieron a no enviar buques de guerra al sur del paralelo 60° Sur. 

Esta Declaración, con algunos altibajos, logró mantener la paz y se siguió renovando año a año, hasta 1961 cuando se la consideró ya innecesaria, pues había entrado en vigor el Tratado Antártico, firmado en Washington el 1 de diciembre de 1959. ​ 

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay.

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Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar 
el sábado 25 de agosto de 2018, trasmitido por Radio Uruguay


martes, 21 de agosto de 2018

Carlos Travieso y sus visiones sobre la Antártida Uruguaya


En una nota publicada en 1946, el Capitán Carlos Travieso decía: "Nuestro país debe reclamar un sector Antártico en cumplimiento de sus compromisos de cooperación a la defensa y seguridad del Hemisferio Occidental, protegiendo las importantísimas reservas para el futuro, de materias pesqueras y mineralógicas...
Capitán de Navío Carlos Travieso Fernández


La visión del Capitán de Navío Carlos Travieso, sobre la Antártida Uruguaya

por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 18 de agosto de 2018, trasmitido por Radio Uruguay

El CN Carlos Travieso Fernández, nació en Montevideo el 27 de mayo de 1901 y falleció el 11 de noviembre de 1979. 

Había ingresado a la Escuela Naval en 1916, cuando el buque uruguayo, Instituto de Pesca Nº 1 navegó por primera vez en aguas antárticas, hace más de 100 años y desarrolló una carrera en la que llegó a ocupar el cargo de Inspector General de Marina, desempeñándose, una vez Retirado, como Ministro del Supremo Tribunal Militar. 

Era una persona con iniciativa y gran empuje y atento observador de la realidad en la que vivía, analizando las posibilidades que tenía nuestro país al finalizar la segunda Guerra Mundial, cuando al comienzo de la Guerra Fría, el nuevo ordenamiento de las potencias, obligaba a los Estados a tomar posición por un lado u otro. 

Su padre, el Dr. Carlos Travieso, alineado con el Partido Colorado, había fundado el periódico "Rivera" que más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial tomara el título de "La Nación", desde donde impulsaba la lucha contra la intromisión extranjera, siendo promotores del debate que se generara en torno a la instalación de una base aeronaval de los EE.UU. 

En esta época, el CN Carlos Travieso Fernández, había comenzado a escribir en “La Nación” con el seudónimo “Marinante”, pugnando para que las bases aeronavales que se proponían, deberían ser nacionales y no estar en manos de las potencias extranjeras, “las que en épocas de peligro para ellas daban todo de sí, pero que pasado el mismo”, -decía- “no tienen inconveniente, de olvidar y atacar a sus ex-aliados”. 

La posición defendida por La Nación triunfó con el apoyo del caudillo blanco Dr. Luis Alberto de Herrera, quien a pesar de pertenecer al Partido Nacional, defendía también esta línea. 

Justamente en ese periódico, el CN Travieso, publicó en enero de 1947, un artículo titulado “Antártida: Trampolín de ataque contra los países del Hemisferio Sur", donde expresaba que la Antártida “es un continente de 14 millones de kilómetros cuadrados, donde habría carbón, petróleo y uranio”, -el apreciado combustible para fabricar bombas atómicas, que en esos años era de vital importancia en la carrera armamentística que se estaba llevando a cabo y mencionaba el especial interés que por ese mineral tenían las grandes potencias. 

“La seguridad colectiva de estos países de la Hispano América, -decía- exige que las tierras antárticas, que, como continuación de nuestras plataformas continentales llegan hasta el Polo, sean ocupadas por sudamericanos". 

"La fórmula que lanzamos para los que puedan proponerla, es que, la mitad, se distribuya entre los países marítimos del extremo sudamericano, dándoles, con ángulo en el polo, porciones proporcionales a la extensión de costas marítimo-fluviales que cada uno tenga al sur del trópico de Capricornio... (de este a oeste Brasil, Uruguay, Argentina, Chile... y el resto que se divida entre neozelandeses, australianos y sudafricanos". 

Proponía que para lograr un acuerdo de ese tipo, sería necesario primero, empezar por acordar entre los tres países americanos más vinculados al sur, es decir: Argentina, Chile y Uruguay, promoviendo a Montevideo como sede de esa reunión, explicando que en ese encuentro, deberían dejarse claros los derechos antárticos de cada país, confrontando a los países, que provenientes del hemisferio norte, estaban ocupando posiciones que bloqueaban el desarrollo de esta región, desde una posición que calificaba como de “trampolín de ataque” contra el Hemisferio Sur. 

En los años siguientes continuó su prédica en defensa de los intereses atlánticos y antárticos de nuestro país, escribiendo en La Nación y en La Mañana o dictando conferencias en el Centro Militar y en el Club Rivera, donde era ávidamente escuchado, aunque sus propuestas no lograban concretarse. 

El 2 de setiembre de 1947, se firmaba en Río de Janeiro el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que establecía una zona de defensa continental que abarcaba desde el Polo Sur al Polo Norte, incluyendo no solo el territorio continental, sino también el mar territorial y zonas más amplias, que aunque no estuvieran en los límites establecidos, pudieran afectar la seguridad, por lo que se podría ejercer funciones de defensa sobre ellas. Este Tratado obligaba a las Partes a tomar medidas y asumir responsabilidades, por lo que Travieso estudió detalladamente cómo debería actuar el Uruguay ante el nuevo marco legal. 



En 1971, se publicó la primera edición, a mimeógrafo, de su libro “Geopolítica Atlanto – Antártida y de la cuenca del Plata”, donde recopiló los artículos y notas que había publicado en diversos medios, desde la década de 1940. Allí, bajo el título “Iniciamos el planteo de nuestros derechos Antárticos”, decía: Hace más de 20 años, en el periódico de mi Sr. Padre, se empezó a estudiar la jurisdicción de Malvinas. Después hubo otros requerimientos y se inició el llamado problema de las Bases Aeronavales que deben ser propias, para más tarde tomar la iniciativa de reivindicar y utilizar nuestra plataforma Continental. Otra iniciativa propiciada a continuación de las anteriores, fue la de la Antártida según la tesis y doctrina planteada en La Nación de enero de 1947

Venimos pues repitiendo desde hace años, -decía- que el rico continente Antártico, puede convertirse en un trampolín de ataque contra América, especialmente la del Sur y que a semejanza de lo actuado en la zona del Ártico y vecindades del polo norte, nada tienen que hacer en los hielos del sur las potencias que tienen sus metrópolis y principales puertos en la zona tórrida y menos en el hemisferio opuesto; no teniendo derecho a su pretensión de primar en los dos polos opuestos del Mundo. 

En su prédica insistía en la importancia del mar para nuestro país y se ocupó de impulsar el reclamo por la plataforma continental que se empezaba a gestar en esos años. 

En una nota publicada en el Diario La Mañana, del 2 de agosto de 1958 (Cartas de Nuestros Lectores) titulaba: “El olvido en que está una Antártida Uruguaya”, diciendo: -Desde 1946, se maneja una doctrina naval que plantea que "Nuestro país debe reclamar un sector Antártico en cumplimiento de sus compromisos de cooperación a la defensa y seguridad del Hemisferio Occidental, protegiendo las importantísimas reservas para el futuro, de materias pesqueras y mineralógicas". 

Los fundadores de esa doctrina, hemos sostenido que por nuestra posición en la zona Sud Atlántica Sudamericana, debíamos reclamar un sector oriental del hemisferio, al Este de lo que reclama Argentina, -sin interferir en la disputa por el Canal de Drake (entre Sud América y el casquete polar). Vale decir que aportaríamos nuestro derecho histórico y geográfico a la consolidación de la tesis Hemisférica de las Américas, sin agregar una estéril, inconducente disputa más, de la que sólo sacaríamos perjuicios. 

Para cumplir con nuestros compromisos, tenemos derecho a reclamar el apoyo de las Américas, su ayuda técnica y material… 

Seguía analizando por qué se había perdido tanto tiempo y por qué no se había intervenido más activamente en el Año Geofísico Internacional 1957-1958, concluyendo que las autoridades del momento, si bien le daban la razón, habían manifestado que “eso aquí, no se podía”, dilatando la propuesta, aunque, -decía- a fuerza de lucha y tesón, replanteando la cuestión, habían aparecido iniciativas contradictorias y divergentes, aunque ya ante la nueva realidad previa a la firma del Tratado Antártico, se hacía necesario una medida concreta: había que ir a la Antártida y establecerse allí. 

Para concretar ese objetivo, Travieso definió un sector específico, que llamó “Antártida Uruguaya” delimitándolo al Este del Sector reclamado por Argentina, comprendido entre los meridianos 20° E al 25° W, el que incluía el área reclamada por Noruega. 

En base a esta teoría, planteaba que Uruguay podría contribuir a la defensa hemisférica, estableciendo una estación en la isla Bouvet, ubicada en la Latitud 54° Sur y Longitud 3º Este, la que serviría como base para estudios hidrográficos, oceanográficos y meteorológicos, explicando que si se concretaba la instalación de esa base, se reivindicaría para Uruguay un sector Atlántico, lo que además de contribuir a un mejor conocimiento de la meteorología del Atlántico Sur y a la seguridad de la navegación, eliminaría el riesgo de que ese sector fuera pretendido por Rusia, Noruega, Suecia u otras potencias del hemisferio norte. 

………… 

El CN Travieso, realizó una intensa campaña por los derechos que le podrían corresponder a Uruguay en el Atlántico Sur y en la Antártida, pero los objetivos que planteó no lograron tener eco en los gobernantes de su tiempo. 

Sin embargo el concepto de Antártida Uruguaya, quedó latente y luego a partir de 1961, el profesor Musso lo tomó y lo continuó, sin lograr el resultado planeado tampoco, pero impulsando a los que vinieron después, a que adaptándose a la normativa del Tratado Antártico, se buscaran nuevos caminos para aproximarse a la Antártida y participar, haciendo valer nuestra posición geopolítica, como actores de primer orden en la administración del Continente Antártico, preservándola como legado para las nuevas generaciones. 

-Para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay. 

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Referencias 
  • “Geopolítica Atlanto – Antártida y de la Cuenca del Plata” por el CN Carlos Travieso (Montevideo, 1971) 
  • “Las acciones desconocidas de un doctrinario, el C/N Carlos Travieso Fernandez”, Por Lic. Cristina Montalbán - Ponencia presentada en el X Encuentro de Historiadores Antárticos Iberoamericanos, Buenos Aires, del 1º al 3 de octubre de 2008.