sábado, 17 de febrero de 2018

La creación del SCAR y la actividad científica del Uruguay en la Antártida

Crónicas Antárticas
Por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para el segmento “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 17 de febrero de 2018, trasmitido por Radio Uruguay. - 
Escuchar el programa.


Se han cumplido 60 años de la primera reunión del Comité Científico de Investigación Antártica, (SCAR por su sigla en inglés), llevada a cabo en la Haya en Holanda, del 3 al 5 de febrero de 1958.
Este comité científico que hoy impulsa y promueve la investigación en torno a la Antártida y los mares que la rodean, fue creado a partir de las actividades llevadas a cabo durante el Año Geofísico Internacional 1957-1958 (IGY).
En 1954, el Consejo Internacional de Uniones Científicas (ICSU) había comenzado la preparación del AGI, con el objetivo de establecer un programa de cooperación multinacional.
En julio de 1955 la Unión Geodésica y Geofísica Internacional (IUGG), convocó a una Conferencia Antártica en París, de la cual participaron delegados de Noruega, Inglaterra, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Argentina y Chile.
En octubre de 1955, en Uruguay, se hicieron gestiones para participar de las actividades del IGY y en noviembre del mismo año, se planteó formalmente el tema, en la 4ª Sesión de la Semana Geográfica, organizada por el Instituto Nacional de Investigaciones Geográficas, en la Facultad de Arquitectura de la UdelaR.
En Febrero de 1956 llegaron al Uruguay dos delegados del Comité Internacional Organizador del AGI, invitando a nuestro país a participar en las investigaciones científicas que se planeaban.  
Ante la invitación, se creó el Comité Nacional para el Año Geofísico Internacional, que inicialmente estuvo integrado por Félix Cernuschi, Jorge Chebataroff y Rodolfo Méndez Alsola, a los que luego se agregarían otros geógrafos compatriotas.
A partir del buen suceso que tuvo el IGY, se creó en París un organismo internacional que se denominó Comité Especial para la Investigación Antártica (Special Comitee for Antarctic Research), antecesor del actual Scientific Comitee on Antartic Reseach.
Lamentablemente, la actividad uruguaya fue descontinuada y no se participó oficialmente de las reuniones internacionales que se gestaron seguidamente y que concluyeron con la creación del SCAR y la formulación del Tratado Antártico que fuera firmado en Washington el 1º de diciembre de 1959.
En la década de 1960, el profesor Julio César Musso, comenzó una campaña por la que intentaba despertar el interés de los uruguayos por la Antártida y el ingreso de la República al Tratado Antártico, ajustándose a su normativa para realizar actividades de investigación científica.
En esos años, el Profesor Musso seguía atentamente lo que se proponía desde el SCAR.  En una nota del Diario La Mañana ([i]), explicaba en la prensa, su “Proyecto Nacional Antártico”, en donde proponía: 1)    Crear la Comisión Uruguaya de Cooperación Antártica, 2)   Apoyar actividad de balleneros, 3)    Instituto de Enseñanza del Antártico, 4) Publicar una revista Antártica y 5)  Primera misión científica uruguaya a la Antártida
En 1975, el Instituto Antártico Uruguayo, pasó a depender del Ministerio de Defensa Nacional.  Como despedida del período que se cerraba, el Consejo Directivo del IAU, presidido por el Prof. Musso, expresaba lo siguiente: ([ii])
... Largo ha sido el camino en esa transición, cuya pauta más importante fue la organización de la Primera Convención Nacional Antártica del 24 al 27 abril de 1970, que integró Investigadores y Profesores de la Universidad de la República, Oficiales Superiores de las FFAA y Funcionarios Técnicos de Entes Autónomos del Estado, …
El Consejo Directivo recibió, acorde a sus estatutos, recomendaciones de afiliación a instituciones vinculadas con el Consejo Internacional de Uniones Científicas, a saber: el Comité Científico de Investigación Antártica (S.C.A.R.), la Unión Internacional Astronómica y la Conferencia Internacional Ballenera de Londres.
Explicaba Musso: -Se obtuvo el reconocimiento del S.C.A.R. luego de la comunicación Científica al XI Simposio del mismo en Oslo, Noruega, en agosto de 1970.
Y seguía diciendo: A partir del XI Simposio del S.C.A.R. en 1970, el Instituto Antártico Uruguayo quedó vinculado con todos los países miembros del Tratado Antártico, adecuando progresivamente su organización, publicaciones y trabajos acorde con las normas insertas en el Manual del S.C.A.R.,


El 29 de junio de 1987 Uruguay ingresó como miembro asociado al SCAR, siendo aceptado como miembro pleno, el 12 de setiembre de 1987.
Actualmente los delegados de nuestro país ante el SCAR, son el Dr. Alvaro Soutullo, Director de Coordinación Científica del IAU y el Dr. Juan Cristina, Decano de la Facultad de Ciencias de la UdelaR.
El actual presidente del SCAR, es el Profesor Steven Chown, de la Universidad de Monash en Australia, quien manifestó que: “En los últimos 60 años, los científicos antárticos han realizado sorprendentes descubrimientos que han cambiado la forma en que vemos nuestro mundo … Estos descubrimientos han influido en las políticas globales para prohibir el uso de químicos que agotan la capa de ozono; proteger los ecosistemas del Océano Austral y generado insumos sobre las discusiones internacionales referidas al cambio climático.”
La última reunión del SCAR, se celebró en Kuala Limpur en Malasia en agosto de 2016 y la próxima reunión de delegados, junto a la Open Science Conference, se llevarán a cabo este año en Davos, Suiza, del 15 al 27 de junio de 2018, bajo el lema “Donde los polos se encuentran” www.polar2018.org



[i] Diario "La Mañana", Dir.: Carlos Manini Ríos, Año XLIV, No.: 15.625, de Sábado 18 de marzo de 1961, pág.: 4. Transcripto del original, disponible en la Biblioteca Nacional, por Delia Musso.
[ii] Fuente: págs. 3 y 4 de la “Publicación Nº 18” del Instituto Antártico Uruguayo. 1975

domingo, 11 de febrero de 2018

50 años de la fundación del Instituto Antártico Uruguayo

Crónicas del Uruguay y la Antártida
Por Waldemar Fontes
Esta crónica fue preparada para el segmento “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 10 de febrero de 2018, trasmitido por Radio Uruguay. - Escuchar el programa.


En una calurosa tarde de verano, el 9 de enero de 1968, un grupo de personas conversaba sobre el frío que haría en la Antártida y uno de ellos, tenía una idea, una visión: Uruguay debía estar en la Antártida.
Desde la azotea de la casona de la calle Ascasubí 4286, en el barrio La Teja, se podía apreciar, la bahía del puerto de Montevideo y desde allí, él lo sabía, era fluido el tránsito de buques hacia el sur.
La bahía, protegida por la Fortaleza del Cerro era, donde en 1776 la Corona Española había establecido el Apostadero Naval, que ejercía jurisdicción, desde estas costas, hacia el sur, incluyendo las tierras que se pudieran descubrir, en las heladas regiones desconocidas.
En la misma zona, a mediados del Siglo XIX, Samuel Lafone había establecido un saladero y fundado un pueblito con casas de teja, que dio nombre al barrio.  Expandiéndose, comenzó con la caza de lobos marinos en costas cercanas y luego, se fue más al sur, tras la caza de ballenas, estableciéndose en las Islas Malvinas, a la vez que se mantenía una línea marítima que por muchos años fue el principal medio de transporte y comunicación hacia las Islas y el Cabo de Hornos.
La proyección uruguaya a la Antártida, había quedado detenida luego de 1916, cuando el buque Instituto de Pesca Nº 1, navegara al sur del paralelo 60º en pleno invierno antártico, para volver a Montevideo y después de años de navegación, depositar su estructura a corroerse hasta desaparecer en la playa de Capurro, cerca de La Teja.
En el verano montevideano de 1968, la potencialidad del puerto y su proyección al sur, seguían estando allí.  Solo faltaba un visionario que le diera forma y ese era el Profesor Julio César Musso.
Diez años atrás, Musso había emprendido una cruzada tratando de concientizar a la población y las autoridades acerca de la importancia de participar de las actividades que se venían gestando para la organización del Año Geofísico Internacional 1957-1958, que culminara con la firma del Tratado Antártico de 1959.
En una nota publicada en el Diario La Mañana, el 19 de marzo de 1961, Musso planteaba un “Proyecto Nacional Antártico”, en donde proponía: crear una Comisión Uruguaya de Cooperación Antártica, apoyar las actividades relacionadas a la caza de ballenas, fundar un Instituto de Enseñanza del Antártico, publicar una revista Antártica y planificar la primera misión científica uruguaya a la Antártida.
En base a este proyecto, en junio de 1962, publicó el primer número de la revista, "Antártida Uruguaya - por la creación de la Comisión Uruguaya de Cooperación Antártica", en cuyo titular expresaba la siguiente propuesta.

Nos proponemos organizar la primera expedición científica uruguaya al Continente Antártico, radicando una estación de observación meteorológica, electromagnética y de radiocomunicaciones, ampliación de estudios oceanográficos”… y adjuntaba un mapa, con una flecha que indicaba el destino de esa expedición y la ubicación de una futura base científica, que llamaba “Artigas”.
En la mañana del martes 9 de enero de 1968, se habían reunido en la casa del Profesor Musso, en La Teja y habían firmado el Acta de Fundación, por la cual se aprobaban los estatutos del Instituto Antártico Uruguayo, diciendo:
En Montevideo, República Oriental del Uruguay, el día nueve de enero de mil novecientos sesenta y ocho, a la hora 10, se reúnen los fundadores del INSTITUTO ANTARTICO URUGUAYO, en el local social de la calle Ascasubí 4286 de dicha ciudad, convocados especialmente entre sí, a los efectos de aprobar los Estatutos de dicho Instituto, conforme el texto ahora inserto en papel sellado números: B-2783804 y dorso, 2783805 y dorso, 2783806 y dorso, 2783810 y dorso, 2783811 y dorso. 2803554 y dorso, 2727726 y dorso y 2727727 y dorso hasta ante penúltima línea, así como otras providencias concordantes.
Los Fundadores: Don Mario S. Musso, credencial cívica BUB-2819, de nacionalidad uruguayo, don Mario H. Mignot, credencial cívica BBB-15320, de nacionalidad uruguayo, Don Ricardo Piaggio, credencial cívica BAB-11770 de nacionalidad uruguayo, Don Julio C. Musso, credencial cívica BUB-3239, de nacionalidad uruguayo y Don Fernando C. Souto, credencial cívica BCA-40455, de nacionalidad uruguayo, RESUELVEN:
PRIMERO: Aprobar íntegramente el texto de los Estatutos que regirán al Instituto Antártico Uruguayo, cuyo detalle precedente y conforme los folios ahora en papel sellado ya citado, se someten a la consideración del Ministerio de Cultura, para la obtención de la pertinente personería jurídica, de conformidad con el Artículo 21 del Código Civil de la República.
SEGUNDO: Designar en este acto y por unanimidad, al señor Escribano Don Carlos A. Denby para la presentación, protocolo, gestión y certificaciones notariales necesarias, para la obtención de la pertinente personería jurídica.
TERCERO: Autorizar por unanimidad y con las más amplias facultades, al Prof. Julio C. Musso, para que acepte las modificaciones que pudiere indicar el Poder Ejecutivo, por la vía pertinente, de estos Estatutos.
CUARTO: Constituir en este acto, el primer Consejo Directivo del Instituto Antártico Uruguayo, con la salvedad de que actuarán a plena responsabilidad civil y personal y hasta la fecha de la pertinente autorización de la personería Jurídica.
SÉPTIMO: Habiéndose agotado el temario de la reunión, con la aprobación de lo prece­dentemente indicado, el Secretario da lectura completa del texto de la presente Acta de Constitución, siendo la hora catorce, procediéndose a la rúbrica y firma, por cada uno de los Fundadores.
CERTIFICO que las firmas que anteceden son auténticas y pertenecen a las personas de mi conocimiento que llevan los nombres de Mario S. Musso, Mario H. Mignot, Ricardo Piaggio, Fernando Souto y Julio C. Musso. EN FE DE ELLO y a solicitud de parte interesada, siento el presente que sello, signo y firmo en Montevideo y en la precitada fecha.
Carlos A. Denby

En el grupo de personas que firmaron el acta, figuran su hermano, Mario S Musso (fallecido en 1991), un empresario vinculado al transporte de valores, en la empresa Juncadella Musso y padrino de su hija, Delia y Ricardo Piaggio, cuñado de ambos, casado su hermana Esther Musso de Piaggio.
El profesor Julio Musso, se dedicaba al transporte y tuvo diversos emprendimientos, pero desde 1958, dedicó su vida a la prédica por lograr que el Uruguay estuviera en la Antártida. Tenía tanta fe en su visión, que hipotecó su casa de la calle Ascasubí, para disponer de dinero para seguir adelante con su cruzada.
Julio César Musso, fue el primer Presidente del Instituto Antártico Uruguayo y dirigió sus trabajos hasta el 28 de agosto de 1975, fecha en que fue oficializado, pasando a depender del Ministerio de Defensa Nacional, evolucionando hasta ser el pujante Instituto estatal que hoy dirige las actividades antárticas de nuestro país.
Musso, nunca pudo conocer la Antártida y en sus últimos años quedó relegado y su aporte, olvidado.   Murió en agosto de 1984, sabiendo que en enero de ese año, una misión uruguaya había llegado a la Antártida por sus propios medios.
En este verano austral de 2018, una embarcación destinada a la investigación científica, fue botada en la Base Artigas bautizada con su nombre, a manera de homenaje al fundador del Instituto Antártico Uruguayo, hace 50 años.
Lancha científica "Prof. Julio C. Musso" lista para ser botada en al servicio en la Base Científica Antártica Artigas en enero 2018.   Foto RRPP IAU




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sábado, 27 de diciembre de 2014

José Bustamante y Guerra y su corbeta La Atrevida

Apuntes sobre las vivencias de Don José Bustamante y Guerra, Comandante de la corbeta "Atrevida" en la Expedición Malaspina de 1789 a 1794 y Gobernador de Montevideo entre 1797 y 1804.  por Waldemar Fontes

Crónicas del Uruguay y la Antártida
Esta crónica fue preparada para el segmento “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 3 de febrero de 2018, trasmitido por Radio Uruguay. - Escuchar el programa .

José Bustamante y Guerra
En diciembre de 1789, arribaban al Puerto de Montevideo dos corbetas, la “Descubierta” y la “Atrevida”, que venían en viaje de exploración y de investigación científica, con la finalidad de reafirmar la presencia de la Corona Española sobre los mares que por derecho, le pertenecían.

La expedición venía al mando de Alejandro Malaspina, que comandaba la Descubierta y de José Bustamante y Guerra, que comandaba la Atrevida.

Particularmente de éste último, queremos destacar su participación, pues don José Bustamante y Guerra, luego de esta expedición, fue Gobernador de Montevideo.

La expedición había zarpado del puerto de Cádiz el 30 de julio de 1789, con el aval del Rey Carlos III, quien lamentablemente falleció mientras las naves surcaban el Atlántico.

Las corbetas habían sido construidas especialmente para la expedición y además de la tripulación se habían embarcado a destacados científicos, naturalistas, así como a varios pintores, dibujantes y cronistas.

El itinerario recorrido abarcó una ruta que las llevó desde Montevideo a las Islas Malvinas y la Patagonia, doblando el Cabo de Hornos, donde exploraron la costa del Pacífico, recorriendo Chiloé, Talcahuano, Valparaíso, Islas Desventuradas, El Callao, Guayaquil, Panamá y Acapulco.

Allí, el Rey Carlos IV, les encargó explorar la zona de Alaska en procura de hallar el paso del Noroeste, navegando en latitudes polares en torno al Paralelo 60º Norte.

Desde Alaska, regresaron al sur, recorriendo el Pacífico, hasta llegar a Australia y Nueva Zelanda, para luego volver a América del Sur, donde la Atrevida, al mando de Bustamante y Guerra, navegó en latitudes antárticas, en  torno a las Islas Georgias del Sur, con la tarea de confirmar los descubrimientos de las islas Antillas del Sur, navegando en las costas de las islas Aurora, las Cormorán y las Rocas Negras.

En esta navegación se destacó también el relato de Don Francisco Xavier de Viana, un Oriental que participó de la Expedición y que fue luego Sargento Mayor de la Plaza de Montevideo, Ministro de Guerra y Marina en Buenos Aires y Gobernador de Las Malvinas.  

Xavier deViana, escribió un “Diario de Viaje” que fuera publicado en 1820, antes de salir a luz la crónica oficial “Viaje Político alrededor del mundo por las corbetas Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes D. Alejandro Malaspina y D. José de Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794, con la introducción del Teniente de Navío D. Pedro Novo y Colson."

La Atrevida navegando entre los hielos antárticos

En el relato escrito por Malaspina, se testimonian las exploraciones antárticas realizadas y a través de los dibujos de los artistas Fernando Brambila y Bartolomé Maura, podemos apreciar las dificultades que afrontó la Atrevida, el 28 de enero de 1794, navegando entre los témpanos.

Una vez completada la exploración de la región austral, ambas naves se reencontraron en Montevideo, para zarpar de regreso a Cádiz, a donde arribaron el 21 de setiembre de 1794.


La expedición fue totalmente exitosa, pero al regresar a España, Malaspina cayó en desgracia,  pues sus comentarios a favor de las Colonias, criticando a la Corona, lo enemistaron con el Rey, por lo que fue encarcelado.

José de Bustamante y Guerra, sin embargo, fue ascendido a brigadier general; siendo nombrado Gobernador de Montevideo, a donde llegó el 11 de febrero de 1797, ostentando además el título de Comandante General de los bajeles del Río de la Plata con la misión de poner en marcha su plan de defensa de la América meridional, de la agresión que las Potencias europeas venían conduciendo en su contra.

Al respecto, el libro de Historia Patria de HD, decía
El brigadier D. José de Bustamante y Guerra (fue el 5° gobernador de Montevideo entre 1797 y 1804).
- Bustamante y Guerra era un personaje ilustre y experto marino. Poco antes de asumir el gobierno de Montevideo, había acompañado como segundo a D. Alejandro Malaspina en la expedición científica que este ilustre marino español hizo a estas regiones, de 1789 a 1794. Componíase esta expedición de las corbetas Descubierta y Atrevida, las cuales reconocieron minuciosamente nuestras costas, haciendo en ellas toda clase de investigaciones astronómicas, geográficas y de historia natural.

En febrero de 1797, recibióse del gobierno de Montevideo el brigadier de la Real Armada don José de Bustamante y Guerra,  quien venía además investido del mando de la marina militar del Río de la Plata.
Era el nuevo gobernante de ideas levantadas y progresistas; su honrada y provechosa administración le pone en el pri­mer puesto entre todos los gobernadores que tuvimos durante la dominación española.
Apenas hubo asumido el man­do, reunió a los habitantes de Montevideo en Cabildo abierto, impúsose de las necesidades de la ciudad y proyectó varias resoluciones para remediarlas.
Montevideo le debe muchas mejoras, entre otras la dotación de agua potable, allanamiento de caminos, etc. 1797.
En los comienzos del gobierno de Bustamante y Guerra, creóse en Montevideo un cuerpo de Blandengues, donde empezaron su carrera militar D. José Rondeau y el futuro Jefe de los Orientales D. José Artigas.
Según la Real Cédula que acreditaba su nombramiento, venía Bustamante a sustituir a Feliú "por haberse cumplido a éste su tiempo"; pero parece que no fueron extrañas a tal resolución las repetidas protestas del Cabildo ante la Corte centra los desmanes del gobernador cesante.
Con esta sustitución daba a entender el Rey que había trocado su antigua política por un sentimiento de mayor aprecio hacia el Uruguay, y que deseaba por fin, levantar ese país a la altura a que era merecedor por su situación topográfica y sus riquezas naturales.

Nota del libro HD
El brigadier D. José de Bustamante y Guerra fue el mejor gobernador que tuvimos durante la dominación española.
Terminado su gobierno, embarcóse para España; pero cayó prisionero de los inglesas frente al cabo Santa María (p 222).
Puesto en libertad, fue a ofrecer sus servicios a la Junta de Sevilla (p. 254), la cual le confió la Capitanía General de Guatemala (1810), donde se distinguió por su actividad en perseguir a los partidarios de la Independencia, f 1826).

Al terminar su mandato, en 1804, Bustamante y Guerra regresó a España al mando de una flotilla de cuatro fragatas, que transportaban mercaderías y valores, la que fue interceptada por una escuadra inglesa entablándose un combate que se conoce como la Batalla del Cabo de Santa María.

Bustamante y Guerra, ante las pérdidas sufridas decidió rendirse, provocando que dos de las fragatas, que venían con caudales de comerciantes de Lima y de Buenos Aires, fueran voladas, tomándose como presas al resto de la flota.

Los restos de ese hundimiento, originaron una moderna polémica cuando los buscadores de tesoros de la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration descubrieron en 2007, en la zona del golfo de Cádiz, el pecio de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hallando 500.000 monedas de plata y oro acuñados en Perú en 1803, además de otros objetos que fueron extraídos y llevados a los Estados Unidos, donde comenzó un litigio entre España y la empresa norteamericana por los derechos del hallazgo.

Bustamante y Guerra fue tomado como prisionero y una vez liberado, fue sometido a un consejo de guerra en España, donde sus valiosos antecedentes en la expedición Malaspina, ayudaron a que resultara absuelto, teniendo oportunidad de luchar luego en la Batalla de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, contra Napoleón.

En 1807 fue nombrado vocal de la Junta de fortificaciones y defensa de las Indias. 

En 1808 abandonó Madrid por no querer prestar juramento al rey intruso José Bonaparte y tuvo que huir a Sevilla,  poniéndose a la orden de la Junta Suprema Central que le ascendió a Teniente General, bajo el reinado de Fernando VII.

En 1810 fue destinado a la Capitanía de Guatemala, siendo un ferviente defensor de la monarquía, reprimiendo a los insurgentes independentistas.

Volvió a España en 1819 y en 1820 recibió la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y fue nombrado director general de la Armada hasta 1822. 

En 1823, integró la Junta de expediciones a América y luego trabajó en el Ministerio de Marina de Madrid hasta su muerte en 1825. 

Nota:
Finalizada la Expedición Malaspina, la "Atrevida" regresó al Río de la Plata, a servir en el Virreinato del Río de la Plata y halló su fin defendiendo a Montevideo de las Invasiones Inglesas, siendo volada por el teniente de navío Antonio Leal de Ibarra en la rada del puerto, ante el asalto de los ingleses en la madrugada del 3 de febrero de 1807, para cubrir la retirada de los civiles, soldados y marinos que eludían la ocupación británica. 
La “Descubierta” estaba en ese momento destacada en Malvinas, bajo las órdenes del capitán de fragata Bernardo Bonavía (fuente: www.carlosparrillapenagos.es/pintura-naval ).


Los restos de la Atrevida, fueron parcialmente rescatados más de dos siglos después, en ocasión de las obras de dragado para la ampliación del puerto de Montevideo.  Las piezas recuperadas se exhiben en la sede de las oficinas de Terminal Cuenca del Plata.


Referencias:
  • “Viaje Político alrededor del mundo por las corbetas Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes D. Alejandro Malaspina y D. José de Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794, con la introducción del Teniente de Navío D. Pedro Novo y Colson."
  • “Diario de Viaje” de Xavier de Viana, Colección de Clásicos Uruguayos, Montevideo 1958.
  • "Las Corbetas del Rey.  Viaje alrededor del mundo, de Alejandro Malaspina (1789-1794)" por Andrés Galera Gómez - España 2010
  • ver: http://www.fbbva.es/TLFU/microsites/malaspina/index.html 


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Proyecto: 
Crónicas del Uruguay y la Antártida
En esta obra se relatan en forma de crónicas, historias y hechos que vinculan al Uruguay con la Antártida.
Escrito por Waldemar Fontes – http://lodewafo.blogspot.com/

con el apoyo de la Asociación Civil Antarkos

sábado, 20 de diciembre de 2014

Viggo Holt, telegrafiando desde la Antártida en 1928

Viggo Holt, un uruguayo en la Expedición Wilkins-Hearst a la Antártida de 1928
Crónica de Waldemar Fontes

En 1928, llegaba a Montevideo la expedición Wilkins-Hearst, la primera expedición que empleara el medio aéreo en la Antártida.
Como en otras ocasiones, nuestro territorio sirvió de base logística, para una nueva expedición y en esta ocasión no solo se brindó apoyo, sino que un uruguayo participó de la misma.


El afortunado expedicionario, fue el telegrafista Viggo Holt, nacido en Dinamarca, pero afincado en Uruguay desde muy pequeño.

Viggo Holt, logró ir a la Antártida, pero para ser seleccionado debió competir con otro telegrafista uruguayo, Don Valerio Durañona quien se ofreció a participar también.

Al respecto, destacamos la investigación realizada por la historiadora Cristina Montalbán, que presentara el IX Encuentro de Historiadores Antárticos Iberoamericanos, celebrado en Lima, Perú, en 2005 y luego publicado en el libro “Esbozando la historia antártica latinoamericana” (LW Editorial, Chile, 2013) donde recopila información sobre su vida familiar, accediendo a los relatos manuscritos de Holt, titulados “Cinco Hombres al Polo Sur” y “La Gran Aventura”.

De esta investigación de C. Montalbán y de otras fuentes, hemos recopilado información para esta crónica.

Viggo Holt había llegado a nuestras costas muy pequeño, donde su madre viuda se casó en segundas nupcias con el proveedor marítimo Otto Olsen Böje. Había embarcado a los  14 años como grumete en el buque noruego “Nordking”, donde navegó por cuatro años.

A los 18, había desembarcado en Copenhague, estudiando la carrera de radiotelegrafista, tras lo cual sirvió otros 4 años en buques suecos y noruegos, hasta que regresó a Montevideo.

Según surge de sus manuscritos, en 1928 estaba buscando trabajo, tal vez en un buque donde embarcar como radio operador, así que cuando circuló el anuncio publicado por el representante de la Agencia Naviera Gordon Firing, que abastecía a Wilkins, sus conocidos lo llamaron y le ofrecieron el trabajo.


Parece que Holt no tomó en serio el ofrecimiento, respondiendo que “allí haría mucho frío”, pero al pensarlo mejor, decidió ir al Hotel donde se alojaba Wilkins, para entrevistarse con el expedicionario,
Wilkins al enterarse de su experiencia y de su dominio de los idiomas escandinavos, además del inglés y el español, no debió dudar en contratarlo, aunque no lo manifestó enseguida.




El hecho de que no se confirmara la contratación de manera pública, dio lugar a que otros postulantes se siguieran presentando, siendo el más notorio el caso de don Valerio Durañona- quien fue mencionado en un artículo de la revista “Caras y Caretas” como viajando con la expedición hacia el Polo Sur… lo que motivó que escribiera varias cartas a los medios que habían difundido esa errónea información, expresando allí su desilusión por no haber sido elegido, pero también el mantener su postulación para otras expediciones si las hubiera.

Al partir la expedición, Viggo Holt prometió a los reporteros que dentro de lo posible, mandaría noticias de la marcha de los acontecimientos.

En la Revista “Mundo Uruguayo”, se fueron publicando crónicas y noticias de la expedición que partió en el buque “Hektoria” el que llegó a la Isla Decepción el 6 de diciembre de 1928, descargando las provisiones y los aviones.

A su llegada a la Isla Decepción, Holt anotaba que observó algunas focas y miles de pingüinos, refieriéndose a ellos como “amigos de todos los exploradores antárticos”, que parecían pasear “con su vestimenta de frac”.

Sus comentarios mencionan la impresión que le causó, el viento frío y los frecuentes temporales que levantaban la nieve que golpeaba. “como un látigo”. Bajo ese clima, los cinco hombres, prepararon las pistas para el despegue de los aviones, hasta que por fin pudieron emplearlos

En la expedición, Holt se ocupaba de las comunicaciones y en sus relatos detalló que su tarea consistía en constatar el buen funcionamiento de los “dos pequeños transmisores de emergencia con dínamos montados sobre rulemanes y accionados a mano” los que funcionaron muy bien durante toda la campaña.

Holt escribió que todas las mañanas recogía las noticias de la Estación San Francisco Examiner K.U.P, “para estar al tanto de lo que ocurría en el mundo”, varias veces se había puesto en comunicación con la expedición de Byrd, con la estación Tromsoe y con la I.G.N. –ambas noruegas- interceptando y transmitiendo mensajes sin ningún inconveniente.

Explicaba además, que había enviado un mensaje de prensa de 3000 palabras, sin repetir ninguna, ¡obteniendo respuesta a los 15 minutos!.

También mencionaba que había logrado captar música, con un receptor de onda corta de tres válvulas y que había captado transmisiones desde Buenos Aires, mediante un receptor Marconi de onda corta, al que le había cambiado las bobinas por las de onda larga.

Esto, más la eficiencia en las comunicaciones internas de la expedición , le valieron el aprecio de Wilkins, quien escribió una nota en la Isla Decepción fecha 30 de enero de 1929, destacando la calidad de su trabajo y planteando su esperanza que volviera a formar parte del equipo en el siguiente año, cuando se continuaría la expedición.

En Marzo de 1929, en una nota publicad en la Revista “Mundo Uruguayo”, Holt corroboró que volvería a integrar el equipo de Wilkins en la temporada 1929-30.

Al finalizar la segunda campaña, Holt recibió una nueva nota de Wilkins donde le agradecía su desempeño y expresaba su intención de continuar requiriendo sus servicios si se presentaba la ocasión.

Al regresar a Montevideo, Viggo Holt continuó durante más de diez años, con su profesión de radiotelegrafista de buques.

En 1943, se casó con Elsa Ravenna, con la que tuvo tres hijos: Ingrid, Christian y Elsa y pasó a encargarse del negocio familiar de proveeduría marítima.


Referencias:
Desde el Puerto de Montevideo a la Conquista de la Antártica
por Tte. 1º (AV.) (R) JUAN MARURI, FAU.

Una Fuente uruguaya inédita en la primera expedición aérea antártica.
Por Lic. Cristina Montalbán

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Proyecto: 
Crónicas del Uruguay y la Antártida
En esta obra se relatan en forma de crónicas, historias y hechos que vinculan al Uruguay con la Antártida.
Escrito por Waldemar Fontes – http://lodewafo.blogspot.com/

con el apoyo de la Asociación Civil Antarkos