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sábado, 1 de septiembre de 2018

Ballenas, Malvinas y Antártida al comienzo de la Guerra Fría


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Al final de la Segunda Guerra Mundial, se reavivó el interés por la caza de la ballena y gobierno argentino presidido por Perón, enfrentaba al gobierno de Uruguay, que se mantenía alineado con los Estados Unidos... Había comenzado la Guerra Fría.

27 de febrero de 1948.
Encuentro de Luis Batlle Berres y Perón en el Río de la Plata

Ballenas, Malvinas y Antártida al comienzo de la Guerra Fría. (1946-1949)

por Waldemar Fontes

Durante la Segunda Guerra Mundial, la caza de ballenas en el Atlántico Sur y la Antártida, a pesar de los ataques alemanes, se había mantenido como una industria exitosa, llevada a cabo por el Reino Unido, desde Malvinas, por Noruega que operaba con apoyo desde el puerto de Montevideo y por la Compañía Argentina de Pesca, basada en Grytviken, en las Islas Georgias del Sur, donde muchos trabajadores uruguayos hacían trabajo zafral cada verano.

La explotación desmedida de esos años, obligó a que se entablaran conversaciones para regular actividad y en 1943, el Comité Noruego Británico organizó una reunión con el fin de analizar el tema. De esas conversaciones surgió en 1946 la Convención Internacional para la regulación de la Caza de la Ballena, la que en 1949 se transformó en la Comisión Ballenera Internacional (CBI).

En ese contexto, luego de finalizar la Guerra, las relaciones políticas en el Río de la Plata, vivían un período de extrema complejidad.

Durante la Guerra, el Uruguay se había alineado con los Estados Unidos y había declarado la guerra a Japón y Alemania, sufriendo en ese proceso, la presión de los EE.UU. para instalar bases aeronavales en nuestro territorio, lo que había sido rechazado luego de un duro debate.

En Argentina, el General Perón estaba en la cúspide de su carrera política y presionaba a los países de América del Sur para que se alinearan a su propuesta anti imperialista, contra Estados Unidos y contra cualquier potencia extra regional.

Desde Uruguay, el gobierno de Amézaga veía en Perón, una continuación del fascismo de Hitler y de Franco y por lo tanto lo consideraban una amenaza para el país.

El profesor José Rilla, en su libro “Nosotros, que nos queremos tanto", decía: “los discursos de Perón eran cada vez más enfáticos en la distinción entre la democracia real y la democracia formal, justo en el momento en que el Uruguay restauraba las formalidades de su contrato político. En el verano de 1946, algunos diplomáticos norteamericanos acreditados en Montevideo denunciaban la conspiración peronista contra el gobierno uruguayo de Amézaga o notificaban que los expertos de Perón circulaban por Montevideo, en contacto permanente con Haedo y aportando dinero para las campañas herreristas. Muchos batllistas se mostraban convencidos de que la actitud de Perón hacia Uruguay lindaba con la agresión”.

Entre esas tensiones, en 1946, el gobierno argentino había planteado los derechos de soberanía sobre la Plataforma Continental hasta las 200 millas, a la vez que reclamaba el “Sector Antártico Argentino”, que se extendía sobre la Península Antártica hasta el Polo Sur.

En este proceso de expansión, Perón impulsó el proyecto de crear una flota ballenera, aprovechando la situación internacional, al final de la guerra, donde había un excedente de material flotante que los astilleros querían vender, para lo que convocó a un grupo de empresarios, que de manera secreta podrían negociar la compra de los barcos, sorteando las regulaciones que los Estados Unidos imponían para evitar que las potencias derrotadas pudieran reorganizarse.

Para llevar a cabo esa idea, convocó a Alberto Dodero, reconocido empresario naval, con propiedades en ambas márgenes del Plata, afincado en Buenos Aires, que dirigía el grupo Dodero integrado por la Compañía Argentina de Navegación Dodero S.A, conocida también como Dodero Line, la Compañía Uruguaya de Navegación Limitada, el Hotel Cataratas del Iguazú y otras empresas, estando abocados a la construcción del Hotel Victoria Plaza, en Montevideo.

Alberto Dodero, vio una oportunidad de negocios y aceptó la propuesta, colaborando con Perón para reunir un equipo de empresarios que demostraban condiciones para la tarea, entre quienes estuvieron Aristóteles Onassis, un griego armador de buques petroleros, el austríaco de origen judío Fritz Mandl y el irlandés Alfredo Ryan, mecánico naval que dirigía talleres de reparación en ambas márgenes del Plata y que había contribuido a la reparación de los buques británicos Achiles, Exeter y Ajax, luego del combate contra el acorazado alemán Graf Spee en 1939.

Los cuatro empresarios habían adoptado la nacionalidad argentina y todos mantuvieron fluidas relaciones con Alemania durante y después de la guerra, por lo que se los vinculó a la protección de prófugos nazis que habrían llegado al Río de la Plata en esos tiempos, lo que los puso en la mira de los servicios de espionaje americanos y británico.

El 27 de noviembre de 1946, hubo elecciones en Uruguay y ganó la fórmula Tomás Berreta – Luis Batlle Berres, contraria a la política de Perón, que había apoyado abiertamente al candidato opositor, Luis Alberto de Herrera.

Una vez electo, Tomás Berreta fue invitado a una gira por los Estados Unidos, donde dejó constancia de su alarma por la agresividad del gobierno argentino y por la carrera armamentística que éste venía desarrollando.

El Presidente Tomás Berreta falleció a los pocos meses de asumir su cargo y fue sustituido por Luis Batlle Berres, quien siguió su misma línea.

El 27 de febrero de 1948, se produjo la famosa reunión entre los presidentes Perón, de Argentina y Batlle Berres, de Uruguay en aguas del Río de la Plata.

Batlle Berres llegó al encuentro navegando en el buque Capitán Miranda y pasó al yate Tecuara, donde lo aguardaba Perón, que hacía de anfitrión.

Hasta ese momento, Argentina no reconocía a Uruguay, ningún derecho sobre las aguas del Río de la Plata, según la doctrina Zeballos de 1890 y el hecho de que la invitación proviniera de Argentina y se hiciera a bordo de un barco fondeado en el medio del Río, se consideró un indicador de buena voluntad y según algunas fuentes, se lo vio como una victoria para los reclamos uruguayos, abriendo puertas para comenzar a negociar otros temas, como el turismo que estaba restringido por las regulaciones argentinas para entrar y salir del país, el déficit de la balanza comercial y los límites fluviales.

En la reunión participaron las esposas de ambos mandatarios, autoridades de los gobiernos y estaba allí, el empresario Alberto Dodero, nacionalizado argentino pero nacido en Uruguay, descendiente de una familia de genoveses afincados en Montevideo y que se había convertido en mano derecha y amigo personal de Perón y de su esposa Eva.

Alberto Dodero era un magnate famoso en América y en Europa. -En Montevideo poseía la residencia Villa Betalba, donde se hacían fiestas memorables a la que concurrían personalidades del jet set que huían de una Europa devastada por la guerra, reuniendo a estrellas de Hollywood y famosos de todo tipo, con Evita Perón, asidua visitante de la villa.

Luego de la reunión entre los Presidentes Batlle y Perón, se suavizaron un poco las relaciones diplomáticas, aunque las tensiones proseguían, pues numerosos perseguidos políticos argentinos buscaron refugio en Uruguay, haciendo desde aquí, propaganda en contra de Perón, lo que no ayuda a resolver los problemas.

Por otro lado, la amistad entre los Herreristas y Perón se hacía más intensa y era proclamada en cada ocasión que se presentaba, particularmente por Victor Haedo y otros.

En ese marco, el 9 de marzo de 1948, el Partido Nacional promovió una reunión de la Unión Continental Iberoamericana (UCI), llevada a cabo en la Casa del Partido Nacional, con la concurrencia de delegaciones de Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Panamá, México, Venezuela, entre otros, donde se promovió una declaración que expresaban los objetivos fundamentales de ese movimiento: 1) La restauración del panamericanismo a sus pautas tradicionales... 2) La revisión de los acuerdos de emergencia bélica que habían transfigurado la Asociación Panamericana. 3) Una reforma sustancial de la Carta de las Naciones Unidas. 4) la unión de los pueblos Iberoamericanos para una acción vigilante y permanente de la paz mundial, independiente de las dos masas imperialistas que se disputaban en ese momento el dominio del mundo.

Esta declaración, fue interpretada tanto por Argentina como Chile, como un reconocimiento y un apoyo a los reclamos que estaban presentando sobre la Antártida y un desconocimiento de las pretensiones británicas sobre esas mismas regiones, aunque no dejaba de ser más que una mera expresión de deseos, pues los gobiernos de los países de donde provenían los delegados que participaron de la reunión, no necesariamente compartían lo que allí se expresaba y por ejemplo el gobierno de Luis Batlle Berres, seguía alineado con propuesta de los Estados Unidos de internacionalizar la Antártida…

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay.


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#CronicasAntarticas


Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar 
el sábado 1 de setiembre de 2018, trasmitido por Radio Uruguay

sábado, 25 de agosto de 2018

Visiones uruguayas sobre el “Problema de la Antártida” 1947-1948


Entre los años 1947 y 1948, se produjo un duro conflicto en torno al Atlántico Sur, las Islas Malvinas y los reclamos territoriales que sobre la Península Antártica, planteaban Argentina, Chile y el Reino Unido. El Uruguay no estuvo ajeno a este conflicto, conocido como el “Problema de la Antártida” o la “Cuestión Antártica”...

El buque británico John Biscoe que recalaba en Montevideo entre 1947 y 1956

Visiones uruguayas sobre el “Problema de la Antártida”
por Waldemar Fontes


Entre los años 1947 y 1948, se produjo un duro conflicto en torno al Atlántico Sur, las Islas Malvinas y los reclamos territoriales que sobre la Península Antártica, planteaban Argentina, Chile y el Reino Unido. Este conflicto, aún no resuelto, es conocido como el “Problema de la Antártida” o la “Cuestión Antártica”. 

El agravamiento de esta pugna, se produjo luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1946, cuando la Argentina, gobernada por el General Perón, planteó un reclamo sobre la Plataforma Continental, estableciendo el “Sector Antártico Argentino”, que se extendía sobre la Península Antártica, hasta el Polo Sur. 

La decisión de Argentina se produjo en un entorno diplomático complejo, en plena Guerra Fría, cuando las potencias se disputaban el dominio del mundo. 

Desde 1943, el Reino Unido venía desarrollando en la Antártida, la operación “Tabarin”, en prevención de que la Alemania Nazi se instalara en esas regiones, lo que produjo reiterados conflictos con las actividades que tanto Argentina como Chile, pretendían desarrollar en la misma región antártica. 

Los buques de la Armada británica que participaban de la Operación Tabarín, recalaban habitualmente en Montevideo y sus tripulaciones desembarcaban y convivían en nuestra ciudad. 

El problema de la Antártida cobró mayor notoriedad en 1947, cuando Estados Unidos envió a la Antártida la operación “Highjump”, compuesta por una flota de 13 buques, con cerca de 5000 efectivos, lo que provocó la reacción de los gobiernos de Chile y de Argentina. Esta reacción se concretó a través de negociaciones que culminaron en un acuerdo para la defensa de sus reclamos sobre la Antártida, frente a las pretensiones de las potencias extra-regionales. 

Este acuerdo, firmado el 4 de marzo de 1948, postergaba cualquier disputa que hubiera entre Argentina y Chile, hasta tanto se resolviera el conflicto principal, declarando: 

1) Que ambos Gobiernos actuarán de común acuerdo en la protección y defensa jurídica de sus derechos en la Antártida Sudamericana, comprendida entre los meridianos 25° y 90°, de longitud oeste de Greenwich, en cuyos territorios se reconocen Chile y la República Argentina indiscutibles derechos de soberanía. 

2) Que están de acuerdo en continuar su acción administrativa, de exploración, vigilancia y fomento en la región de frontera no definida de sus respectivas zonas antárticas, dentro de un espíritu de cooperación recíproca. 

3) Que a la mayor brevedad, y, en todo caso, en el curso del presente año, proseguirán las negociaciones hasta llegar a la concertación de un tratado chileno-argentino de demarcación de límites en la Antártida Sudamericana…” 

Este acuerdo, pese a mencionar una “Antártida Sudamericana”, concepto surgido de la negociación Escudero-Ruiz Moreno de 1941, no era algo que incluyera reconocimiento de derechos a los otros países de América del Sur, sino que se refería a que los únicos países con derechos sobre la Antártida eran Chile y Argentina y bajo ese concepto, se planteaba que los otros países, apoyaran el reclamo de argentino-chileno, contra la ocupación de una potencia ajena a la región, o sea Gran Bretaña, sin considerar otras eventuales opciones, como la que planteaba desde Uruguay el Capitán de Navío Carlos Travieso, quien desde 1946 declaraba que los países del hemisferio sur, con proyección a la Antártida, tenían derechos sobre ese Continente y debían reunirse para fortalecer sus posiciones, proponiendo que esa reunión se hiciera en Montevideo. 

Esa propuesta uruguaya, no tuvo apoyo internacional, diluyéndose en la compleja lucha de poder que se gestaba en la región, donde se planteaban dos grandes posiciones, el Panamericanismo, que proponía que las Américas estuvieran unidas por un ideal común bajo la tutela de los Estados Unidos y por otro lado el Hispanoamericanismo, que promulgaba que la unión de la cultura hispánica debía primar sobre cualquier opción de dominación extranjera. 

En ambas corrientes de opinión, la presencia británica en la región austral y antártica, era cuestionada, agregándose además la reclamación de Guatemala, por la soberanía de Belice, en una época de descolonización… 

En ese marco, el Profesor Juan Lagomarsino, en junio de 1948, planteaba la pregunta “¿De quién es la Antártida”, analizando en una conferencia que dictó en la Alianza Uruguay Estados Unidos, cómo, según su punto de vista, la Antártida había sido descubierta por el Capitán Palmer, un ballenero americano que navegara en la zona de la Península Antártica en las temporadas de 1818 y 1819, por lo que si alguien tenía derechos sobre ese continente, debería ser su descubridor, dejando en claro que a pesar de esa posibilidad, los Estados Unidos no estaban planteando reclamos sobre la Antártida por lo que tampoco reconocían derechos a otros países. 

El Profesor Lagomarsino, decía que los reclamos planteados, deberían llevarse a la Corte Internacional de Justicia, a las Naciones Unidas, o a una mesa de negociaciones, declarándose partidario del arbitraje como la más adecuada fórmula jurídica para resolver controversias y se congratulaba de que Uruguay estuviera exento del problema de la Antártida, explicando que los uruguayos éramos en ese asunto, “perfectos neutrales” al no tener planteada oficialmente ninguna reclamación territorial en las regiones antárticas. 

Por otro lado, planteaba que el asunto de las Islas Malvinas no estaba del todo entendido por la opinión pública, diciendo que: “una cosa bien definida son las Islas Malvinas, pero otro problema totalmente distinto era ´las Dependencias de las Malvinas´; a partir de donde Gran Bretaña había extendido su jurisdicción hasta los territorios de Antártida y el Atlántico Sur”. 

Según lo planteado por el profesor Lagomarsino, los Estados Unidos de América, a pesar de los posibles derechos que podrían esgrimir por haber descubierto la Antártida, no planteaban reclamos territoriales, sino que buscaban maneras alternativas de resolver el conflicto, presentando fórmulas como la internacionalización del continente o la aplicación de un régimen fiduciario, las que fueron ampliamente debatidas en ese momento, sin contar con el apoyo de los principales involucrados en el tema. 

Otra visión del problema de la Antártida, la dejó planteada el doctor Eduardo Víctor Haedo, mientras se desempeñaba como Senador, al ser entrevistado por La Vanguardia Española, el 9 de marzo de 1948, donde al preguntársele qué opinión le merecían las reclamaciones de Guatemala y las de Argentina y Chile, contra Inglaterra, acerca de la soberanía sobre Belice y las Malvinas e islas del Océano Antártico, expresó: 

Tanto Belice como las demás islas en pleito no son, en el entender de los sudamericanos, problemas sometidos a discusión. Confío en la sensatez de la Gran Bretaña y espero que dentro de poco se llegue a una solución que contará con las simpatías de todo el Continente; esto es que sea respetada íntegramente la soberanía territorial y política de los Estados americanos”. 

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La pugna entre Argentina y Chile contra el Reino Unido tuvo un momento álgido en febrero de 1948, cuando Argentina envió a la Antártida una flota de ocho buques de guerra, produciéndose tensiones que pudieron llegar al enfrentamiento armado. 

Afortunadamente, prevaleció la cordura y los países buscaron a través de la diplomacia, otras formas de resolver este problema, lo que llevó a la firma de una Declaración Naval Tripartita, por la cual, la  Argentina, Chile y el Reino Unido, se comprometieron a no enviar buques de guerra al sur del paralelo 60° Sur. 

Esta Declaración, con algunos altibajos, logró mantener la paz y se siguió renovando año a año, hasta 1961 cuando se la consideró ya innecesaria, pues había entrado en vigor el Tratado Antártico, firmado en Washington el 1 de diciembre de 1959. ​ 

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay.

#CronicasAntarticas



Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar 
el sábado 25 de agosto de 2018, trasmitido por Radio Uruguay


miércoles, 22 de agosto de 2018

Carlos Travieso y sus visiones sobre la Antártida Uruguaya


En una nota publicada en 1946, el Capitán Carlos Travieso decía: "Nuestro país debe reclamar un sector Antártico en cumplimiento de sus compromisos de cooperación a la defensa y seguridad del Hemisferio Occidental, protegiendo las importantísimas reservas para el futuro, de materias pesqueras y mineralógicas...
Capitán de Navío Carlos Travieso Fernández


La visión del Capitán de Navío Carlos Travieso, sobre la Antártida Uruguaya

por Waldemar Fontes

Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 18 de agosto de 2018, trasmitido por Radio Uruguay

El CN Carlos Travieso Fernández, nació en Montevideo el 27 de mayo de 1901 y falleció el 11 de noviembre de 1979. 

Había ingresado a la Escuela Naval en 1916, cuando el buque uruguayo, Instituto de Pesca Nº 1 navegó por primera vez en aguas antárticas, hace más de 100 años y desarrolló una carrera en la que llegó a ocupar el cargo de Inspector General de Marina, desempeñándose, una vez Retirado, como Ministro del Supremo Tribunal Militar. 

Era una persona con iniciativa y gran empuje y atento observador de la realidad en la que vivía, analizando las posibilidades que tenía nuestro país al finalizar la segunda Guerra Mundial, cuando al comienzo de la Guerra Fría, el nuevo ordenamiento de las potencias, obligaba a los Estados a tomar posición por un lado u otro. 

Su padre, el Dr. Carlos Travieso, alineado con el Partido Colorado, había fundado el periódico "Rivera" que más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial tomara el título de "La Nación", desde donde impulsaba la lucha contra la intromisión extranjera, siendo promotores del debate que se generara en torno a la instalación de una base aeronaval de los EE.UU. 

En esta época, el CN Carlos Travieso Fernández, había comenzado a escribir en “La Nación” con el seudónimo “Marinante”, pugnando para que las bases aeronavales que se proponían, deberían ser nacionales y no estar en manos de las potencias extranjeras, “las que en épocas de peligro para ellas daban todo de sí, pero que pasado el mismo”, -decía- “no tienen inconveniente, de olvidar y atacar a sus ex-aliados”. 

La posición defendida por La Nación triunfó con el apoyo del caudillo blanco Dr. Luis Alberto de Herrera, quien a pesar de pertenecer al Partido Nacional, defendía también esta línea. 

Justamente en ese periódico, el CN Travieso, publicó en enero de 1947, un artículo titulado “Antártida: Trampolín de ataque contra los países del Hemisferio Sur", donde expresaba que la Antártida “es un continente de 14 millones de kilómetros cuadrados, donde habría carbón, petróleo y uranio”, -el apreciado combustible para fabricar bombas atómicas, que en esos años era de vital importancia en la carrera armamentística que se estaba llevando a cabo y mencionaba el especial interés que por ese mineral tenían las grandes potencias. 

“La seguridad colectiva de estos países de la Hispano América, -decía- exige que las tierras antárticas, que, como continuación de nuestras plataformas continentales llegan hasta el Polo, sean ocupadas por sudamericanos". 

"La fórmula que lanzamos para los que puedan proponerla, es que, la mitad, se distribuya entre los países marítimos del extremo sudamericano, dándoles, con ángulo en el polo, porciones proporcionales a la extensión de costas marítimo-fluviales que cada uno tenga al sur del trópico de Capricornio... (de este a oeste Brasil, Uruguay, Argentina, Chile... y el resto que se divida entre neozelandeses, australianos y sudafricanos". 

Proponía que para lograr un acuerdo de ese tipo, sería necesario primero, empezar por acordar entre los tres países americanos más vinculados al sur, es decir: Argentina, Chile y Uruguay, promoviendo a Montevideo como sede de esa reunión, explicando que en ese encuentro, deberían dejarse claros los derechos antárticos de cada país, confrontando a los países, que provenientes del hemisferio norte, estaban ocupando posiciones que bloqueaban el desarrollo de esta región, desde una posición que calificaba como de “trampolín de ataque” contra el Hemisferio Sur. 

En los años siguientes continuó su prédica en defensa de los intereses atlánticos y antárticos de nuestro país, escribiendo en La Nación y en La Mañana o dictando conferencias en el Centro Militar y en el Club Rivera, donde era ávidamente escuchado, aunque sus propuestas no lograban concretarse. 

El 2 de setiembre de 1947, se firmaba en Río de Janeiro el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que establecía una zona de defensa continental que abarcaba desde el Polo Sur al Polo Norte, incluyendo no solo el territorio continental, sino también el mar territorial y zonas más amplias, que aunque no estuvieran en los límites establecidos, pudieran afectar la seguridad, por lo que se podría ejercer funciones de defensa sobre ellas. Este Tratado obligaba a las Partes a tomar medidas y asumir responsabilidades, por lo que Travieso estudió detalladamente cómo debería actuar el Uruguay ante el nuevo marco legal. 



En 1971, se publicó la primera edición, a mimeógrafo, de su libro “Geopolítica Atlanto – Antártida y de la cuenca del Plata”, donde recopiló los artículos y notas que había publicado en diversos medios, desde la década de 1940. Allí, bajo el título “Iniciamos el planteo de nuestros derechos Antárticos”, decía: Hace más de 20 años, en el periódico de mi Sr. Padre, se empezó a estudiar la jurisdicción de Malvinas. Después hubo otros requerimientos y se inició el llamado problema de las Bases Aeronavales que deben ser propias, para más tarde tomar la iniciativa de reivindicar y utilizar nuestra plataforma Continental. Otra iniciativa propiciada a continuación de las anteriores, fue la de la Antártida según la tesis y doctrina planteada en La Nación de enero de 1947

Venimos pues repitiendo desde hace años, -decía- que el rico continente Antártico, puede convertirse en un trampolín de ataque contra América, especialmente la del Sur y que a semejanza de lo actuado en la zona del Ártico y vecindades del polo norte, nada tienen que hacer en los hielos del sur las potencias que tienen sus metrópolis y principales puertos en la zona tórrida y menos en el hemisferio opuesto; no teniendo derecho a su pretensión de primar en los dos polos opuestos del Mundo. 

En su prédica insistía en la importancia del mar para nuestro país y se ocupó de impulsar el reclamo por la plataforma continental que se empezaba a gestar en esos años. 

En una nota publicada en el Diario La Mañana, del 2 de agosto de 1958 (Cartas de Nuestros Lectores) titulaba: “El olvido en que está una Antártida Uruguaya”, diciendo: -Desde 1946, se maneja una doctrina naval que plantea que "Nuestro país debe reclamar un sector Antártico en cumplimiento de sus compromisos de cooperación a la defensa y seguridad del Hemisferio Occidental, protegiendo las importantísimas reservas para el futuro, de materias pesqueras y mineralógicas". 

Los fundadores de esa doctrina, hemos sostenido que por nuestra posición en la zona Sud Atlántica Sudamericana, debíamos reclamar un sector oriental del hemisferio, al Este de lo que reclama Argentina, -sin interferir en la disputa por el Canal de Drake (entre Sud América y el casquete polar). Vale decir que aportaríamos nuestro derecho histórico y geográfico a la consolidación de la tesis Hemisférica de las Américas, sin agregar una estéril, inconducente disputa más, de la que sólo sacaríamos perjuicios. 

Para cumplir con nuestros compromisos, tenemos derecho a reclamar el apoyo de las Américas, su ayuda técnica y material… 

Seguía analizando por qué se había perdido tanto tiempo y por qué no se había intervenido más activamente en el Año Geofísico Internacional 1957-1958, concluyendo que las autoridades del momento, si bien le daban la razón, habían manifestado que “eso aquí, no se podía”, dilatando la propuesta, aunque, -decía- a fuerza de lucha y tesón, replanteando la cuestión, habían aparecido iniciativas contradictorias y divergentes, aunque ya ante la nueva realidad previa a la firma del Tratado Antártico, se hacía necesario una medida concreta: había que ir a la Antártida y establecerse allí. 

Para concretar ese objetivo, Travieso definió un sector específico, que llamó “Antártida Uruguaya” delimitándolo al Este del Sector reclamado por Argentina, comprendido entre los meridianos 20° E al 25° W, el que incluía el área reclamada por Noruega. 

En base a esta teoría, planteaba que Uruguay podría contribuir a la defensa hemisférica, estableciendo una estación en la isla Bouvet, ubicada en la Latitud 54° Sur y Longitud 3º Este, la que serviría como base para estudios hidrográficos, oceanográficos y meteorológicos, explicando que si se concretaba la instalación de esa base, se reivindicaría para Uruguay un sector Atlántico, lo que además de contribuir a un mejor conocimiento de la meteorología del Atlántico Sur y a la seguridad de la navegación, eliminaría el riesgo de que ese sector fuera pretendido por Rusia, Noruega, Suecia u otras potencias del hemisferio norte. 

………… 

El CN Travieso, realizó una intensa campaña por los derechos que le podrían corresponder a Uruguay en el Atlántico Sur y en la Antártida, pero los objetivos que planteó no lograron tener eco en los gobernantes de su tiempo. 

Sin embargo el concepto de Antártida Uruguaya, quedó latente y luego a partir de 1961, el profesor Musso lo tomó y lo continuó, sin lograr el resultado planeado tampoco, pero impulsando a los que vinieron después, a que adaptándose a la normativa del Tratado Antártico, se buscaran nuevos caminos para aproximarse a la Antártida y participar, haciendo valer nuestra posición geopolítica, como actores de primer orden en la administración del Continente Antártico, preservándola como legado para las nuevas generaciones. 

-Para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay. 

#CronicasAntarticas

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Referencias 
  • “Geopolítica Atlanto – Antártida y de la Cuenca del Plata” por el CN Carlos Travieso (Montevideo, 1971) 
  • “Las acciones desconocidas de un doctrinario, el C/N Carlos Travieso Fernandez”, Por Lic. Cristina Montalbán - Ponencia presentada en el X Encuentro de Historiadores Antárticos Iberoamericanos, Buenos Aires, del 1º al 3 de octubre de 2008.




sábado, 27 de diciembre de 2014

José Bustamante y Guerra y su corbeta La Atrevida

Apuntes sobre las vivencias de Don José Bustamante y Guerra, Comandante de la corbeta "Atrevida" en la Expedición Malaspina de 1789 a 1794 y Gobernador de Montevideo entre 1797 y 1804.  por Waldemar Fontes

Crónicas del Uruguay y la Antártida
Esta crónica fue preparada para el segmento “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 3 de febrero de 2018, trasmitido por Radio Uruguay. - Escuchar el programa .

José Bustamante y Guerra
En diciembre de 1789, arribaban al Puerto de Montevideo dos corbetas, la “Descubierta” y la “Atrevida”, que venían en viaje de exploración y de investigación científica, con la finalidad de reafirmar la presencia de la Corona Española sobre los mares que por derecho, le pertenecían.

La expedición venía al mando de Alejandro Malaspina, que comandaba la Descubierta y de José Bustamante y Guerra, que comandaba la Atrevida.

Particularmente de éste último, queremos destacar su participación, pues don José Bustamante y Guerra, luego de esta expedición, fue Gobernador de Montevideo.

La expedición había zarpado del puerto de Cádiz el 30 de julio de 1789, con el aval del Rey Carlos III, quien lamentablemente falleció mientras las naves surcaban el Atlántico.

Las corbetas habían sido construidas especialmente para la expedición y además de la tripulación se habían embarcado a destacados científicos, naturalistas, así como a varios pintores, dibujantes y cronistas.

El itinerario recorrido abarcó una ruta que las llevó desde Montevideo a las Islas Malvinas y la Patagonia, doblando el Cabo de Hornos, donde exploraron la costa del Pacífico, recorriendo Chiloé, Talcahuano, Valparaíso, Islas Desventuradas, El Callao, Guayaquil, Panamá y Acapulco.

Allí, el Rey Carlos IV, les encargó explorar la zona de Alaska en procura de hallar el paso del Noroeste, navegando en latitudes polares en torno al Paralelo 60º Norte.

Desde Alaska, regresaron al sur, recorriendo el Pacífico, hasta llegar a Australia y Nueva Zelanda, para luego volver a América del Sur, donde la Atrevida, al mando de Bustamante y Guerra, navegó en latitudes antárticas, en  torno a las Islas Georgias del Sur, con la tarea de confirmar los descubrimientos de las islas Antillas del Sur, navegando en las costas de las islas Aurora, las Cormorán y las Rocas Negras.

En esta navegación se destacó también el relato de Don Francisco Xavier de Viana, un Oriental que participó de la Expedición y que fue luego Sargento Mayor de la Plaza de Montevideo, Ministro de Guerra y Marina en Buenos Aires y Gobernador de Las Malvinas.  

Xavier deViana, escribió un “Diario de Viaje” que fuera publicado en 1820, antes de salir a luz la crónica oficial “Viaje Político alrededor del mundo por las corbetas Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes D. Alejandro Malaspina y D. José de Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794, con la introducción del Teniente de Navío D. Pedro Novo y Colson."

La Atrevida navegando entre los hielos antárticos

En el relato escrito por Malaspina, se testimonian las exploraciones antárticas realizadas y a través de los dibujos de los artistas Fernando Brambila y Bartolomé Maura, podemos apreciar las dificultades que afrontó la Atrevida, el 28 de enero de 1794, navegando entre los témpanos.

Una vez completada la exploración de la región austral, ambas naves se reencontraron en Montevideo, para zarpar de regreso a Cádiz, a donde arribaron el 21 de setiembre de 1794.


La expedición fue totalmente exitosa, pero al regresar a España, Malaspina cayó en desgracia,  pues sus comentarios a favor de las Colonias, criticando a la Corona, lo enemistaron con el Rey, por lo que fue encarcelado.

José de Bustamante y Guerra, sin embargo, fue ascendido a brigadier general; siendo nombrado Gobernador de Montevideo, a donde llegó el 11 de febrero de 1797, ostentando además el título de Comandante General de los bajeles del Río de la Plata con la misión de poner en marcha su plan de defensa de la América meridional, de la agresión que las Potencias europeas venían conduciendo en su contra.

Al respecto, el libro de Historia Patria de HD, decía
El brigadier D. José de Bustamante y Guerra (fue el 5° gobernador de Montevideo entre 1797 y 1804).
- Bustamante y Guerra era un personaje ilustre y experto marino. Poco antes de asumir el gobierno de Montevideo, había acompañado como segundo a D. Alejandro Malaspina en la expedición científica que este ilustre marino español hizo a estas regiones, de 1789 a 1794. Componíase esta expedición de las corbetas Descubierta y Atrevida, las cuales reconocieron minuciosamente nuestras costas, haciendo en ellas toda clase de investigaciones astronómicas, geográficas y de historia natural.

En febrero de 1797, recibióse del gobierno de Montevideo el brigadier de la Real Armada don José de Bustamante y Guerra,  quien venía además investido del mando de la marina militar del Río de la Plata.
Era el nuevo gobernante de ideas levantadas y progresistas; su honrada y provechosa administración le pone en el pri­mer puesto entre todos los gobernadores que tuvimos durante la dominación española.
Apenas hubo asumido el man­do, reunió a los habitantes de Montevideo en Cabildo abierto, impúsose de las necesidades de la ciudad y proyectó varias resoluciones para remediarlas.
Montevideo le debe muchas mejoras, entre otras la dotación de agua potable, allanamiento de caminos, etc. 1797.
En los comienzos del gobierno de Bustamante y Guerra, creóse en Montevideo un cuerpo de Blandengues, donde empezaron su carrera militar D. José Rondeau y el futuro Jefe de los Orientales D. José Artigas.
Según la Real Cédula que acreditaba su nombramiento, venía Bustamante a sustituir a Feliú "por haberse cumplido a éste su tiempo"; pero parece que no fueron extrañas a tal resolución las repetidas protestas del Cabildo ante la Corte centra los desmanes del gobernador cesante.
Con esta sustitución daba a entender el Rey que había trocado su antigua política por un sentimiento de mayor aprecio hacia el Uruguay, y que deseaba por fin, levantar ese país a la altura a que era merecedor por su situación topográfica y sus riquezas naturales.

Nota del libro HD
El brigadier D. José de Bustamante y Guerra fue el mejor gobernador que tuvimos durante la dominación española.
Terminado su gobierno, embarcóse para España; pero cayó prisionero de los inglesas frente al cabo Santa María (p 222).
Puesto en libertad, fue a ofrecer sus servicios a la Junta de Sevilla (p. 254), la cual le confió la Capitanía General de Guatemala (1810), donde se distinguió por su actividad en perseguir a los partidarios de la Independencia, f 1826).

Al terminar su mandato, en 1804, Bustamante y Guerra regresó a España al mando de una flotilla de cuatro fragatas, que transportaban mercaderías y valores, la que fue interceptada por una escuadra inglesa entablándose un combate que se conoce como la Batalla del Cabo de Santa María.

Bustamante y Guerra, ante las pérdidas sufridas decidió rendirse, provocando que dos de las fragatas, que venían con caudales de comerciantes de Lima y de Buenos Aires, fueran voladas, tomándose como presas al resto de la flota.

Los restos de ese hundimiento, originaron una moderna polémica cuando los buscadores de tesoros de la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration descubrieron en 2007, en la zona del golfo de Cádiz, el pecio de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hallando 500.000 monedas de plata y oro acuñados en Perú en 1803, además de otros objetos que fueron extraídos y llevados a los Estados Unidos, donde comenzó un litigio entre España y la empresa norteamericana por los derechos del hallazgo.

Bustamante y Guerra fue tomado como prisionero y una vez liberado, fue sometido a un consejo de guerra en España, donde sus valiosos antecedentes en la expedición Malaspina, ayudaron a que resultara absuelto, teniendo oportunidad de luchar luego en la Batalla de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, contra Napoleón.

En 1807 fue nombrado vocal de la Junta de fortificaciones y defensa de las Indias. 

En 1808 abandonó Madrid por no querer prestar juramento al rey intruso José Bonaparte y tuvo que huir a Sevilla,  poniéndose a la orden de la Junta Suprema Central que le ascendió a Teniente General, bajo el reinado de Fernando VII.

En 1810 fue destinado a la Capitanía de Guatemala, siendo un ferviente defensor de la monarquía, reprimiendo a los insurgentes independentistas.

Volvió a España en 1819 y en 1820 recibió la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y fue nombrado director general de la Armada hasta 1822. 

En 1823, integró la Junta de expediciones a América y luego trabajó en el Ministerio de Marina de Madrid hasta su muerte en 1825. 

Nota:
Finalizada la Expedición Malaspina, la "Atrevida" regresó al Río de la Plata, a servir en el Virreinato del Río de la Plata y halló su fin defendiendo a Montevideo de las Invasiones Inglesas, siendo volada por el teniente de navío Antonio Leal de Ibarra en la rada del puerto, ante el asalto de los ingleses en la madrugada del 3 de febrero de 1807, para cubrir la retirada de los civiles, soldados y marinos que eludían la ocupación británica. 
La “Descubierta” estaba en ese momento destacada en Malvinas, bajo las órdenes del capitán de fragata Bernardo Bonavía (fuente: www.carlosparrillapenagos.es/pintura-naval ).


Los restos de la Atrevida, fueron parcialmente rescatados más de dos siglos después, en ocasión de las obras de dragado para la ampliación del puerto de Montevideo.  Las piezas recuperadas se exhiben en la sede de las oficinas de Terminal Cuenca del Plata.


Referencias:
  • “Viaje Político alrededor del mundo por las corbetas Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes D. Alejandro Malaspina y D. José de Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794, con la introducción del Teniente de Navío D. Pedro Novo y Colson."
  • “Diario de Viaje” de Xavier de Viana, Colección de Clásicos Uruguayos, Montevideo 1958.
  • "Las Corbetas del Rey.  Viaje alrededor del mundo, de Alejandro Malaspina (1789-1794)" por Andrés Galera Gómez - España 2010
  • ver: http://www.fbbva.es/TLFU/microsites/malaspina/index.html 


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Proyecto: 
Crónicas del Uruguay y la Antártida
En esta obra se relatan en forma de crónicas, historias y hechos que vinculan al Uruguay con la Antártida.
Escrito por Waldemar Fontes – http://lodewafo.blogspot.com/

con el apoyo de la Asociación Civil Antarkos