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sábado, 14 de marzo de 2020

200 años del descubrimiento de la Antártida

¿Quién descubrió la Antártida?  
-En el verano de 1819-1820, los británicos Smith y Brandsfield, el americano Palmer y el ruso Bellingshausen, manifiestan haber descubierto la Antártida, aunque posiblemente esas tierras ya estaban descubiertas desde mucho antes por navegantes rioplatenses que se dedicaban a la caza de ballenas, focas y lobos marinos… sin dejar registros escritos para no revelar sus cotos de caza.
El pecio existente en la Base Artigas, puede guardar secretos de aquellos primeros exploradores


A 200 años del descubrimiento de la Antártida
Waldemar Fontes

En 2019 se cumplieron 200 años del descubrimiento de la Antártida, pero existe una polémica sobre quién efectivamente la descubrió, pues los diferentes autores se inclinan por una versión o por otra, según su nacionalidad y los intereses históricos y geopolíticos que orientan sus investigaciones. 

Para el caso rioplatense, la versión más difundida es la noticia de William Smith, quien navegando desde Buenos Aires rumbo a Valparaíso, al doblar el cabo de Hornos, debió desviarse al sur por los vientos, avistando tierra en la latitud 62º sur, en el mes de febrero de 1819, dando cuenta del hallazgo a sus autoridades en Valparaíso. 

El avistamiento de Smith fue confirmado en su viaje de regreso desde Valparaíso a Montevideo, pero en esos meses, el marino ruso Bellingshausen y el Capitán mercante Palmer de los EE.UU. también reportaron avistamientos de tierra en latitudes antárticas. 

Estos reportes, debidamente documentados, marcaron un hito en esa época de exploración de la Tierra Ignota del sur, pero seguramente desde varios años antes, marinos del Río de la Plata, cazadores de focas y lobos marinos, habían llegado a esas latitudes, ocultando sus descubrimientos para evitar que otros vinieran. 

En este trabajo, enumeramos los descubrimientos y hechos más destacables del año 1819 en regiones antárticas y sus consecuencias para el futuro de la conquista del Continente Blanco.

Pueden ver la conferencia en video:




Con motivo del Día de la Antártida 2019, el Comité APECS Uruguay, organizó una charla sobre Investigaciones científicas y expediciones en el siglo XXI, donde expusieron:

Waldemar Fontes " 200 años del descubrimiento de la Antártida"
Marcos Tassano " Técnicas radiactivas ambientales aplicadas en la Antártida" 
Gaspar González " Expedición a Groenlandia en 2020" 
Más información en: https://www.facebook.com/APECS.UY

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, están invitados a seguirnos en Crónicas Antárticas...
#CronicasAntarticas

martes, 11 de diciembre de 2018

Antártida en el nomenclator montevideano


Buscando en los nombres de calles y plazas de Montevideo, encontramos algunas referencias a la Antártida y las actividades del Uruguay en el Continente Blanco. Veamos un raconto de algunos homenajes antárticos en el nomenclátor montevideano.

Monolito en la Plazoleta Pioneros Antárticos - Google Maps

Homenajes a la Antártida en el nomenclátor de Montevideo

Por Waldemar Fontes 


La vinculación del Uruguay con la Antártida es algo que se puede sentir en la piel, sobre todo en las regiones costeras cuando el viento del sur, trae recuerdos del frío… Sin embargo, a pesar de esa presencia tangible, los uruguayos sabemos poco de la Antártida. 

Busquemos en los nombres de las calles de la ciudad de Montevideo y veremos que hasta hace muy poco, no había ninguna referencia que ligara la ciudad al Continente Blanco. 

Tal vez la primera mención en el nomenclátor montevideano, haya sido la designación de “Mar Antártico” a la calle que corre desde Coimbra, por el lado Este de la elevación donde se ubica la Plaza Virgilio, la Plaza de la Armada Nacional, hasta juntarse con su opuesta, la calle “Mar Ártico”. 

Según explican Castellanos y Segarra en su libro sobre la nomenclatura de las calles de Montevideo, el nombre de “Mar Antártico” surge de la “denominación dada a la extremidad austral de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, que bañan el vasto territorio de la Antártida, masa continental, descubierta a fines del siglo XIX, que ocupa la región polar antártica de la tierra”. 

Es un justo homenaje a esa región marítima, pero nos parece muy genérica la descripción, como si nos estuviéramos refiriendo a un mar totalmente ajeno a nosotros. Acaso ¿no sería mejor decir que de ese mar vienen las corrientes marinas que influyen sobre nuestras costas, o los fríos vientos que afectan nuestra meteorología, por mencionar solo algunas de las cosas que nos vinculan con lo antártico?. 

A partir de 1987, luego que Uruguay hubiera ingresado como miembro pleno del Tratado Antártico, se realizaron varias acciones con la intención de homenajear y resaltar el vínculo nacional con la Antártida. 

De ese tiempo se destaca la designación del Camino “Antártida Uruguaya, un camino rural del Oeste de Montevideo, que se ubica en la continuación del camino Tomkinson, que va desde Punta Yeguas hasta el camino San Fuentes. 

Según la descripción que hace Antonio Mena Segarra en la actualización 1991-1996 del nomenclátor de Montevideo, el nombre surge como representación de la “Zona de la Antártida donde el Uruguay ejerce soberanía en su calidad de miembro consultivo, dentro del régimen de cooperación internacional” 

Con respecto a este camino, en la aplicación web de la Intendencia de Montevideo, se expresa: “Territorio uruguayo" según la ley 15.918, que habla del 7 de octubre de cada año, como Día de la Antártida), y hace mención al Tratado de Washington, continuando con la siguiente descripción: 

Parte del continente que ocupa la mayor parte del casquete comprendido en el círculo polar Antártico. -En la isla Rey Jorge, nuestro país ha instalado la Base Científica Antártica Artigas, donde un grupo de científicos uruguayos y militares realizan proyectos para efectuar aportes científicos”. 

Podríamos expresar que puede haber imprecisiones en cuanto al concepto de territorio uruguayo y el ejercicio de soberanía, pero la designación resulta un homenaje muy importante a la actividad nacional en la Antártida, que surge de lo mandatado en la Ley 15.918 del 10 de diciembre de 1987, que expresaba: 

Artículo 2: El Poder Ejecutivo adoptará las medidas necesarias para la regular celebración de la fecha mencionada. En tal oportunidad serán especialmente difundidos los fundamentos de la vocación antártica de la República y de sus derechos e intereses respecto de la región. 

Artículo 3: Las autoridades de las diversas ramas de la Enseñanza dispondrán, con el mismo objeto, similares medidas en la órbita de sus competencias. 

Basándose en ese marco legal, en la misma época se designó un espacio libre entre las calles Lieja, Teniente de Navío Mario Botto y Dr. Alfonso Espínola, en la zona de Carrasco, con el nombre de “Pioneros Antárticos Uruguayos”, expresándose en el libro Nomenclatura de Montevideo de Alfredo C. Castellanos (páginas 1045 y 1046) lo siguiente: 

El origen de la vinculación de nuestro país a la Antártida se remonta a fines del siglo XVIII, cuando la Corona Española señaló al puerto de Maldonado como apostadero de la Real Compañía Marítima, dedicada a la caza de ballenas en dicha región.  En 1961 se creó el Instituto Antártico Uruguayo por iniciativa privada, constituyéndose como institución oficial en 1975.  En 1979 el Uruguay se integró al Tratado de Washington de 1959 como miembro adherente, del Órgano Consultivo. En enero de 1984 un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya realizó el primer vuelo a la isla Rey Jorge del archipiélago de las Shetland del Sur, donde luego fue instalada la Base Científica Antártica Artigas (BCAA).  En mérito a los valiosos trabajos científicos realizados por pioneros antárticos uruguayos, nuestro país se integró al grupo de la Reunión Consultiva del Tratado Antártico, celebrada en Bruselas en 1985”. 

-Lamentablemente, este honroso homenaje a los Pioneros Antárticos Uruguayos, se perdió, pues según el Decreto 23.327 de la Junta Departamental de Montevideo del 14 de noviembre de 1991, se derogó la Resolución que daba nombre a ese espacio libre, creándose otro, que denominaba sencillamente “Pioneros Antárticos”, a la Plazoleta central de la Avda. Dr. Luis A. de Herrera entre la Rambla Naciones Unidas y la Costanera que va desde la Playa Pocitos hasta el Puerto de Buceo, junto a la sede del Museo Naval. 

En 2006, en esa plazoleta el Instituto Antártico, con la mediación de la Asociación Antarkos, colocaron un monolito con una inscripción donde se homenajea a los primeros uruguayos en la Antártida. 

Con respecto al espacio libre en Carrasco, la historia continuó, pues si bien había sido derogada la designación, el nombre Pioneros Antárticos Uruguayos, seguía figurando en todos los mapas, por lo que al cumplirse los 30 años de la fundación de la Base Artigas en 2014, el IAU inició un trámite ante la Junta Departamental, solicitando para colocar una placa alusiva allí. 

La Junta de Montevideo, luego de acoger con beneplácito la propuesta y de comunicar la autorización para su concreción, debió rever la misma al constatarse la derogación del nombre como habíamos contado. Eso llevó a que se revisara el expediente y luego de varios trámites, se promulgó un nuevo decreto renombrando al mismo espacio como Plaza "Exploración Antártica", autorizando al Instituto Antártico Uruguayo a colocar allí un mural escultórico con una placa conmemorativa la cual lucirá la siguiente leyenda: "EN HOMENAJE A LA TENACIDAD URUGUAYA PRESENTE. DESDE HACE UN SIGLO EN EL CONTINENTE ANTÁRTICO. 7 DE OCTUBRE DE 2017


Este monumento, está aún por concretarse, pues es necesaria la obtención de fondos para su construcción, tarea que está encarando actualmente la Asociación Antarkos y que algún día, ansiamos ver realizada. 

Cambiando de barrio, más recientemente, en setiembre de 2017, en base a las gestiones realizadas al cumplirse 100 años de la navegación del primer buque de bandera uruguaya en latitudes antárticas, cuando el Instituto de Pesca Nº 1 intentó auxiliar a la fallida expedición de Shackleton, se promulgó el Decreto Nº 36.454 por el que se designa con el nombre de Plaza “Capitán de Navío Ruperto Elichiribehety Arhancet” al espacio libre delimitado al norte por la calle Jorge Canning, al Este por la senda que continúa la alineación de la calle Morales, al Oeste por la senda que lo separa de un espacio libre sin denominación y al Sur por la Av. Dr. Luis Morquio; en el Parque Batlle, entre el Obelisco y la Fuente iluminada, en homenaje a quien fuera el Comandante del Buque Instituto de Pesca Nº 1, en aquella expedición antártica de 1916. 

Si bien es muy reciente esta última designación, no existe en ese espacio ninguna placa o algo que rememore el motivo por el cual se hizo la denominación, lo cual debería ser una tarea a encarar para que el justo reconocimiento a Elichiribehety, sea completo. 

Podemos concluir que se han hecho algunos importantes reconocimientos a hechos concretos de nuestro país en la Antártida y si bien eso es un avance, también notamos que no se han podido concretar las iniciativas de construir el monumento de la Plaza a la Exploración Antártica, por más que el proyecto está listo desde hace al menos un año. 

Se debería reconocer a las personalidades que lograron concreciones como las del Profesor Julio César Musso, fundador del Instituto Antártico Uruguayo e impulsor quijotesco de esa idea durante años, desde 1961 cuando escribía su revista Antártida Uruguaya y bregaba por la creación de un Instituto de Enseñanza de lo Antártico, habiendo planificado todo el proceso de creación del Instituto Antártico como entidad civil para ser oficializada y así cumplir los objetivos nacionales que hoy se están llevando a cabo. 

Pero ¿quién recuerda al Profesor Musso? Su obra ha fructificado y está a la vista, pero el país está en deuda con su legado. 

Seguramente, él hizo aquel esfuerzo por amor, sin esperar nada a cambio… Este año se cumplieron 50 años de la fundación del IAU y 100 años de su nacimiento, ¿no sería ya el momento de homenajearlo? 

Una calle, una plaza con su nombre, podrían ser un tributo de la ciudad hacia uno de sus hijos, que tanto hizo… ¿sería eso posible?

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay.

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Referencias:
Castellanos, Alfredo C. -Nomenclatura de Montevideo páginas 1045 y 1046
Mena Segarra, Antonio -Nomenclator de Montevideo Actualización 1991-1996. páginas 1080 y 1081
Nomenclátor de Calles | Intendencia de Montevideo. 


Preparado para el programa radial “Proyección a la Antártida” que se trasmite por Radio Uruguay (1050 en AM)#CronicasAntarticas

sábado, 2 de junio de 2018

Balleneros noruegos



Desde principios del Siglo XIX, el puerto de Montevideo, estuvo vinculado con las actividades relacionadas a la caza de la ballena y a la logística naviera que giraba en torno a las mismas. Luego de finalizada la Primera Guerra Mundial. La Segunda Guerra Mundial trajo la necesidad de nuevos productos extraídos de la ballena, como por ejemplo la producción de aceites para la fabricación de explosivos. Esta demanda impulsó notablemente la actividad ballenera y por lo tanto la logística que se les daba desde el puerto de Montevideo, durante el período en duró la Guerra  desde 1939 a 1945



Esta crónica fue preparada para “Proyección a la Antártida” del programa Proa al Mar del sábado 2 de junio de 2018, que se trasmite por Radio Uruguay

Vinculaciones de los noruegos con el puerto de Montevideo en la década de 1940
por Waldemar Fontes


Desde principios del Siglo XIX, el puerto de Montevideo, estuvo vinculado con las actividades relacionadas a la caza de la ballena y a la logística naviera que giraba en torno a las mismas

Desde 1904, la Compañía Argentina de Pesca, operaba una factoría en Grytviken, en la Isla San Pedro, también conocida como Georgias del Sur, a donde muchos uruguayos concurrían a trabajar como operarios en las zafras de verano.

Luego de finalizada la Primera Guerra Mundial en 1918, se había incrementado la demanda de aceite de ballena y siguió creciendo hasta 1939, cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, la que trajo aparejada la necesidad de nuevos productos extraídos de la ballena, como por ejemplo la producción de aceites para la fabricación de explosivos.

Esta demanda impulsó notablemente la actividad en Grytviken y por lo tanto la logística que se les daba desde el puerto de Montevideo y la factoría de las Georgias del Sur, siguió produciendo durante el período en duró la Guerra (1939-1945)

En 1938, antes de comenzar la guerra, los cruceros británicos HMS Ajax y HMS Exeter estuvieron en las Georgias del Sur, haciendo reconocimientos aéreos y cartografía de esas regiones, todavía poco conocidas. Estos buques luego se enfrentaron al navío alemán Graf Spee, en la célebre batalla del Río de la Plata, que terminó con el hundimiento del acorazado alemán frente a Montevideo.

En ese período, otros buques alemanes operaban en aguas antárticas contra las flotas balleneras aliadas, hundiendo o requisando varios buques pesqueros, noruegos y británicos, lo que obligó a que algunos buques mercantes de los aliados, fueran artillados para proteger la actividad industrial de los balleneros que siguieron operando a pesar del acoso alemán.

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En un artículo de Raúl Vaz Ferreira, publicado en Nuestra Tierra Nº 45, se describía cómo era la explotación ballenera en esa época, diciendo que en el período 1938-1939 actuaban en la zona, dos estaciones costeras, 34 factorías flotantes, 281 barcos de captura y trabajaban 12.715 hombres en el área.

El incremento de las capturas aumentaba en relación con los progresos técnicos. Las "ballenas", Balaenidae, y las "ballenas grises", Eschrichtidae, fueron las primeras en sufrir la depredación, por ser las más lentas.  Los "rorcuales", de desplazamiento más rápido, no pudieron ser capturados hasta 1860, cuando se inventó el arpón montado en un cañón y con carga explosiva. A partir de 1900 se expandió el uso de barcos rápidos para la captura, y desde 1906 se implantaron barcos-fábricas que permitían operar en todos los puntos del océano en que hubiese ballenas.

Después de la Segunda Guerra Mundial se introdujeron todavía perfeccionamientos más mortíferos: por ejemplo el uso de helicópteros para la búsqueda a partir de los barcos-fábricas, que comenzaron a usarse efectivamente desde 1950; la sustitución parcial del vigía por el detector de eco y el "espanta ballenas", un emisor de vibraciones ultrasónicas que hacía huir a las ballenas, que se cansaban rápidamente saliendo a la superficie, donde eran vistas y capturadas.

Ante la amenaza de la extinción total de los recursos balleneros varios países se unieron a partir de 1946 en la Comisión Ballenera Internacional, fijándose normas para limitar las capturas, determinándose áreas en las que periódicamente se establecen santuarios internacionales donde se prohíbe la captura de ballenas madres y se limita el número de ballenas de cada especie que puede ser capturado cada año.
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Los noruegos, tuvieron un papel preponderante en las actividades pesqueras de esa época y un ejemplo a destacar fue el de Thomas J. Schandy, fundador de la conocida empresa naviera que lleva su nombre.

Thomas John Schandy emigró desde Noruega siendo muy joven, desembarcando primero en Buenos Aires, para luego establecerse en Montevideo en 1912, donde se casó se casó con Rosa Gabarda, hija del patrón de la draga que servía en la construcción de los nuevos muelles del Puerto.

Thomas John Schandy, en su oficina de la rambla
portuaria Roosevelt, casi Colón (circa 1960)
(Thomas J. Schandy S & A)

Thomas Schandy comenzó a trabajar como agente marítimo y fue creciendo hasta fundar su propia empresa.  En sus comienzos, trabajó como inspector de los barcos pesqueros que arribaban en Montevideo, hasta transformarse en representante de las flotas balleneras que operaban en el Atlántico Sur.

Las tripulaciones, mayoritariamente compuestas por noruegos, pero también procedentes de otras naciones nórdicas, solían pasar el invierno en Montevideo, por lo que necesitaban servicios de gestoría, traducción y todo tipo de trámites, los cuales eran provistos por Schandy en persona. -Se dice que cientos de marinos confiaban en él como intérprete, gestor y anfitrión de confianza.

Según relata Armando Olveira Ramos en su blog “Crónicas Migrantes”, El 1 de abril de 1948 comenzó a funcionar la empresa Thomas J Schandy, la que además de los servicios especializados en la pesca de alta mar, ofrecía apoyo logístico a expediciones científicas, atendiendo la representación de la línea marítima Torm Lines de Dinamarca, que operaba con el buque de carga y pasajeros “Olga S”, pionero de la compañía en el Río de la Plata.

La primera oficina de la empresa de Thomas J. Schandy estaba en una pensión de la rambla Roosevelt, ubicada frente a la entrada del puerto, ubicación estratégica que le permitía estar en contacto no solo con la operativa portuaria, sino también con la gente que trabajaba allí.


En la década de 1940, la actividad ballenera en el puerto de Montevideo era muy intensa y cuando los marinos desembarcaban, su presencia se notaba, tal como lo describía Ramón "Loro" Collazo en su libro “Historias del bajo”, donde decía:

En Camacuá, en la esquina con Brecha estaba el café Southampton, el almacén del Templo Inglés y una rifa que después fue la casa de fotografía del "Turco". En Juan Carlos Gómez habían dos almacenes: "La Bomba", de don Vicente y el de don Casiano, la carbonería y la zapatería "La positiva".  En Bartolomé Mitre y el almacén "La flor de un día" y una cantina y en Ciudadela, dos baratillos, una hojalatería y una florería. En Yerbal estaban los boliches con bailongo: el "Talar", el "Plus Ultra" y algún otro que no recuerdo porque jamás los pisé pues en estos últimos locales nombrados las pendencias eran diarias y peligrosas.

Todos los años en el mes de abril, llegaban a Montevideo varios barcos pescadores de ballenas después de laborar casi seis meses en alta mar y sin tocar puerto. Los tripulantes eran suecos o noruegos, nunca pude diferenciar quienes eran unos u otros. Las meretrices averiguaban en el puerto el día de llegada y los iban a esperar, para desplumarlos.

En una semana estos hombres derrochaban el dinero ganado en seis meses, algunos perdían el barco y tenían que refugiarse en el Ejército de Salvación si había lugar o pedían limosna.

Lógicamente no todos terminaban así, ni todos perdían el barco de vuelta porque había quienes administraban mejor su dinero, pero al final y de a poquito, entre el alcohol y las damas lo dejaban todo en el Bajo.

Aunque hubo uno de estos hombres, que se tomó venganza por todos sus connacionales. Era noruego y buen mozo, y al quedarse sin dinero y sin barco se convirtió en rufián, viviendo en Montevideo del dinero de las meretrices que explotaba. Ese episodio podría titularse "la venganza del noruego", decía el "Loro" Collazo.

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¿Quieres saber más sobre la historia del Uruguay y la Antártida?Te invitamos a seguirnos en Crónicas Antárticas, cada sábado de 7 a 8 hs, por Radio Uruguay.
#cronicasantarticas

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Referencias
Uruguayos rumbo aGrytviken: Tomado de “LA ACTIVIDAD BALLENERA- VINCULOS PLATENSES Y TESTIMONIOS MONTEVIDEANOS” por Por la Lic. Cristina Montalbán. Ponencia presentada en el XIII Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos, realizado en Ushuaia en octubre de 2013.

Thomas J. Schandy: Agencia marítima Gordon Firing Extractado del reportaje: Tres mujeres ejecutivas entre barcos y seguros por EMILIO CAZALA, Publicado en el Diario el País de Montevideo, Domingo 22 de junio de 2003 Año 85 - Nº 29406 Internet Año 8 - Nº 2516 Montevideo – Uruguay

Historias del Bajo: Los cafetines y los negocios: Por Ramón "Loro" Collazo, 
 
EXPLOTACION  BALLENERA, Tomado de “EXPLOTACION DE LOS RECURSOS NATURALES ANIMALES”, artículo de Raúl Vaz Ferreira, publicado en Nuestra Tierra Nº 45 de octubre de 1970, Páginas 47 a 49