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martes, 26 de noviembre de 2019

60º aniversario de la firma del Tratado Antártico


El Tratado Antártico está vigente hasta 2048 y si las Partes acuerdan mantenerlo, puede extenderse o modificarse acorde a las circunstancias futuras. En estos 60 años, ha permitido que países que estaban a punto de enfrentarse en la guerra, lograran trabajar en cooperación en pos de un fin común, que ha sido el de preservar la Antártida como una reserva de vida natural, dedicándola a la investigación científica y a la cooperación humana en todos los sentidos.


Se cumplen 60 años de la firma del Tratado Antártico
por Waldemar Fontes



El 1º de diciembre de 2019, se cumplen 60 años del Tratado Antártico firmado en Washington en 1959. 

Este Tratado que ha funcionado de manera exitosa, fue el resultado de un largo proceso de negociaciones que lograron estabilizar una compleja situación de conflicto que se venía gestando en la región austral, primero a raíz de disputas territoriales entre Argentina, Chile y el Reino Unido y luego, con las tensiones surgidas de la Guerra Fría, al finalizar la Segunda Guerra Mundial que hicieron peligrar los acuerdos de paz logrados entre las Grandes Potencias.

El Tratado surgió de la decantación de diferentes teorías que incluían desde la internacionalización del Continente Antártico, hasta la instauración de un fideicomiso que lo regulara. 

La gestación del Año Geofísico Internacional 1957-1958 (AGI), que se había desarrollado a instancias del Consejo Internacional de Uniones Científicas, fue una instancia decisiva para el Tratado Antártico, pues a partir de su implementación se comprobó que era posible, a través de las actividades científicas, encontrar un camino a la diplomacia para iniciar las negociaciones hacia un acuerdo. 

Las tensiones en torno al Continente Blanco, se originan desde los tiempos de su descubrimiento en 1819, cuando William Smith, un marino mercante de origen británico, zarpando desde Montevideo, desembarcó por primera vez en la Isla Rey Jorge, en las Shetland del Sur, tomando posesión de las mismas a nombre de su Rey Jorge IV. Pocos meses después, en febrero de 1820, el marino ruso Bellingshausen confirmaba el descubrimiento de la masa continental antártica y en las mismas fechas, el ballenero americano N. Palmer confirmaba el descubrimiento, que fue cartografiado de manera oficial por Bransfield, del Almirantazgo británico. Estos descubrimientos, provocaron una fiebre de la caza de focas y lobos marinos, que se extendió hasta casi extinguir las poblaciones de mamíferos marinos, lo que hizo perder el interés comercial de los aventureros exploradores que llegaban hasta el extremo sur. 

Desde el Río de la Plata y desde Valparaíso en Chile, se participó activamente en esta etapa de descubrimientos y se brindaban los servicios logísticos y portuarios para las expediciones que provenían principalmente de Europa y de los Estados Unidos de América, dando origen a un incipiente conflicto por influencia y por intereses territoriales en una América que vivía el proceso de la independencia. 

A principios del Siglo XX, había comenzado la llamada Época Heroica de la exploración antártica y desde los puertos del Río de la Plata se participó activamente de la recepción de las famosas expediciones científicas que llegaban a explorar el Continente Antártico, mientras que desde las Islas Malvinas, el Reino Unido consolidaba su posición, administrando la pesca y la caza de la ballena en los mares más al sur, haciendo la primer reclamación territorial sobre la Antártida en 1908. 

La industria ballenera tuvo un gran desarrollo a partir de los años de 1920 y las flotas noruegas que operaban en la zona, recalaban en los puertos de Montevideo y Buenos Aires. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, en 1939, la Alemania Nazi atacaba los navíos balleneros que operaban en el Atlántico Sur, apoderándose de la explotación de ese recurso al ocupar el territorio noruego en 1940, elevando el nivel del conflicto que ya no era solo diplomático o comercial sino que se concretó en ataques a buques que operaban en la zona del Atlántico Sur, dividiendo las posiciones de los países latinoamericanos, que apoyaban los intereses aliados o proclamaban una tercera posición independiente. 

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Imperio Británico comenzó a declinar, cediendo posesiones en algunas regiones. La presión de los Estados Unidos de América se hacía sentir sobre los dominios coloniales que aún quedaban en las Américas y la cuestión de las Islas Malvinas fue un factor de debate que dividió a los países latinoamericanos. La Argentina bajo el gobierno del General Perón, había comenzado una carrera armamentista que hacía peligrar el predominio de los Estados Unidos sobre el Hemisferio y si bien la mayoría de los países de la región apoyaban sus reclamos sobre las Islas Malvinas, no veían con simpatía su expansión militar. 

Un conflicto entre Argentina y Chile por reclamaciones territoriales en la Antártida, había quedado parcialmente resuelto por el acuerdo firmado el 12 de julio de 1947 donde ambos países acordaban reconocerse mutuamente sus derechos, sin perjuicio de las reclamaciones puntuales superpuestas, dando origen al concepto de “Antártida Sudamericana” que en general era apoyado por los vecinos latinoamericanos. 

Sin embargo, a pesar del acuerdo, una nueva escalada de acciones agresivas llevó a que tanto el Reino Unido como Chile y Argentina enviaran flotas de guerra a proteger las instalaciones que cada uno había establecido en el Continente Antártico, elevando el conflicto a momentos muy tensos que llevaron a la intervención de los Estados Unidos para mediar entre los tres, lo que condujo a la firma de un acuerdo tripartito en 1949 que enfrió las tensiones, acordándose que los tres países involucrados en los reclamos territoriales superpuestos, no enviarían flotas de guerra más allá del paralelo 60º Sur, limitando sus acciones militares al apoyo logístico de sus instalaciones. 

Esta solución apaciguó los ánimos por un tiempo, hasta que sobre finales de la década de 1950, la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos trasladó su accionar al Continente Antártico, generándose una polémica por su posible empleo para depósito de desechos nucleares o para pruebas de explosiones atómicas. 

En 1954, el Consejo Internacional de Uniones Científicas había comenzado la preparación de un Año Geofísico Internacional (AGI), con el objetivo de establecer un programa de cooperación multinacional. En julio de 1955 la Unión Geodésica y Geofísica Internacional, convocó a una Conferencia Antártica en París, de la cual participaron delegados de Noruega, Inglaterra, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Argentina y Chile. 

En octubre de 1955, en Uruguay, se hicieron gestiones para participar de las actividades del AGI y en noviembre del mismo año, se planteó formalmente el tema, en la 4ª Sesión de la Semana Geográfica, organizada por el Instituto Nacional de Investigaciones Geográficas, en la Facultad de Arquitectura. 

En Febrero de 1956 llegaron al Uruguay dos delegados del Comité Internacional Organizador del AGI, invitando a nuestro país a participar en las investigaciones científicas que se planeaban. 

Ante la invitación, se creó el Comité Nacional para el AGI, que inicialmente estuvo integrado por Félix Cernuschi, Jorge Chebataroff y Rodolfo Méndez Alsola, a los que luego se agregarían otros geógrafos compatriotas. 

A partir del buen suceso que tuvo el AGI 1957-1958, se creó en París un organismo internacional que se denominó Comité Especial para la Investigación Antártica (Special Comitee for Antarctic Research), antecesor del actual Scientific Comitee on Antartic Reseach, (SCAR) establecido en la Haya en febrero de 1958, organismo que hasta hoy impulsa y promueve la investigación en la Antártida y los mares que la rodean. 

Cuando finalizaba el AGI, los Estados Unidos plantearon la posibilidad de extenderlo por un año más, a efectos de continuar las investigaciones científicas que se habían comenzado, pero la propuesta no fue aceptada por la Unión Soviética, dando origen a una serie de conversaciones diplomáticas que culminaron con la reunión de Washington, donde se firmó el Tratado Antártico, el 1º de diciembre de 1959. 

Herman Phleger, “Signing of the Antarctic Treaty on December 1st 1959,”
fuente: ATS Image Bank, accessed December 3, 2018

Los signatarios originales de aquel Tratado fueron doce países: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, el Reino Unido, Sudáfrica y la Unión Soviética, acordando que destinarían la Antártida, a la paz y la ciencia, en un régimen de cooperación, a la vez que se congelaban las reclamaciones territoriales que se habían planteado oportunamente, no aceptándose nuevas reclamaciones bajo la vigencia del mismo. 

Este acuerdo entró en vigor el 23 de junio de 1961, cuando todas las partes lo refrendaron y tenía una vigencia inicial de treinta años. El Tratado dejaba abierta la puerta a otras partes que desearan integrarse, las que deberían seguir un proceso de adhesión, para luego, si se cumplían los requisitos de conducir investigación científica a través de un plan que se ajustara al espíritu del Tratado Antártico, poder convertirse en Partes Consultivas del mismo. 

En 1991, cuando vencía la primera vigencia del Tratado, las partes acordaron, luego de una extensa negociación, aprobar la inclusión del Protocolo de Protección Ambiental al Tratado Antártico, o Protocolo de Madrid, que regula todas las actividades que se realicen en el Continente Blanco, destacándose la prohibición de explotar los recursos minerales, por un período de 50 años, tomados a partir de su entrada en vigor en 1998. 

A los doce signatarios originales, se fueron sumando en estos 60 años, otros países siendo hoy 53 los miembros adherentes, de los cuales 29, son miembros plenos, conformando la Reunión Consultiva que se reúne cada año, en una especie de parlamento, que administra todo lo que se hace en la Antártida. 

La vigencia del Tratado Antártico se extendió por 50 años, pero no es una fecha de término fijo, y si las Partes acuerdan mantenerlo, puede extenderse o modificarse acorde a las circunstancias futuras. 

El Tratado Antártico ha sido un ejemplo y es uno lo tratados más exitosos, permitiendo que países que estaban a punto de enfrentarse en la guerra, lograran trabajar en cooperación en pos de un fin común, que ha sido el de preservar la Antártida como una reserva de vida natural, dedicándola a la investigación científica y a la cooperación humana en todos los sentidos. 

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos en Crónicas Antárticas...
#CronicasAntarticas

Referencias:


1. Agüero, Daniel. “ROBERTO GUYER Y SU PROPUESTA DE CREACIÓN DE UNA ENTENTE ANTÁRTICA DE LOS PAÍSES DEL HEMISFERIO” Centro de Estudios Hemisféricos y Polares, Volumen 1 Nº 2 (Segundo Trimestre, 2010): 90-105. (Lic. Daniel Agüero Servicio Meteorológico Nacional Buenos Aires – Argentina.

2. Fontes, Waldemar. “La creación del SCAR y la actividad científica del Uruguay en la Antártida”,

3. Fontes, Waldemar. “El Tratado Antártico” 

4. Montalbán, Cristina. “URUGUAY PRESENTE EN LA ANTÁRTIDA. LAS ACCIONES DESCONOCIDAS DE UN DOCTRINARIO, EL C/N CARLOS TRAVIESO FERNANDEZ” Ponencia presentada en el X Encuentro de Historiadores Antárticos Iberoamericanos, Buenos Aires, del 1º al 3 de octubre de 2008 (Lic. Cristina Montalbán- Sub Directora Técnica Centro de Estudios Históricos Navales y Marítimos- Museo Naval- Montevideo- Uruguay) 

5. Puceiro Ripoll, Roberto. “La República Oriental del Uruguay en la Antártida, Continente del Futuro” publicado en: Revista Diplomática Nº 3 del Instituto Artigas del Servicio Exterior – 1985, páginas 6 a 11. 


6. Secretaría del Tratado Antártico: ats.aq


lunes, 3 de diciembre de 2018

El Tratado Antártico


Rumbo a los 60 años de la firma del Tratado Antártico, es un momento propicio para celebrar la grandeza de quienes optaron por trabajar en conjunto antes que ir al enfrentamiento armado, que podría haber destruido una región prístina... 

Herman Phleger, “Signing of the Antarctic Treaty on December 1st 1959,”
fuente: ATS Image Bank, accessed December 3, 2018

El Tratado Antártico firmado en Washington en 1959

por Waldemar Fontes


El 1 de diciembre de 1959, los doce países que habían llevado a cabo actividades científicas en la Antártida durante el Año Geofísico Internacional (AGI) de 1957-1958 firmaron en Washington el Tratado Antártico. 

El Tratado entró en vigor en 1961, luego que todos los signatarios originales lo refrendaran y luego otras naciones se fueron adhiriendo al mismo. Actualmente las Partes del Tratado Antártico, son 53, entre las que se encuentra Uruguay. 

Resaltamos algunas disposiciones importantes del Tratado que son resaltadas en ats.aq
  • La Antártida se utilizará exclusivamente para fines pacíficos (art. I). 
  • La libertad de investigación científica en la Antártida y la cooperación hacia ese fin […] continuarán (art. II). 
  • Las Partes Contratantes acuerdan proceder […] al intercambio de observaciones de resultados científicos sobre la Antártida, los cuales estarán disponibles libremente (art. III). 
  • Entre los signatarios del Tratado hay siete países (Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido) con reclamos territoriales, que en algunos casos coinciden en parte. 
  • Otros países no reconocen ningún reclamo. Estados Unidos y Rusia consideran que tienen “fundamentos para reclamar”. Todas estas posiciones están explícitamente previstas en el artículo IV, que mantiene el statu quo: 
  • Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras el presente Tratado se halle en vigencia constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en la Antártida, ni para crear derechos de soberanía en esta región. No se harán nuevas reclamaciones de soberanía territorial en la Antártida, ni se ampliarán las reclamaciones anteriormente hechas valer, mientras el presente Tratado se halle en vigencia. 
  • A fin de promover los objetivos y procurar la observancia de las disposiciones del Tratado, “todas las regiones de la Antártida, y todas las estaciones, instalaciones y equipos que allí se encuentren […] estarán abiertos en todo momento a la inspección” (art. VII). 

El Tratado Antártico va rumbo a cumplir 60 años de funcionamiento y ha sido una herramienta exitosa para fomentar el trabajo en cooperación entre las naciones y sobre todo, fue un instrumento muy importante que facilitó el diálogo entre las partes que iban rumbo a un conflicto, cuando al finalizar la Segunda Guerra Mundial las Potencias comenzaron la Guerra Fría con disputas para posicionarse en las áreas de influencia que cada una quería dominar. 

Desde la primera década del siglo XX algunos Estados habían comenzado a reclamar soberanía territorial sobre la Antártida, basándose en sus descubri­mientos, los títulos históricos heredados, la cercanía geográfica o la proyección de sus territorios hacia el sur, entre otras teorías. 

En la década de 1950, siete Estados, Gran Bretaña, Argentina. Chile. Nueva Ze­landia, Australia, Francia y Noruega, planteaban reclamaciones territoriales que prácticamente, abarcan todo el Continente, sobreponiéndose en algunas regiones las áreas reclamadas. 

De esos Estados, Australia, Francia, Nueva Zelandia, Noruega y Gran Bretaña reconocían mutuamente sus reclamos, generándose un desacuerdo en la zona de la Península Antártica, donde se superponían las reclamaciones planteadas por Gran Bretaña, Argentina y Chile, lo que condujo a graves tensiones que tuvieron su pico en 1949, cuando acordaron entre los tres países, que ya no enviarían flotas armadas al sur del Paralelo 60º, aunque sin llegar a un acuerdo por la delimitación de sus respectivos reclamos. 

Luego de arduas negociaciones que se llevaron a cabo en toda la década de 1950, los Estados reclamantes de soberanía territorial, llegaron al convencimiento de que era necesario hallar una solución a la pugna que se estaba gestando. 

En ese marco, la Antártida fue designada como una de las regiones del Planeta de especial interés para el Año Geofísico Internacional (AGI) a desarrollarse entre 1957 y 1958, señalándose en especial el interés que revestía y los grandes secretos científicos que aún ocultaba. 

Durante el Año Geofísico Internacional, doce Estados, los siete reclamantes de soberanía territorial, más Bélgica, Japón, Sud África, Estados Unidos y la Unión Soviética, se pusieron de acuerdo para desarrollar un programa de investigación sin precedentes, acordando la posibilidad de instalar estaciones científicas, más de cincuenta en total, por todo el Continente, sin tomar en consideración las reclamaciones territoriales. 

Según lo expresaba el Dr. Puceiro: “El evento científico, hizo percibir a los Estados participantes, que la cooperación internacional y las circunstancias de hecho que la investigación había requerido, marcaban hitos que señalaban un nuevo camino por el que transitar juntos”. 

A comienzos de 1958, basándose en el buen suceso de la experiencia de cooperación científica, el gobierno de los Estados Unidos de América, invitó a los otros Estados participantes en el Año Geofísico Internacional, para unirse en un tratado tendiente a preservar el Continente como un laboratorio internacional para investigación científica y asegurar que sería destinado exclusivamente para fines pacíficos. 

De las conversaciones mantenidas, surgió un acuerdo que culminó en la firma del Tratado Antártico que fue suscrito en Washington el 1° de diciembre de 1959 y entró en vigencia el 23 de junio de 1961. 

Los signatarios originales del mismo fueron, por orden alfabético: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Sudáfrica y la Unión Soviética. 

El Tratado establecía tres categorías de Estados integrantes. Los doce Estados signatarios originales, que serían siempre miembros activos o Consultivos del mismo, prescindiéndose de la actividad que desarrollen (Artículo IX párrafo primero). 

Los adherentes activos, que deberían ser admitidos expresamente, a la categoría de Consultivos, debiendo haber demostrado interés en la Antártida mediante la realización de investigaciones científicas importantes, como el establecimiento de estaciones o el envío de expediciones científicas (Artículo IX párrafo 2). A esta categoría accedieron hasta hoy, diecisiete partes más, entre las que se encuentra Uruguay, desde el 7 de octubre de 1985. 

Por último se hallan los miembros meramente adherentes, que no desarrollan actividades efectivas como las mencionadas antes y por lo tanto no tienen voto en las Reuniones Consultivas del Tratado. 

El Tratado determina que su área de aplicación es la zona comprendida al Sur de los 60 grados de latitud sur, incluyéndose en ella el Continente Antártico en sí, las islas adyacentes y las barreras de hielo que lo rodean, sin afectar los derechos de ningún Estado relativos a Alta Mar (Artículo VI). 

El acuerdo establece en sus principios esenciales que el área del Tratado Antártico podrá ser utilizada exclusivamente para fines pacíficos, prohibiéndose las explosiones nucleares y la eliminación de desechos radioactivos (Artículo V), así como toda acción militar, exceptuándose el empleo de personal o equipos militares para investigaciones científicas u otros fines como ser el apoyo logístico 

Si bien entre los signatarios originales del Tratado hay países que plantearon reclamaciones territoriales reconocidas por otras partes, hubo Estados como Bélgica, Japón, Sudáfrica o la Unión Soviética que no reconocieron formalmente ninguno de esos reclamos, dándose el caso de la Unión Soviética y de los Estados Unidos que al firmar el Tratado hicieron una especial reserva de sus derechos, mientras que además Estados Unidos, dejó constancia de su rechazo a todas las reclamaciones existentes a ese momento. 

Posteriormente, Estados como Brasil, Perú y Uruguay, al ingresar al Tratado, realizaron reivindicaciones no formales sobre sus posibles derechos en el Continente, basados en títulos de diferente naturaleza y en especial en su contigüidad geográfica o en la proyección de sus costas hacia aquél. 

Según relataba el Dr Roberto Puceiro en un artículo de la Revista Diplomática Nº 3 del Instituto Artigas del Servicio Exterior, publicado en 1985: 

La República Oriental del Uruguay, por Ley N° 14.971 de 14 de diciembre de 1979, ratificó el Tratado Antártico pasando a formar parte del mismo el 11 de enero de 1980. 
En oportunidad de dicha adhesión, la República Oriental del Uruguay formuló una declaración por la que fundamentó dicho acto internacional "no solamente en el interés que, como todo miembro de la Comunidad Internacional, tiene el Uruguay en la Antártida sino, además, en un interés especial, directo y sustancial derivado de su situación geográfica, del enfrentamiento de su costa atlántica al Continente Antártico, de la influencia que éste ejerce en su clima, en su ecología y en su biología marina, de los vínculos históricos que lo ligan desde las primeras expediciones que se aventuraron a explorar dicho Continente y sus aguas, así como de las obligaciones asumidas conforme al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca que incluye una parte del territorio antártico en la zona descrita en el artículo 4° por virtud de lo cual el Uruguay coparticipa en la responsabilidad de la defensa de la región". 

Este 1º de diciembre de 2018, se cumplen 59 años de la firma del Tratado Antártico y es un momento propicio para celebrar la grandeza de quienes optaron por trabajar en conjunto antes que ir al enfrentamiento armado, que podría haber destruido una región prístina, que es como decía el Dr. Puceiro: 

otro mundo dentro del Mundo. Un lugar que nada tiene que ver con los otros lugares del Planeta, reflejo de un mundo del ayer y tal vez, de la Tierra del futuro.  Lugar de libre expresión de la Naturaleza donde el hombre se sirve de ella con solemnidad y respeto, con ese mismo pudor con que se puede entrar en un recinto venerado o en un templo sagrado. Tierra sin fronteras que dividan, donde el hombre busca integrarse y adquiere la noción de su pequeñez frente a la Naturaleza y su dimensión de titán cuando se une a otros. 
Por eso es necesario que nuestro país participe en forma definitiva y plena en la Antártida, como medio de comprometerse con otras naciones a salvaguardarla y protegerla, y en última instancia, protegerse a sí mismo y a la Humanidad toda. -Nada de lo que sucede en la Antártida es ni podrá ya sernos ajeno".

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Nuestro homenaje a quienes impulsan y defienden el espíritu de la letra del Tratado Antártico, que rumbo a cumplir los 60 años de su firma, mantiene viva la llama fraternal que se encendió en 1959.

Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay.

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Referencias:
  1. Puceiro Ripoll, Roberto. “La República Oriental del Uruguay en la Antártida, Continente del Futuro” publicado en: Revista Diplomática Nº 3 del Instituto Artigas del Servicio Exterior – 1985, páginas 6 a 11. 
  2. Secretaría del Tratado Antártico: ats.aq 



martes, 16 de octubre de 2018

El ingreso de Uruguay como Miembro Consultivo del Tratado Antártico


A fines de 1979 Uruguay había decidido la estrategia a encarar con respecto a su posición sobre la Antártida.  La República adhirió al Tratado Antártico, dejando constancia de la reserva de derechos que pudiera corresponderle acorde al Derecho Internacional y comenzó el proceso por el que el 7 de octubre de 1985, se transformó en Miembro Consultivo del Tratado Antártico.

El ingreso de Uruguay como Miembro Consultivo del Tratado Antártico, el 7 de octubre de 1985
por Waldemar Fontes


En 1985 el Uruguay respiraba aires de renovación. El 1º de marzo de ese año, había asumido el gobierno presidido por el Dr. Julio María Sanguinetti, poniendo punto final al llamado Proceso cívico-militar que había gobernado de facto desde 1973.  En ese período, el mundo había cambiado y en la región todavía se recordaba el eco de la guerra por las Islas Malvinas y los cambios que en los países vecinos ocurrían. 

En 1975, el Instituto Antártico Uruguayo había sido oficializado y se habían realizado intensas gestiones para analizar los posibles derechos de nuestro país sobre la Antártida, en vistas a la posibilidad de ingresar al Tratado Antártico firmado en Washington en 1959. 

A fines de 1979, el Uruguay había presentado el depósito de adhesión al Tratado Antártico, dejando constancia de la reserva de derechos que pudieran corresponderle a la República, acorde al Derecho Internacional, pero aceptándose la normativa vigente. 

En los dos años siguientes, fue muy intensa la actividad diplomática y ocurrieron varios sucesos dignos de recordar, pero queremos enfocarnos en el ingreso de Uruguay como Miembro Consultivo, tomando como fuente principal al General (R ) Ricardo Galarza, que en 1985 cumpliendo funciones como Presidente del Instituto Antártico Uruguayo, jugó un rol muy importante en el proceso de negociaciones que condujeron a la aceptación del país como miembro pleno del Tratado. 


Galarza dejó varios testimonios escritos, destacándose un artículo del libro que en 2004 publicara el Instituto Antártico Uruguayo bajo el título “20 años de la Base Científica Antártica Artigas. Una historia uruguaya”, donde hizo un detallado relato del proceso que culminó con la aceptación del Uruguay como miembro Consultivo del TA. 

En 1979, se había culminado un período de análisis sobre qué posición tomar con respecto a la Antártida, considerándose tres opciones: una era reclamar territorios, ignorando el Tratado Antártico. Otra podría ser unirse a los países que proponían declarar a la Antártida como Patrimonio Común de la Humanidad y la última, adherir al Tratado Antártico y trabajando acorde a sus normas, comenzar las gestiones para convertirse en miembro pleno, opción que fue la que se implementó. 

En enero de 1980, se concretó el ingreso de Uruguay como Adherente al Tratado y entonces comenzó una etapa de definiciones. 

En 1982, se comenzó a enviar científicos uruguayos a participar en los programas antárticos de países amigos. Se visitó la Estación de los EE.UU. en el Polo Sur y se participó activamente en las campañas antárticas de Argentina y de Chile. 

En 1983 se continuó esa línea y se visitaron las instalaciones de Nueva Zelandia y se preparó el proyecto que culminó con la instalación de la Base Científica Antártica Artigas en diciembre de 1984. 

En la XII Reunión Consultiva del TA, celebrada en Camberra, Australia en 1983, se concretó el ingreso de Brasil como miembro pleno del Tratado. En la misma reunión, se supo que China Popular planeaba solicitar su ingreso también, lo que animó a Uruguay a pensar que había llegado el momento de tomar una decisión. 

El ingreso de Brasil, se había producido junto al de India, demostrando que el juego de equilibrio de poder entre las dos grandes potencias, la URSS y los EE.UU. y sus aliados, era la clave para lograr el consenso. 

La Cancillería encaró una ronda de consultas sondeando los eventuales apoyos, de donde, surgía el siguiente posicionamiento: 

Argentina venía de ser derrotada en la guerra de Malvinas y el país había ingresado en un momento de recuperación de una crisis social y económica, bajo la Presidencia de Alfonsín. Si bien la reserva de derechos planteada por Uruguay al adherir al Tratado, había causado malestar en la Cancillería argentina, el nuevo gobierno democrático no se puso a favor ni en contra. 

EE.UU. que había impulsado el programa científico de nuestro país, puso énfasis en definir la consistencia del mismo, manteniendo una posición expectante, sin manifestarse a favor o en contra. 

Francia, Rusia, Bélgica e India, mostraron una posición dubitativa, que hacía suponer una eventual objeción. Eso generó apresurados esfuerzos diplomáticos, ya que la información se obtuvo sobre la fecha de la Reunión y por contactos no oficiales. 

En la revista Jaque, del 17 de octubre de 1985, decían: “la U.R.S.S. tenía ciertas resistencias para aceptar la inclusión de China. El eventual veto soviético llegó inclusive a ser considerado como un factor de riesgo para la propia inclusión de nuestro país, desde que una resolución exclusivamente favorable a Uruguay (dejando por el camino a China Popular), hubiera debilitado algunos niveles de equilibrio que en la "tradición" del Tratado son considerados esenciales. Sin embargo la solución llegó, no descartándose por algunas fuentes la importancia que tuvo para tal fin, la entrevista que el Presidente Sanguinetti mantuviera con el Canciller soviético Edvard Shevarnadze en oportunidad de su viaje a fines de setiembre a la Asamblea General de Naciones Unidas…” 

China, que presentaría su solicitud junto a la de Uruguay, abrazó con beneplácito la iniciativa de nuestro país.  Nueva Zelandia, Noruega y Australia se manifestaron a favor de la propuesta uruguaya y Chile y Gran Bretaña fueron los dos aliados más poderosos con que se contó. 

Chile, que era gobernado por el General Pinochet, tenía muy buenas relaciones con el Presidente uruguayo Tte. Gral. Gregorio Álvarez, brindando un invalorable apoyo cuando se construyó la base Artigas y en todo el proceso que siguió, incluso al retorno de la democracia, con el gobierno del Dr. Sanguinetti. -Explicaba el general Galarza: “La posición de Chile, incondicional y efectiva, buscaría posiblemente encontrar en Uruguay un aliado que le permitiera posicionarse mejor en la región. No debe olvidarse la situación planteada con Argentina, a causa de litigios fronterizos primero y de su posición frente al conflicto de Malvinas después”. 

Gran Bretaña se constituyó en el principal apoyo a la estrategia uruguaya, destacándose el valioso aporte que significó la participación de Mr. John Heap, enviado especialmente para colaborar y asesorar a la delegación uruguaya en la preparación de todos los documentos que se debían presentar. 

Contaba Galarza una anécdota con respecto a la posición de India, que no se presentaba favorable a Uruguay, por lo que se acercó a los delegados indios argumentando sobre el excelente relacionamiento que existía entre ambos Estados, el que había permitido que observadores uruguayos contribuyeran al acuerdo de paz en la frontera entre India y Pakistán, donde el propio Galarza había cumplido funciones como observador militar de la ONU, lo que había contribuido a lograr una posición favorable a la solicitud de Uruguay. 

Pero aún queda por resolver el último obstáculo. Ya finalizando la reunión, la delegación de Bélgica propuso que se votaran por separado las solicitudes de ingreso, primero la de China y luego la de Uruguay. 

Eso podía significar que si era rechazada la solicitud de China, la que tenía algunas oposiciones, la solicitud de Uruguay también sería rechazada, pero una decidida intervención de la delegación chilena, planteó que se votara por ambas solicitudes juntas, lo que finalmente se hizo, salvando la situación que culminó con la aprobación en la XIII Reunión Consultiva del Tratado Antártico, del ingreso de Uruguay y de China Popular como Miembros Consultivos del TA. 

Esta concreción fue posible por varios factores, entre los que se destacan: El apoyo invalorable de Chile y de Gran Bretaña. La coyuntura internacional, donde influyó el destacado relacionamiento diplomático de quienes participaron de las negociaciones y además, el momento de apertura democrática que se vivía en nuestro país, factores estos que abrieron una nueva etapa al desarrollo antártico del Uruguay, transformándolo en un referente para otros países que luego presentaron su solicitud de ingreso. 

La delegación uruguaya en Bruselas, estuvo integrada por el General Ricardo Galarza y por el Dr Roberto Puceiro

Dr. Roberto Puceiro

Durante el Seminario que realizó el IAU en noviembre 2004, el Doctor Puceiro, contó que cuando estaba preparando la documentación para el ingreso de Uruguay al Tratado Antártico, tuvo oportunidad de ofrecer una charla para un grupo de niños de una institución católica. 

Contaba que los niños se interesaron mucho por el tema antártico y cuando él les contó que se iba al exterior a lograr que nuestro país fuera admitido como miembro consultivo del Tratado, una monja les dijo a los niños que rezaran para que Uruguay fuera aceptado... 

Cuando él regresó, contento con el logro de que Uruguay hubiera ingresado como miembro pleno, uno de los niños le envió un mensaje, recordándole que ellos habían estado rezando todo ese tiempo… 

La anécdota, que fue contaba por el propio Puceiro al cierre del Seminario, resultó muy emotiva para todos los presentes, porque reflejó que ese niño, a pesar de ser tan pequeño, había comprendido la importancia de que nuestro país fuera aceptado como miembro pleno del Tratado Antártico. 

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Hay mucho más para conversar sobre este y otros temas, así que para saber más sobre la Antártida y su historia, los invitamos a seguirnos el sábado próximo, en Crónicas Antárticas, por Radio Uruguay.

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Referencias

Galarza, Ricardo. “El ingreso de Uruguay al Tratado Antártico”, Tomado de la Publicación del Instituto Antártico Uruguayo “20 años de la Base Científica Antártica Artigas. Una historia uruguaya”. Distribuida en el Primer Simposio sobre actividades e investigación científica en la Antártida. Montevideo, 2004.

Prof. Dr. Roberto Puceiro Ripoll "Uruguay y el Tratado Antártico" , Tomado de la Publicación del Instituto Antártico Uruguayo “20 años de la Base Científica Antártica Artigas. Una historia uruguaya”. Distribuida en el Primer Simposio sobre actividades e investigación científica en la Antártida. Montevideo, 2004.

Semanario Jaque: “Antártida: un nuevo status uruguayo” Montevideo, 17 de octubre de 1985